El Ciervo

La fe de nuestros padres

12.03.08 | 09:40. Archivado en Espiritualidad, Iglesia
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Reseña realizada por: Joan Guasp

Hay que leer este libro. En él su autor nos muestra su refinada percepción del mundo desde el punto de vista de un observador atento al devenir de nuestra historia. Puig aprovecha su experiencia personal para desarrollar su pensamiento y su elegante disección de la época que le ha tocado vivir.

Empieza por su niñez y adolescencia, allá por las décadas de los cincuenta y sesenta, fumando Chesterfield –tabaco rubio, casi nada– y asistiendo a las clases de un colegio privado de su ciudad natal, Palma de Mallorca. Es cierto que no todos hemos pasado por las mismas circunstancias, pero muy cerquita estábamos de ello. Porque a lo que se refiere Valentí Puig, es a la relación que nuestra sociedad, y más extensamente el mundo occidental, ha mantenido con la Iglesia.

Con la Iglesia católica, apostólica y romana, por supuesto. No en vano el subtítulo del libro es Una reflexión católica para el siglo xxi. Y de eso se trata, aunque partiendo de lo que ha sido y sigue siendo el catolicismo actual. Lo resume muy bien el autor en el primer párrafo del primer capítulo: “Nada queda fuera de la universalidad de la Iglesia, si la aceptamos como es y sabemos a la vez cómo debiera ser. Ése es uno de los mayores actos de humildad que nos reclama el catolicismo, y a la vez es una recompensa inesperada porque al aceptar la Iglesia tal como es, sabemos algo més de lo que somos nosotros, en la medida en que finitud e imperfección son elementos de toda existencia humana”.

Así que se trata de contemplar la realidad desde fuera y desde dentro, por supuesto, cosa que puede hacer con toda la calma del mundo Valentí Puig desde su ejercicio vital. Recuerda varias veces que lo suyo es un reaprendizaje de la fe. Él estaba dentro, se salió, y luego volvió a entrar. Nos describe las tres secuencias de su periplo personal, pero lo hace como motor y soporte de las múltiples reflexiones que ha ido acumulando en este ya largo viaje. Debido a ese estilo narrativo y memorialístico del protagonista, que es el propio autor, podemos acceder con más facilidad a las secuencias que le suceden.

No podemos dejar de lado el estilo literario del libro. Sin su excelencia, puede que algunas de aquellas secuencias nos parecieran demasiado indigeribles. Pero Puig tiene mucho oficio en este terreno, y ahora puede aplaudir y a continuación condenar, sin cambiar de voz ni de tono. Es así que va transcurriendo su narración: a veces con imputaciones contundentes, y a veces con celebraciones y vítores.

En el primer apartado tenemos que situar el espinoso tema del relativismo, que analiza con gran precisión en el capítulo 7, aunque se nota que se deja muchas cosas en el tintero, pues uno se queda con las ganas de saber más y de que se le explique con profundidad el asunto. El tema de este capítulo sería motivo, por sí solo, de otro libro que el propio autor debería escribir.

En el segundo apartado, el de los vítores, está el recuerdo de la fe que se vivía en su infancia y juventud, sin que se tiña la lectura de nostalgia por el tiempo pasado ni de añoranza por un tiempo mejor, sino que todo está explicitado con mucha sencillez y naturalidad. También está el rendido homenaje a la figura de Juan Pablo II, firme y contundente, aunque sin elogios desmesurados ni fuegos de artificio. Valentí Puig tiene la suerte de saber decir todo lo que dice y de saberlo expresar con palabras justas, alejadas de altisonancias sin contenido. No intenta convencer de nada a nadie y, sin embargo, contagia lo que nos está diciendo.

1 comentario


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Comentarios
  • Comentario por dotrifaldi 14.03.08 | 17:40

    10 millones de españoles no son capaces de superar el pasado. Queremos una derecha europea que se aleje de la iglesia en las leyes del divorcio, aborto, eutanasia. Puedes acomodarte al franquismo catolicismo, pero no te llames liberal ni demócrata. Pesan 40 años de censura eclesiástica, pero hay que tener responsabilidad. Dentro de 4 años 10 millones seguirán siendo menos que 11 millones.

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