Debates religiosos en Italia
27.02.07 @ 16:09:48. Archivado en Iglesia
Toni Comín
Diputado del Parlament de Catalunya
En la izquierda italiana, se intercalan estos días dos debates complementarios, tan necesarios como apasionantes. Por un lado, está el debate de los intelectuales y los filósofos a propósito de la ofensiva ratzingeriana contra el relativismo. El día antes de su entronización, el nuevo Papa se estrenó clamando contra el mal de nuestro tiempo: la falta de valores, que mina los fundamentos culturales de la sociedad occidental. Lo malo de su discurso –que nadie niega que tenga su parte de verdad– es su diagnóstico y su propuesta de solución.
¿Cuál es, para él, el responsable de lo que considera una preocupante deriva nihilista? En principio, el relativismo sería lo propio de la posmodernidad y su negativa a reconocer ningún tipo de verdad moral. Sin embargo, al final la crítica ratzingeriana se dirige a la línea de flotación de una modernidad que ha construido la razón (la ciencia) y la libertad (la ética) desde la autonomía respecto el cristianismo. Así las cosas, una libertad sin Dios, se pierde necesariamente. Por eso, para él la posmodernidad no sería una reacción antimoderna, una crítica a los excesos del racionalismo, sino el verdadero rostro de la modernidad.
Otras veces parecería que cuando el Papa clama contra el relativismo está criticando la cultura materialista típica de nuestras sociedades capitalistas. En una sociedad sin Dios, el dinero y el consumo se convierten en los únicos dioses. He ahí una carga de profundidad contra los valores inventados y exportados por la sociedad occidental, y contra la conversión del capitalismo, ya no en pensamiento único, sino en “religión práctica universal”. Sin embargo, demasiado a menudo ha asociado Ratzinger el relativismo con multiculturalismo, en un rechazo a poner todas las culturas y todas las religiones en un plano de igualdad, en esta nueva Europa de la inmigración. Recordemos la triste disertación de Ratisbona. ¿Es pues el ataque al relativismo un rechazo al consumismo occidental o una defensa de la superioridad de los valores occidentales, siempre y cuando estos se identifiquen con los valores del cristianismo?
Por último, el dardo moralizante del Papa parece dirigirse contra una cultura que ha roto con la visión tradicional de la familia y defiende el matrimonio homosexual, ya no rechaza el divorcio, abre con cautela el debate sobre la eutanasia o no quiere barrar, sin más, la investigación científica con células madre. Ratzinger emerge, ahí, como el defensor la visión tradicional de la familia y nos recuerda lo que es pecado y lo que no en el campo de las relaciones humanas.
Al final, diríase que Ratzinger, cuando clama contra el relativismo, acaba haciendo, no sabemos si voluntariamente, un totum revolutum en el que todo cabe: la modernidad y la posmodernidad, el consumismo capitalista y el multiculturalismo, la libertad sexual y las otras religiones. ¿Cuál es, ante tal catástrofe moral, ante tanto peligro asediando desde tantos frentes distintos, la salvación espiritual de nuestra sociedad? De hecho, la respuesta es muy sencilla. El cristianismo es, dice el Papa, la religión verdadera. Sólo en ella se revela plenamente la verdad de Dios, en tanto que realidad amorosa que crea el mundo y lo salva. Siendo así las cosas, la libertad (la razón práctica) se tiene que dejar guiar por la fe (esto es, por su interpretación vaticana).
Lo preocupante de este planteamiento es que parece que para Ratzinger el cristianismo sea el núcleo último de identidad de Occidente. La solución es, pues, una recristianización de Occidente: unas democracias liberales que se dejen guiar por la moral católica (oficial). ¿Qué ocurre, pues, con la secularización, la laicidad y la separación de trono y altar que la modernidad ha tardado cinco siglos en conseguir? ¿Es el ratzingerismo un neoconfesionalismo, a la vez posmoderno y medievalizante? ¿Qué ocurre, en segundo lugar, con el resto de civilizaciones cuya identificación religiosa está lejos, muy lejos, del cristianismo? ¿Hay en el ratzingerismo un amago de recreación cultural (y, en este sentido, pacífica) de la teoría del choque de civilizaciones?
Comentarios:
Lo que demuestra la Iglesia actual es que tiene un sinfín de "soluciones" sobre todo morales, pero no valores. Si no tendría más flexibilidad mental.
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