26.01.10 @ 11:02:12. Archivado en Espiritualidad
William J. O’Malley SJ
SalTerrae , Santander, 2009
El autor cita una frase del psicólogo William James, que resume lo que en cierta manera podría ser, y efectivamente es, el contenido de este libro: “Si el mero hecho de sentirse bien resultara decisivo, la ebriedad seria la experiencia humana más válida”. Tiene razón O’Malley al tratar el tema de este pequeño y sabroso libro de reflexión personal sobre la vida del ser humano, de todos los que tenemos la capacidad de leer y pensar sobre todo aquello que nos está ocurriendo a nosotros y a nuestro alrededor. ¿Y cuál es este tema central del libro? Sin duda, el del sentido de la vida, el de la fe, el de la conducta personal, el de averiguar qué estamos haciendo aquí y porqué.
>> Sigue...
|
24.01.10 @ 10:48:05. Archivado en Espiritualidad

Ana María Schlüter Rodés
Ana María Schlüter Rodés (Barcelona 1935) vivió en Alemania durante la Guerra civil española y la Mundial y desde 1949 de nuevo en Barcelona. En1958 marchó a Holanda, con las Mujeres de Betania, trasladándose en 1966 primero a Madrid y luego a Castilla, dedicada al ecumenismo y actividades sociales, y en 1986 a Brihuega (Guadalajara), donde ha fundado Zendo Betania. Aparte de artículos en diversas revistas, ha publicado El camino del despertar en los cuentos (Madrid, 1997), Mística Oriental y mística cristiana (Santander, 1999), Biografías de maestros Zen (Brihuega, 2000), Guía del caminante (Brihuega, 2003), Luz del alma, el tesoro escondido en los cuentos (Madrid, 2004), La Palabra desde el silencio (Brihuega, 2005), El verdadero vacío, la maravilla de las cosas (Brihuega, 2008), así como algunas traducciones de H.M. Enomiya-Lassalle SJ y Yamada Kôun Roshi.
>> Sigue...
|
22.01.10 @ 10:44:43. Archivado en Espiritualidad

Josep Maria Margenat
‘Si apenas hay ya cristiandad, en cambio sí hay cristianos. Cristianos escogidos; que preparan el futuro en secreto. El hecho de que haya en cada una de nuestras clases de humanidades, en cada uno de nuestros auditorios universitarios, algunos creyentes fervorosos, que tienen una vida espiritual infinitamente más exigente que la de nuestros padres en la fe (me refiero a los del siglo XIX), constituye una esperanza y una alegría. La apostasía planetaria de los conjuntos sociales se compensa con el vigor de la fe de los grupos selectos”. Esto escribía Charles Moeller a mediados de 1953. Así comenzaba el prefacio de su monumental Literatura del siglo xx y cristianismo. Lo releí el día de comienzo de curso, pensé en los alumnos christiani absconditi con quienes me iba a encontrar aquel día.
Desde hace años me interesa comprender la debilidad de la fe de los cristianos en el siglo xx, un siglo que también ha sobresalido por auténticos mártires y conversos, aunque al final predomina la oligopistía, la debilitada y poca fe. ¿Por qué ese debilitamiento? 56 años después, la apostasía planetaria no parece disminuir; las “creencias” ya no están de vacaciones, la religión ha vuelto, esta vez para quedarse. Sin embargo, la pregunta nos acucia: ¿quedan creyentes cristianos?, ¿somos los últimos?, ¿está sólo muriendo una forma histórica de cristianismo? Aún no lo sabemos.
Parece que junto a una fe más intensa, una creencia más personal, lo que ha venido ocurriendo en los últimos decenios ha sido diferente a lo que previó Moeller. Hemos entrado en un proceso acelerado de pérdida de significación, de progresiva irrelevancia de la fe cristiana realmente vivida. De la irrelevancia surgen las reacciones obsesivas, compulsivas diría, por afirmar la identidad, las identidades.
Pero las reacciones identitarias no pueden ocultar la invisibilización cristiana, antes bien refuerzan el “marco mental” de la pérdida de significación que tanto agitan. Estamos de retirada, el fermento no se ha mostrado ¡todavía! fecundo. La sectarización reactiva del cristianismo no es más que la otra imagen de la sectarización exculturada en la que nos movemos. La difusa disociación entre práctica religiosa y vivencia cotidiana hace crecer el abismo entre el credo profesado y los modos colectivos de pensar, de actuar, entre el mensaje al que nos adherimos o decimos hacerlo y el estilo y mentalidad dominantes. Esta distancia no se da sólo entre sociedad y comunidad cristiana, sino al interior de ésta. El cristianismo, reconozcámoslo, es culturalmente imperceptible en todos los ámbitos del saber y de la creación.
Los cristianos “escondidos” podrán volver a ser cristianos “perceptibles”, es decir, vivos, relevantes, significativos, si asumen como tarea esencial de los próximos años construir un proyecto cultural. No podemos seguir reaccionando en retirada ante la desaparición de los crucifijos, ni tampoco reaccionar agresivamente. Hemos de conseguir que en el “marco mental” de la mayoría de los ciudadanos entre natural, lógicamente, la petición de que haya crucifijos en los lugares públicos (en realidad, me importa muy poco que haya crucifijos; uso el ejemplo por su actualidad). El proyecto cultural de los cristianos entraña una dinámica de búsqueda, de propuesta y de diálogo con la sociedad. Como proceso debe permitir la emergencia y la relevancia del contenido cultural del evangelio como aportación de los cristianos a la vida pública; su estilo, estimulante, fraterno y profundo; su modo de proceder, la instauración de “circuitos virtuosos” de colaboración que creen convergencia con otras pertenencias y raíces y hagan aportaciones sustantivas a la vida pública.
Ángeles y ciervos
Los ángeles existen, pero no los reconocemos fácilmente. Los lectores de nuestra revista, ciervistas o cervunos ¡tanto da!, tienen más facilidad que otros muchos para reconocer los ángeles que pueblan sus vidas. Los ciervos reconocen mejor a los ángeles. Unos caminan delante de nosotros, no les vemos, otros vienen a nuestra casa sin anunciarse y aún hay otros que se alejan súbitamente sin que nos demos cuenta. En esta glosa quiero hablar de algunos ángeles. Hélène y Pierino son franceses, alumnos míos en Pensamiento social cristiano. Son los mejores: siguen con mucha atención los cursos, leen siempre, estudian, hacen los trabajos. Un día hablamos sobre su interés por la asignatura. Me dicen que se han inscrito para conocer algo del cristianismo. Con naturalidad me dicen que son ateos. ¿Serán nietos de aquellos alumnos de 1953?
|
18.01.10 @ 10:40:21. Archivado en Vida cotidiana

