
Pere Lluís Font
Filósofo
La Iglesia vista por los laicos: qué conservarían, que añadirían y qué suprimirían de esta institución.
Respondo a las tres preguntas a la vez y no a cada una en particular, lo cual viene a ser una enmienda a la totalidad del cuestionario. Pienso que no se trata tanto de conservar, añadir o suprimir cosas como de aspirar a una auténtica mutacion de la Iglesia para que sea realmente una comunidad de discípulos de Jesús y represente algo distinto para nuestro mundo.
Parto del supuesto de que en la Iglesia casi todo hubiera podido ser distinto si las contingencias históricas y culturales hubiesen sido otras en el ámbito geocultural en que se ha desarrollado, y con más razón todavía si se hubiese expandido sobre todo hacia Oriente en vez de hacerlo hacia Occidente. Y, sin embargo, por hipótesis, aún tendríamos la misma fe.
Dicho de otra manera, pienso que hay en la Iglesia demasiadas cosas que pretenden ser “de derecho divino”, cuando en realidad son fruto de la historia. Lo cual no significa que sean necesariamente negativas, pero hay que ser leales con la historia.
Lo conservaría casi todo, pero debidamente revisado y transformado. Puestos a “suprimir”, desearía que dejase de ser una estructura de poder, que dejase de ser un Estado de este mundo (con sus nuncios como embajadores), que dejase de ser administradora del miedo (miedo al infierno, en última instancia), que dejase de culpabilizar indebidamente a la gente, que abandonase el aspecto mundano de algunas de sus instituciones (por ejemplo, de la cardenalicia), que aligerase sus pesadas estructuras haciéndolas más funcionales.
Y puestos “añadir”, desearía que descongelase los problemas actualmente hibernados (el papel de la mujer, la elección de los obispos, la pastoral de los divorciados, la disciplina del celibato, la penitencia comunitaria), que respetase mejor los derechos humanos en su interior (además de predicarlos hacia el exterior), que tuviese más capacidad de discernimiento y supiese reconocer todos los carismas, que estuviese más con los pobres y no hiciese el juego a los poderosos, que fuese realmente un espacio de libertad y de fraternidad, de celebración gozosa de la fe y de la esperanza y de invitación al seguimiento de Jesús.
Martes, 29 de mayo
Alejandro Córdoba
Desiderio Parrilla Martínez
Asoc. Humanismo sin Credos
Manuel Mandianes
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Francisco Baena Calvo
Julián Moreno Mestre
Martín Gelabert Ballester
José Antonio Pagola