El Ciervo

Madre Teresa de Calcuta: amor y sufrimiento

12.10.08 | 14:31. Archivado en Espiritualidad, Iglesia
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Joan Guasp
Escritor

Brian Kolodiejchuk es el director del Centro de la Madre Teresa de Calcuta. Este ministerio, en el seno de la comunidad de Misioneras de la Caridad, le sitúa en el mejor lugar para coordinar el libro biográfico-espiritual de Madre Teresa. Gonxha Agnes Bojaxhiu, conocida y reconocida como Madre Teresa de Calcuta, que dejó su hogar en Skopje a los 18 años para incorporarse a la vida misionera en Irlanda. Su institución se dedicaba de manera especial a la educación, y Gonxha pidió en seguida ir a las misiones de Bengala, en la India. Su juventud, su valentía y su gran fe la animaron a ello; sabía que al abandonar su familia, en aquella época, era para no regresar jamás. Entonces sólo hablaba albanés y algo de serbocroata. Es ella misma, al solicitar ser admitida como misionera, la que confiesa entender un poco de francés y nada de inglés, pero espera que Dios le ayude con el fin de empezar cuanto antes: “Sólo quiero estar en las misiones y todo lo demás lo dejo completamente a la disposición del buen Dios.”
Así empieza su aventura misionera. Es feliz. Va a dedicar su vida a lo que más desea. Escribe a su familia y les cuenta lo bien que se lo pasa. Esa vida relajada no durará demasiado. Muy pronto empezará a relatar a su director espiritual todos sus sufrimientos interiores, su oscuridad y su falta de fe. No se lo puede explicar, es algo que nunca hubiera sospechado. Sin embargo, o seguramente debido a ello, hace un voto solemne de obediencia: en lo que le quede de vida hará siempre y en todo momento la voluntad de Dios. Aún así, confiesa que ríe más de lo que sufre. Más adelante añadirá que lo más importante es sufrir y reír. La vida de la hermana Teresa es una auténtica paradoja. A ella no le importa su propia oscuridad, lo que le importa es servir, amar, entregarse completamente a los pobres.
Si ahora disponemos de toda esta información es porque sus confesores no cumplieron al pie de la letra lo que Madre Teresa les repitió: que hicieran desaparecer todas las cartas y notas en las que hablaba de sí misma. Sólo la obra es importante, yo soy nada, repetía una y otra vez. Pero ahora el padre Kolodiejchuk ha reunido todos aquellos escritos. Ella no dejaba de hacer sus votos privados pese a la oscuridad de su interior. Con permiso de su confesor los renovó constantemente, hasta que hizo el definitivo: “Hago voto conscientemente y me comprometo, bajo pena de pecado mortal, a no negar a Jesús ningún sacrificio que yo vea con claridad que me está pidiendo”. No negarle nada a Jesús, ésa fue su divisa. Mientras tanto, su gran sufrimiento íntimo, la falta de fe, no le impidieron avanzar con paso firme hacia la plenitud de su vocación, sin olvidar que “Dios ama al que da con alegría.”
Es cuando empieza a escuchar la Voz que la empuja a dar un paso más, el de la fundación de su congregación. Escuchaba un día sí y otro también aquella pregunta: ¿te negarás? Tuvieron que pasar las semanas, los meses y los años hasta que sus superiores le dijeran que hiciese lo que debía. A partir de ahí las dificultades se multiplicaron, y también el sufrimiento interior. Ella siguió su camino porque era “maravilloso ser pobre y libre de tantas cosas”. Lo que dijo a las jóvenes hermanas que iba reclutando se lo había dicho mil veces a sí misma: se debe tener una disposición radiante, alegre. Y algo muy importante para el éxito de su misión: “Jóvenes de cualquier nacionalidad, en cualquier nación que vayan, la lengua y las costumbres de esta gente tienen que ser suyas”.

(Reseña del libro: Madre Teresa, ven, sé mi luz por Brian Kolodiejchuk)


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