José Sánchez Herrero
Catedrático emérito de Historia Medieval
Amo profundamente a la Iglesia católica, nada ni nadie, por el momento, me impide manifestarlo y me siento feliz y cómodo en hacerlo. Otra cosa es que sea un buen o mal católico, pero esa es otra cuestión.
Precisamente, por eso, porque amo profundamente a la Iglesia, me llena de dolor, me hace sufrir y hasta están a punto de saltarme las lágrimas cuando leo, más a menos, frases como ésta: “La jerarquía de la Iglesia católica de España es la culpable de que la emisora Cope ataque indiscriminada e injustamente a personas o instituciones” o “La jerarquía de la Iglesia católica de España es la culpable de que un periodista de la emisora Cope ataque indiscriminada e injustamente a personas e instituciones”. Pero es que esta vez, según mi modesta opinión, es verdad. Y me explico.
Estoy de acuerdo con el cardenal de Sevilla, Carlos Amigo, cuando hace pocos días reivindicaba en Roma, en la embajada española ante la Santa Sede: el derecho de todos los católicos a participar “en todas las esferas de la vida”, abogaba por “hacer oír la voz de la Iglesia” a través de la integración de los cristianos para “poder decir nuestra propia y libre palabra en una sociedad democrática, abierta y pluralista” e incluso aseguraba que la condición de católico tiene que ser “una garantía para la libertad de expresión”.
Las palabras del cardenal de Sevilla eran remachadas por las del director de L’Osservatore Romano cuando alertaba que “la única posibilidad de cambiar esta realidad es procurar mirarnos a nosotros mismos en lugar de pretender que cambien los demás”. “Los católicos debemos salir de nuestros ambientes para entrar en la cultura actual y hacernos entender tal como lo hicieron los primeros cristianos, y como lo ha hecho el Papa al incluir en su última encíclica Spe Salvi referencias a Platón y Dostoievski, símbolos culturales que todos comprenden. Ese es el reto principal que la Iglesia de hoy, también la española, tiene que asumir.”
Estas afirmaciones me mueven a tomar la pluma para manifestar: esta vez dicen verdad las quejas levantadas contra la Iglesia española. La Iglesia anuncia o debe anunciar la verdad, la Iglesia debe ser libre para poder anunciar la verdad. La Iglesia no está para pláticas piadosas, para teorías sutiles y vaporosas en las que se empleen muchas palabras y poca concreción, donde se expongan principios y no haya compromisos. Las palabras de Jesús son muy claras: “Id a contarle a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia la buena noticia”. La Iglesia, que somos todos los cristianos, debemos estar comprometidos con la verdad y su realización.
Pero también dijo Jesús: “Os doy un mandamiento nuevo, que os améis unos a otros. En estos conocerán que sois mis discípulos, en que os améis unos a otros”. Los cristianos estamos llamados a comprometernos con hechos por un mundo mejor, pero no lo podemos hacer insultando, atacando, zahiriendo, juzgando absoluta y negativamente, lo tenemos que hacer con verdad y amor. No podemos decir: “Fulano es malo, malísimo, peor que Judas Iscariote” y otras lindezas por el estilo. Hay en la Cope periodistas que expresan verdades serias, profundas, pero con educación, con respeto, a nadie le podemos negar la libertad de hacer o decir, si lo hace o dice mal, para eso están los tribunales de justicia. Y si la Cope es propiedad de la jerarquía y no pone coto a esos desmanes, tendremos, con dolor, que dar por buenas ciertas críticas que en estos días proliferan contra ella.
La Iglesia no es un partido político, la Iglesia no es socialista, ni populista ni tampoco liberal ni nacionalista. Pienso que nadie, dentro de la Iglesia y desde la Iglesia, puede defender este o aquel partido, sino tratar de enseñar la verdad y lo que en cada uno de los diferentes partidos coinciden o no con la verdad enseñada por la Iglesia que es o debe ser la verdad enseñada por Jesús.
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[viene del anterior]
aquel colegio católico al que fuí hace años donde me enseñaron a criticar a la de tres a los Estados Unidos por ser un país malísimo y me hablaban de que el materialismo dialéctico era el método de análisis de la realidad. A lo mejor eso es verdad o no, pero, ¿deberían enseñarlo en un colegio de la Iglesia Católica?. Yo también quiero echarme la siesta pero las voces esas no me dejan. Si le hacen caso a José Sánchez Herrero yo voy después.
Pidamos por la eterna siesta de José Sánchez Herrero que se reconciliará con la Madre Iglesia el día que echen a Losantos de la COPE. Su crisis de catolicismo es conmovedora. Por favor, obispos, no dejéis que se pierda esta oveja que ha dejado de oír la voz de su pastor y sólo oye a Losantos y más Losantos. Los medios "laicistas" putean y falsean a la Iglesia pero lo de la COPE es insoportable, que un periodista hable de asuntos políticos con un evidente éxito de público y que mantenga a una empresa y que le quite audiencia a otras empresas que rabian contra ese periodista, y lo peor ¡sin decir verdades profundas!, eso no hay quien lo aguante. En cambio, José Sánchez Herrero, ¡cuántas verdades y cuántas profundidades!. Una frase, una verdad; dos frases, una verdad y una profundidad. Yo me voy a sumar a esta campaña en favor de José Sánchez Herrero y voy a pedir a los obispos que cierren aquel colegio católico al que fuí hace años donde me enseñaron a criticar a la de tres a los Estados...
Copiado del blog Contracorriente. La mitad de los obispos, Rouco Jota al frente, empezaron a criticar la corrupción del PSOE. Indebido atrevimiento en quien tiene el techo de cristal. Por supuesto, su apoyo al PP se salda con la victoria electoral de ZP. Y victorias para las próximas décadas. Pero este Sebastián tiene un concepto muy particular de la mayoría. No pega un obispo propuesto por Franco, de la iglesia franquista, hablando de libertad o de moral. Están locos los romanos.
Está en juego no sólo nuestra identidad cultural, sino la salud espiritual y moral de nuestra sociedad. Estamos ante una cuestión de sensatez y de responsabilidad antropológica. Quienes quieran defender nuestra pervivencia como sociedad libre y justa, tienen que reaccionar ante esta ideología relativista y nihilista, capaz de destruir el alma y la consistencia moral de nuestra sociedad. Luego ya habrá tiempo para discutir de otras cosas.
+ Fernando Sebastián Aguilar
Martes, 29 de mayo
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