
Francisco Martínez Hoyos
Historiador
Fue en septiembre de 2007, en Alcalá de Henares. Nos habíamos reunido en un seminario varios especialistas para intercambiar ideas sobre la Acción Católica Española en los años 30. Entre los invitados se encontraba el director de la revista Spagna Contemporanea, uno de los máximos especialistas en nuestro catolicismo. Además, por cierto, un tipo de lo más simpático y cordial. Al acabar, Alfonso Botti, que así se llama, nos animó a crear una revista de Historia de la Iglesia. Uno de los asistentes comentó entonces que ya teníamos el cielo: ahora sólo nos faltaba el dinero. La humorada aludía a un clásico del profesor italiano: Cielo y dinero.
Publicado por primera vez hace 16 años, este estudio iconoclasta rompió moldes. Llamaba la atención sobre la derecha cuando todo el mundo se dedicaba a estudiar los movimientos de izquierda. Lo hacía, además, con una tesis provocativa: el nacionalcatolicismo, esa mezcla de fe y nacionalismo que legitimó el régimen de Franco, que convirtió a los disidentes en antipatriotas, no fue una ideología reaccionaria. Asumía el mundo moderno con su capitalismo y su industrialización, pero trataba de evitar dos consecuencias no deseadas de los cambios, la revolución y la descristianización.
Cielo y dinero rastrea sus orígenes doctrinales en la segunda mitad del siglo xix, pasando revista a sus principales representantes, desde un Menéndez Pelayo a un Ramiro de Maeztu o un Félix Sardá i Salvany. Muchos de ello vascos y catalanes, ejemplos de la respuesta más centralista y radical a los nacionalismos periféricos.
El autor impone el rigor en un campo minado por la tendencia a simplificar. Ante ciertas fuentes no resultaba fácil evitar la tentación de dibujar un panorama caricaturesco, poniendo de relieve algunas ideas extravagantes por lo rancias, pero alejándonos de la realidad. Ya no es posible, siguiendo a Weber, equiparar protestantismo a riqueza, catolicismo a subdesarrollo. El papel de los jesuitas como modernizadores de las finanzas lo demuestra.
Si en tiempos de la República el nacionalcatolicismo fue la bandera de la oposición, durante la Guerra civil legitimará la rebelión militar. Sin embargo, contra lo que pudiera suponerse, la jerarquía no aportará ideas nuevas durante la contienda. Los ejes del mesianismo redentor de la patria ya estaban trazados. Y, sorprendentemente, entre los arquitectos del edificio tenían más influencia laicos como Maeztu que cardenales como Gomá.
Los tecnócratas del Opus Dei acabarán de sintetizar “la ética católica tradicional y la ética instrumental del capitalismo burocrático contemporáneo”. Su política favoreció la modernización de los años 60, una puesta al día que no es posible entender sin referirse a las décadas anteriores. Hay que revisar, pues, la idea de que el franquismo impidió el desarrollo del país. Más que parar la historia, la dictadura ensayó una modernización alternativa a la intentada antes por la izquierda.
En poco más de doscientas páginas, Botti da una lección de cómo hacer historia científica, sin pretender vender motos. Como él mismo dice, una cosa es la apologética y otra la investigación. Nos proporciona así claves para entender la evolución de un país al que el tópico quiso más parecido a África que a Europa. En realidad, al contrario del eslogan, España no era diferente.
(Reseña del libro Cielo y Dinero de Alfonso Botti)
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Pues sí. Se prohibe buscar los restos en las cunetas. Lo han prohibido lo jueces y siguen intentando prohibirlo. Excepto si se trata de restos de romanos, franceses o gloriosos caídos
¿Pero habrían de convivir-conmorir en los cementerios la España católica y la anti-España? No. A los herejes la persecución les seguiría después de la muerte Antífrasis de un cementerio «católico» y antiuniversal, excluyente, incivil. El catolicismo tradicional español negaba sepultura a los sospechosos de morir en pecado, y separaba implacablemente a las familias creando espacios separados, algo así como un cielo y un infierno territoriales, para los supuestamente buenos y los supuestamente malos, respectivamente. La arrogancia excomulgante proseguía, inexorable, su tarea más allá de la muerte. los cementerios, aun municipalizados, seguían siendo exclusivamente para católicos, ellos son la antiespaña
Martes, 29 de mayo
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