
Josep Maria Margenat
Profesor de Filosofía social en ETEA
Me gustaría descubrir los demonios que habitan en las almas de los cuatro grandes cosmos políticos españoles. Pero creo que no seré capaz. No me atrevo con los demonios democristianos; sólo pueden descubrirse y expulsarse con mucho ayuno y penitencia, pero estamos en Pascua. Los nacionalistas, si es que no están muy mezclados con los anteriores, son muy claros para los demás y totalmente invisibles para ellos, así que no sería interesante casi nada de lo que se pueda escribir. No me olvido de la izquierda radical, así la suelo llamar pues mantiene, contra toda esperanza, su crítica radical, incluso radicalizada, al sistema capitalista, en lo que ciertamente se hace digna de admiración, en concreto de la mía, pero no está llena de demonios, pues éstos sólo habitan para engañar allá donde hay poder y vanidad. Algún día habrá que escribir sobre los demonios de los verdes, altermundialistas y anarquistas (¡ay el viejo anarquismo español agazapado en el izquierdismo y en el cátarocristianismo!), pero por ahora sólo voy a escribir sobre los demonios liberal-conservadores y, este mes, sobre los demonios socialistas.
Los lectores ya habrán sospechado que no me refiero a los buenos militantes socialistas (ni tampoco a los malos), sino a los espíritus enemigos de la naturaleza humana que pueden pasearse en el cosmos socialista y que engañan a los cristianos socialistas. Estos, los cristianos que identifican su opción política con el movimiento y tradición socialistas, se ven continuamente asaltados por tres demonios con apariencia diferente: el demonio “correveidile”, el demonio “juntos-somos-más” y el demonio “sólo-si-me-quieren”.
“Correveidile” es cristiano y cree en la convergencia de proyectos entre el socialismo como corriente histórica y el cristianismo como religión, pero sigue confiando en la alianza desde las alturas, en el diálogo entre poderes; por eso se hace representante de los católicos dentro del PSOE, aunque sólo el partido le ha nombrado, y se ofrece a llevar a la Iglesia jerárquica la palabra del partido; evita conflictos, suaviza otros, negocia. Hace bien, trabaja con buena intención y con algunos resultados, pero se equivoca si cree que ésta es la forma de avanzar en el diálogo hacia nuevas mayorías históricas, hacia mayorías sociales de cambio, hacia hegemonías culturales, hacia el proyecto histórico de emancipación, porque vive preso de las rutinas y de los horizontes del partido y del poder.
El demonio “juntos-somos-más” tiene otra visión del problema. No pone toda su confianza en representar al partido ante la Iglesia, ni en ser el defensor de la negociación por encima de todo; este demonio tiene un verdadero proyecto político de masas y de convergencia de sueños emancipadores, pero reduce el cristianismo a liberacionismo o evangelismo y, desde esa imagen reducida, convierte a aquél en un factor que suma fuerzas para el cambio histórico necesario. El demonio “juntos-somos-más” ve con toda claridad que el cristianísimo es de izquierdas y por eso sólo le interesa del cristianismo lo que aporta mayoritariamente a la causa de la izquierda, pero ignora que el cristianismo no es sólo de izquierdas y que hay muchos cristianos que legítimamente no se sitúan en la izquierda.
Por último el demonio “sólo-si-me- quieren” reduce el cristianismo a lo que progresistamente es aceptable y amable, de manera que lo cristiano se reduce a una vaga e inocente aportación espiritual al proyecto ilustrado que es presentado como la norma de lo auténticamente socialista. Lo cristiano es recibido en la medida que es aceptable por el canon progresista.
Estos tres demonios secuestran lo diferencial cristiano, nunca asimilable por un movimiento histórico, y reducen a los cristianos a los negociadores de los poderes mundanos, a los compañeros de viaje (sólo los cristianos evangélicos) o a los progresistas, únicos cristianos auténticos. En los tres casos los demonios acaban engañando a los ingenuos cristianos socialistas. Esa es la tarea del demonio, sólo esa: engañar. Cuando el demonio ya los tiene controlados, esos cristianos no pueden aportar al socialismo la fuerza originaria del evangelio, ni la pertenencia corporal eclesial, ni la audacia profética, ni la instancia crítica de todo ídolo (es decir de todo poder). Al fin y al cabo, como dijeron José Bergamín o Lorenzo Milani, cada uno en su contexto, con los comunistas juntos hasta la muerte, pero no más allá. (El cura de Barbiana decía que estaría con los comunistas hasta que tomaran el poder, pero luego sería con ellos tan crítico como lo era con los democristianos.) En otro momento habrá que escribir sobre los ángeles socialistas.
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La iglesia española, años de crímenes franquistas, represión, censura. Se ha formado con violencia. No esperarán una aceptación como en Francia o Inglaterra.
Me entristece mucho este artículo. La labor que está haciendo este grupo tanto con unos como con otros merece un monumento, tanto desde el punto de vista político como intelectual. La pena es que en nuestra era de la información estemos tan desinformados. Conociendo a JM Margenat espero que no tarde el artículo sobre los ángeles socialistas.
También me pregunto qué pensaría Milani de este ataque no sólo a los socialistas, sino a Cristianos Socialistas.
Martes, 29 de mayo
Alejandro Córdoba
Desiderio Parrilla Martínez
Asoc. Humanismo sin Credos
Manuel Mandianes
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Francisco Baena Calvo
Julián Moreno Mestre
Martín Gelabert Ballester
José Antonio Pagola