El patrimonio ético cristiano está disponible
11.07.08 @ 09:01:33. Archivado en Espiritualidad, Iglesia
Josep Maria Margenat
Profesor de Filosofía social en ETEA
Sobre el cristianismo cultural escribía el pasado mes de abril. Al menos en Europa no se puede identificar sin más con el cristianismo, pues hay otros cristianismos. Más allá de la contraposición, tan discutible, entre creyentes y no creyentes, es cada vez más frecuente que nos encontremos con personas cristianas que no son creyentes o lo son de una manera muy privatizada, sin ninguna referencia eclesial ni práctica comunitaria o sacramental. Estas personas afirman, sin dudar, sentirse concernidas por lo cristiano en cuanto cultura. Algo parecido ocurre con el patrimonio ético generado por el cristianismo. Hoy ése es un patrimonio disponible para muchos.
Recuerdo bien cómo, hace unos años, en el añorado Foro del Hecho Religioso, sabiamente dirigido por Gómez Caffarena y, hasta su muerte, por Aranguren, alguien reaccionaba contra el intento de definir una ética mundial común desde las religiones. Por cierto, no tengo respuesta a la interpelación de García Santesmases en Iglesia Viva: “Los jesuitas españoles tendrán un día que explicar cómo permitieron la desaparición de un centro de investigación como Fe y Secularidad”. Es cierto, las religiones no tienen el monopolio de la ética, ni siquiera todas juntas, pues hay personas (a quienes convencionalmente llamamos “no creyentes”, pero ellos no son “no creyentes”, simplemente no creen en quien o en lo que algunos creemos) que tienen un patrimonio ético y realizan una búsqueda ética. El patrimonio ético generado por el cristianismo también les pertenece. No nos pertenece en exclusiva a los cristianos. Es normal que sea así y a nadie debería extrañar.
Cuando Benito XVI afirmaba en su encíclica sobre el amor, que el cristianismo debe orientar la lucha por la justicia pretendía influir legítimamente en la orientación ética de la sociedad. Al aportar esta orientación válida para todos, el cristianismo, y a fortiori la Iglesia católica, saben que no toda su pretensión va a ser recibida de la misma forma, ni con la misma profundidad. La Iglesia puede tener una palabra penúltima, pero desde el momento en que aporta desde el diálogo sus orientaciones, sabe que la última palabra no le corresponde. En cierta manera el cristianismo se vacía de sí mismo, de su orientación ética, para ofrecerlo a los demás. Creo que esto es lo que afirmó Adela Cortina en Alianza y contrato (2001): el cristianismo ha “muerto de éxito” en Europa. Muchas de las grandes realizaciones de la modernidad europea, que yo hago comenzar en el siglo xiii, tienen su origen en el cristianismo, en ese patrimonio engendrado o ayudado a dar a luz en el hogar cristiano. Hoy, al menos en occidente, muchos de los valores que orientan nuestra vida ya no son reconocidos como propios del cristianismo por una sociedad culturalmente poscristiana y plural. El historiador y antropólogo jesuita Michel de Certeau habló, para las creencias, de “croyable disponible”. Nosotros podríamos hablar de “patrimonio ético disponible”. Muchos europeos se consideran poscristianos o incluso cristianos no confesionales, por lo que no reconocen autoridad a la comunidad eclesial sobre el patrimonio que pertenece a todos. Por otra parte, ¿con qué legitimidad podríamos presentarnos en la plaza pública a definir lo que ha dejado de pertenecernos?
Esto lo aceptamos sin gran dificultad, pero el problema surge cuando alguien propone con fuerza –a veces incluso quiere imponer– algún argumento como éticamente cristiano, vinculante para todos. Muchos, sin embargo, piensan que lo propio, esencial y específico de la fe cristiana es la mística, es decir, la experiencia honda y duradera de Dios. Alguien incluso llegó a decir que los cristianos del futuro seríamos místicos; con lógica germana concluyó que, si no lo éramos, no podríamos sostenernos como cristianos. Como lo dijo hace 40 años, aquel futuro es ahora y esos cristianos somos nosotros. Ser cristiano es hacer la experiencia de Dios en el encuentro con lo real, desde una disciplina de conversión y libertad; ¿no es esto ya un programa más que suficiente para los cristianos? ¿Podemos, además, pretender tener una palabra decisiva para orientar normativamente el comportamiento ético de todas las personas? La ética es, para muchos, entre los que me incluyo, una cuestión secular, humana y social que a todos incumbe. La ética es autónoma. Nadie puede pretender, desde fuera de la realidad humana y de nuestra conciencia, tener una palabra que nos oriente y suplante la búsqueda humana: no hay autoridad humana, de ningún tipo, que pueda imponer una orientación ética heterónoma, ajena a la condición humana. Nadie nos puede ahorrar nuestras búsquedas, comunes a los hombres de nuestro tiempo. Dicho en pocas palabras: lo cristiano es una mística, no una ética.
¿Queda resuelta la cuestión? No. Habrá que volver sobre la paradoja que representa la autonomía moral de los cristianos, mantenida con fuerza, pero no opuesta a una referencia teónoma, pues ésa es la posición cristiana. Sin embargo, si no queremos negar otro aspecto de la realidad que también es importante, hemos de reconocer que existe un patrimonio ético que tiene origen cristiano, es decir, ha sido generado en comunidades, instituciones, movimientos, que se inspiraron en el patrimonio evangélico. Demasiadas preguntas a las que añado otras: ¿somos los cristianos como los demás, en la administración de ese patrimonio disponible?, ¿no conocemos, acaso, mucho mejor su código genético y no tenemos mayor familiaridad con él y más capacidad de interpretarlo?, o justamente lo contrario, ¿no nos limita fuertemente esa familiaridad para una interpretación secular de ese patrimonio en una sociedad pluralista?
Dirección para hacer trackback a este post:
http://blogs.periodistadigital.com/btbf/trackback.php/177923
Comparte esta información
Comentarios, Trackbacks, Pingbacks:
Aún no hay Comentarios/Trackbacks/Pingbacks para este post...
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Revista El Ciervo
autor
Contacto








