Diez deseos para un cambio en la iglesia
06.08.07 @ 14:24:26. Archivado en Espiritualidad, Iglesia
Juan Fernández de la Gala
Médico
1. Por una Iglesia más respetuosa con cada una de las culturas donde el cristianismo se ha encarnado, una Iglesia que entienda la importancia de inculturar las celebraciones de la fe a través de la lengua, los símbolos y los gestos propios de cada una de ellas.
2. Por una Iglesia promotora de un nuevo diálogo interconfesional e interreligioso, construido desde presupuestos de igualdad. Queremos una Iglesia que reconozca que sí es posible la salvación fuera de ella, porque el Reino de Dios es un concepto mucho más grande que la Iglesia, porque Dios es más grande que la propia Iglesia. Nuestra Iglesia, que no es depositaria de la única verdad, deberá asumir este diálogo con esa humildad constructiva de la que tan pocas veces ha dado ejemplo. Deberían darse pasos decididos para garantizar la reconciliación con protestantes y ortodoxos, que deberían ser recibidos en la gran comunidad eclesial, reconociendo y respetando expresamente sus peculiaridades y su historia.
3. Por una Iglesia más respetuosa con el trabajo científico, como medio del que Dios se vale para completar su creación y ponerla en las manos del hombre. Nuestra Iglesia debería promover un diálogo con la ciencia, bajo nuevos presupuestos de igualdad y colaboración, estableciendo como único límite del desarrollo científico la propia dignidad del hombre y proponiendo (no imponiendo) su propia reflexión ética al respecto. Es la calidad y la autoridad de los argumentos y no el peso de su poder el que la Iglesia debe hacer sentir en este terreno. Y es la luz de su doctrina, y no el calor de sus condenas, la que debe abrirse paso en la conciencia de los hombres y mujeres. Como creyentes, echamos de menos una actitud más agradecida hacia la actividad científica, que ha logrado mejorar muy significativamente el nivel de vida y salud de los pueblos. La nueva antropología, surgida de los avances de la biología, remite a una nueva concepción del hombre y de lo humano. Y esto obligará probablemente a redefinir conceptos y abrirá nuevas cuestiones éticas. La Iglesia no está llamada a negar la novedad, sino a reflexionar sobre estos nuevos retos y a actualizar el mensaje intemporal de salvación que contiene en Evangelio.
4. Por una Iglesia más respetuosa con el medio ambiente, abanderada de la lucha por un planeta más habitable. Actitudes insolidarias, derrochadoras e irresponsables en nuestro modo de utilizar los recursos del planeta, deberían considerarse expresamente desde la Iglesia como situaciones de pecado, es decir, contrarias al proyecto dignificador de Dios. Se debería exigir de los cristianos y de su Iglesia una actitud ética de compromiso no sólo con las futuras generaciones, sino con quienes sienten los efectos de un desarrollo devastador cuya medida no es el hombre ni su dignidad, sino el beneficio inmediato de unos cuantos.
5. Por una Iglesia más comprometida con los pobres, con los marginados, con los olvidados, con los que no tienen voz. La voz de Roma debería ser la conciencia solidaria de Europa y del mundo. El capítulo 25 del evangelista Mateo contiene un mensaje radicalmente revolucionario que no parece que hayamos sabido asumir en todo su compromiso: los pobres, los desplazados, los excluidos, los despreciados, las víctimas, los silenciados, los desprovistos de todo derecho, constituyen la imagen viva de Cristo ante nosotros. Son ellos, los crucificados del mundo y de la historia, los que actualizan la propia crucifixión de Cristo en la Jerusalén global de hoy. Y, por tanto, son ellos los que nos evangelizan con su vida y a los que debemos una atención preferente. De forma inequívoca, debe ponerse de parte del crucificado.
6. Por una Iglesia más respetuosa con la mujer, que tiene que empezar a ser incorporada a las estructuras eclesiales de responsabilidad y decisión, en plena igualdad con los hombres. Ya en su tiempo, Jesús de Nazaret rompe expresamente con numerosos preceptos religiosos de carácter misógino, dejando en evidencia que su mensaje liberador no admite ningún tipo de discriminación, y mucho menos de género. Fueron precisamente las mujeres los primeros testigos de la resurrección de Cristo en la comunidad de los apóstoles y la presencia femenina en el germen eclesial de Pentecostés resulta innegable. La misoginia eclesial es un escándalo y carece de justificación.
7. Por una Iglesia más respetuosa con la sexualidad, que ha sido torpemente considerada como pecaminosa y generadora de culpa. Los matrimonios cristianos pueden aportar mucho a esta nueva visión de la sexualidad, como medio humano de expresar libremente el afecto entre las personas, en un clima de responsabilidad y de respeto. Asumir esta nueva visión exige replantearse la cuestión del celibato sacerdotal y convertirla en una opción personal, que podría coexistir, en sana lógica, con la posibilidad de ordenar a personas casadas. Exigiría igualmente replantearse el empleo responsable de los medios anticonceptivos, que la ciencia pone a nuestra disposición. Y exigirá, por último, valorar los nuevos tipos de relación familiar que están surgiendo y, en lugar de negarlos condenatoriamente, ver el modo en que el amor de Cristo se materializa también en ellos.
