El problema de Dios
20.07.08 @ 09:35:07. Archivado en Espiritualidad, Iglesia
E. Miret Magdalena
Téólogo seglar
No son pocas las cartas o llamadas telefónicas que recibo hablándome del problema de la existencia de Dios, unos de buena fe y otros indignados porque le echan en cara a esa idea, real o figurada, que seamos las víctimas de su ira y terminan por negar lo que aprendieron en su catecismo.
Suelen ser gente sin cultura filosófica elemental, que no han aprendido lo que piensan los grandes filósofos y pensadores científicos, sino que se han conformado con una concepción infantil del problema religioso, incluso si en otras ramas del saber tienen ideas más profundas y razonables.
Hasta personas que se las dan de sabiondos teólogos desprecian estas preocupaciones reales por no haber estudiado lo que desde los más diversos puntos de vista se dice acerca de la palabra Dios, sin quedarse callados mentalmente acerca de lo que razonablemente significa, pues en principio es una palabra que escapa a nuestras ideas elementales.
Lo cierto es que hasta entrada la Edad Media no surgieron apenas pensadores cristianos que se plantearan esta importante cuestión con detalle, sino que cerraron la vista para no complicarse la existencia. Yo ya desde hace años estudié este problema y me quedé impresionado por dos ideas: una la enemiga de san Francisco de Asís contra los estudios escolásticos usuales entonces, y la otra la postura del fraile escocés el beato Duns Escoto, que pensó que no podíamos abarcar con nuestras mentes limitadas lo que era Dios, porque era infinito.
Cualquier denominación era insuficiente para abarcar su idea, y teníamos que convencernos de que no teníamos ideas adecuadas para entender el misterio divino, porque nuestras palabras eran demasiado pobres.
Ahora tenemos también otro camino para acercarnos a Dios: el empleado por los más grandes científicos premios Nobel que han hallado nuevos caminos para entender algo de lo que es Dios, y han desechado las ingenuas palabras de nuestro catecismo (que suele ser un pequeño resumen de mala teología), y las han sustituido por algo que nos eleva de nuestra pequeñez en dirección hacia ese infinito que escapa a nuestro pensamiento y donde se encuentra el lugar de paz que no sabemos definir, sino sólo sentir.
Todo esto me lo planteaba con motivo de una carta que me ha escrito, por indicación de su profesor, un alumno de bachillerato que me confiesa que no cree en Dios, y al que he recomendado mi libro ¿Dónde está Dios?, que editó hace pocos años la editorial Espasa.
Y a esto tendría que añadir la llamada por teléfono de una señora que tiene una serie de males físicos que atribuye a la acción de algún espíritu maligno, y que si ella usa algún procedimiento curativo que hoy está de moda, pero con la ayuda de algún espíritu ese procedimiento sería capaz de echar fuera de sí ese mal que la atenaza. Por supuesto que amablemente yo la disuadí de creer que andan rondando por el mundo espíritus negativos para hacer daño a los demás bajo la capa de métodos venidos de Oriente y que hoy están de moda.
Yo siempre pienso que sólo los métodos curativos basados en la ciencia pueden hacer algún bien, como se difunden por médicos serios incluso a través de la televisión, como en el programa matinal “Saber vivir”, y en el contacto con la medicina actual practicada por médicos expertos.
Yo soy partidario decidido de la ciencia, que no siempre acierta, pero que es un camino serio de curación o de conocimiento.
El mundo necesita un poco menos de palabrería, y un poco más de sentido común en todo.
Dirección para hacer trackback a este post:
http://blogs.periodistadigital.com/btbf/trackback.php/177924
Comparte esta información
Comentarios, Trackbacks, Pingbacks:
Respecto a Dios, mire si será imperfecto, pequeñito y limitado que no se le ve, no se le escucha, no se siente su presencia, no... NO EXISTE.
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Revista El Ciervo
autor
Contacto








