Joaquim Gomis
Escritor
El tema de la providencia me sumerge en hondos interrogantes. Aunque pienso poco en él. No creo en una providencia que resuelva nuestros problemas. Pero sí me sale, en ocasiones, pedir su intervención (no para mí, sí para quienes más lo necesitan, desde su pobreza o dolor). Quizá lo hago cada vez menos: no por desconfiar de él sino por respeto. No vale cargar responsabilidades que son nuestras.
Y me acojo –intento acogerme– cada vez más al ejemplo de Jesús. No cargó responsabilidades en el Padre para que resolviera sus problemas. Tenía su tarea a realizar él, no como ejecutor de órdenes superiores. Aunque también a él, en ocasiones extremas, le saliera suplicar su ayuda. Pero, sea como sea, sin esperar soluciones. Más como expansión personal. Diría que incluso Jesús no veía claro qué significa la providencia. Y la conclusión es que nadie lo ve claro.
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La Providencia estaba mucho más clara cuando el crucificado se amparaba, en todas las paredes de España, entre Franco y Jose Antonio. También era clara entre los crímenes que la iglesia apoyaba en Chile o Argentina. La democracia es más antigua que la iglesia
Martes, 29 de mayo
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Asoc. Humanismo sin Credos
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