8. Por una Iglesia más respetuosa con la propia pluralidad eclesial, que constituye siempre una riqueza y un don, aunque a veces pueda resultar desconcertante. La autoridad de la Iglesia no reside en la uniformidad de criterio y pensamiento que puedan imponerse desde arriba, sino en la comunión y en la participación de todos los fieles, reconociendo la diversidad de carismas como un patrimonio al servicio de la Iglesia. Los pastores están obligados, no sólo a palpar el pulso del Espíritu en la intimidad de su corazón o en la colegialidad de sus decisiones, sino a buscarlo también en el sentir de la comunidad a la que sirven.
9. Por una Iglesia que pudiera ser ejemplo de diálogo constructivo, alejada de la cerrazón y de actitudes integristas. No estaremos en condiciones de condenar con credibilidad ningún tipo de integrismo religioso si no abandonamos nosotros esas actitudes que, vistas en otros, nos resultan tan fáciles de detectar y condenar. Será preciso reconocer abiertamente que ha existido un verdadero terrorismo espiritual de la Iglesia católica, basado muchas veces en manejo psicológico del terror al infierno, en la exacerbación de la culpa y en la amenaza de condenas, excomuniones o silenciamientos ante el menor desvío de la ortodoxia.
10. Por una Iglesia capaz de aportar al mundo desesperanzado de hoy un mensaje de esperanza: la esperanza que nos suscita un Dios que, sobre todo, es amor y es perdón. Será preciso, pues, abolir de modo expreso las actitudes catastrofistas y las soflamas condenatorias y ofrecer al mundo palabras y gestos sencillos, que sean capaces de revelar a todos el amor comprensivo del Padre, el rostro cercano de Cristo, y el aliento vivificador del Espíritu.
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por si pudiera interesar a alguien.
Saludos de nuevo.
Va siendo hora de que la respeten a Ella, no crees?.
La Iglesia siempre ha aportado un mensaje de esperanza, pero nosotros, aceptamos este mensaje?
Josep
La Iglesia no es lo importante, lo importante son los seres humanos: La gloria de Dios es es hombre realizado (San Ireneo, Padre de la Iglesia)
Desde la alejada Colombia, le comjnico que me identifico con Ud.
Pero nuestra voz caerá siempre en oidos sordos...
Nuestro fundamentalismo, impedirá siqueira opinar... ya ve Ud. los comentarios que se gana uno cuando hace uso del intelecto...que el propio Dios nos dió a todos...
Comparto sus 10 puntos,
Cuando me posesioné como miembro de numero de la Academica Eclesiástica de Colombia presenté los 7 puntos que debe reposicionar una marca denominada IGLESIA CATOLICA...( mi trabajo es asesoráis en Marketing empresarial, soy sociologo y psicólogo... Y CREO QUE DEBO OPINAR hasta mi muerte por poner un granito de arena que me lo debe juzgar la Historia y Dios, no nuestros fundametalistas correligionarios)
Gracias a mis compañeros no fuí cuestionado, pero hubiera podido serlo...
Que cerca estamos de la Religión y que tan lejos de los Valores y la Espiritualidad.
No, ¿verdad?
Pero sin embargo, da sabor a las comidas, que sin la misma están sosas.
Pues la Iglesia de Cristo debe de ser SAL. Es decir, al mundo, en el sentido bíblico del término, no le puede gustar "el sabor" de la Iglesia. Si la Iglesia se convierte en azucar, deja de cumplir la función que Dios ha determinado para ella.
O entienden ustedes eso, o no saben en qué consiste eso de ser cristiano. Al fin y al cabo, la misión del Espíritu Santo, según el propio Cristo, es:
Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado.
(Jn 16,7-11)
Como v...
El integrismo, el miedo al cambio necesario y la fijación definitiva en determinadas etapas de la historia de la Iglesia, como la Edad Media, le han hecho un daño tremendo a esa iglesia llamada Católica.Si es verdad que el Espíritu sopla donde quiere, tiene mucho trabajo para cambiar todo ese tinglado llamado curiosamente con el apellido católico pero sin el nombre previo de cristiano.
Lo que se tiene que esperar de la Iglesia es que defienda las posiciones más conformes al evangelio y a la naturaleza del hombre sin ningún miedo a quedarse en la minoría.
Un ejemplo: el uso de los anticonceptivos forma parte de la cultura de la muerte. La prueba es que en todos los países cuando se multiplica su uso se multiplica también el número de abortos.
En cuanto a la opción por los pobres: ¿qué proporción de sus ganancias dedica usted a echar un cable a los pobres? ¿Llega al 10% recomendado por la Santa Escritura?
Es más, deje usted de hablar de LA Iglesia, que en el fondo suena a excluyente, y refiérase a ella como "mi Iglesia" (aunque el "mí" en su caso es un decir) o, mejor aún, "la iglesia papista y jerarquizada", que le quedaría más en consonancia con su forma de ver las cosas.
Ah, y déjese también de mandangas y abogue por la experimentación abierta y sin tapujos con embriones humanos. Al fin y al cabo, ya sabe usted que un embrión es un montón de células y nada más, ¿a que sí?
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