Joaquim Gomis
Muchos años atrás, quizá a finales de los 60, Joan Llopis y un servidor –tándem unido desde la juventud en muchas tareas y sobre todo en la amistad–, empezamos a escribir en el entonces decano y luego lamentablemente desaparecido Diario de Barcelona. Recuerdo que su subdirector, Álvarez Solís, de pie, allí en medio de la redacción, nos dio este entre consejo y mandato (no creo que confiara demasiado en el interés de nuestros artículos sobre religión): “Ante todo, antes de escribir, lo que hay que buscar es el disparadero. Sin un buen disparadero inicial, que incite el interés del lector, no hay buen artículo”.
No creo que compartiera gran cosa con Álvarez Solís, pero este consejo/ mandato me quedó grabado y casi sin querer suelo tenerlo en cuenta cuando pienso qué diré en un artículo: lo primero, buscar el disparadero. No sólo para interesar al lector, sino también como incitación personal para ir encontrando el camino de lo que quiero decir. Si es que sé lo que quiero decir.
Extensa introducción para justificar el inicio de esta página de mi diario. Me dijeron en la redacción que este número de El Ciervo tenía como tema central –de portada, según el argot periodístico– la fama. Me desconcertó y me preocupó: ¿qué podría escribir yo sobre la fama y los famosos? Ignorancia y desinterés se unían para situarme en un páramo de vacío intelectual.
Hasta que se me ocurrió una frase que podría servir de disparadero. La frase era: afortunadamente nunca he sido famoso. Pensaba en el bus que me lleva a mi pueblo –el bus donde me surgen las pocas ideas supuestamente luminosas para este diario– que podía ser la frase inicial y que de ella ya irían derivándose mis reflexiones y experiencias sobre eso de lo que nunca he disfrutado o padecido: la fama. Con esta afirmación central: estoy muy satisfecho de no ser famoso. O dicho de otro modo: no sabría, ni me apetece, vivir en la fama.
Con todo, luego, un par de días después, cuando se acercaba el momento para mí siempre agobiante de ponerme ante el ordenador y escribir esta página, cuando uno debe reconocer que no basta tener el disparador, que el lector merece más, se me encendió una luz de alarma. Y me pregunté: ¿de verdad puedo afirmar con convicción que “afortunadamente” nunca he sido famoso? ¿No hago trampa y en realidad me habría gustado gozar de una cierta fama? ¿Incluso, en ocasiones, no he sentido como algo un poco injusto no ser más reconocido en este mundo de mi trabajo como escritor?
No, no es que lo haya vivido como una tragedia ni que me haya provocado algún intento de aquello que denominan la lucha por alcanzar la fama. Pero la pregunta era si no debía reconocer que en mi historia personal no había existido en ocasiones algún resquemor por no estar más incluido en el ámbito de los famosos. Y que antes y ahora, lo que sucedía es que yo mismo me ocultaba este resquemor y prefería cultivar lo bueno de no ser famoso. Lo bueno de pertenecer como uno más al amplio mundo de la gente normal.
Ahora, cuando escribo –y siempre escribo más por intuición que por reflexión, más de corazón que de razón– me parece haber llegado a una síntesis. No me hubiera gustado ser famoso en gran parte porque no creo que hubiera sabido serlo. Siento una cierta desazón ante un famoso y casi me compadezco de él. Me siento mucho más cómodo entre la mayoría de quienes no lo somos. Quizá, por ello, me hiere que algún famoso nos mire a la gente menos considerada desde una altura que un servidor no siempre reconoce. Peor para él y mejor para nosotros. Porque si sabemos superar resquemores, la comunión de la gente normal, de a pie, es al fin y al cabo, la mejor. Y la más cómoda.
Daniel Berrigan
En este número se publica una amplia entrevista con el jesuita norteamericano Daniel Berrigan. Cuando la vio, nuestra directora casi saltó exultante: “¡Si El Ciervo ya habló de él cuando nadie aquí le conocía!” Es decir, no era famoso. Un fallo de esta casa es que los archivos son casi inexistentes y no hemos conseguido encontrar cuándo se publicó una información sobre él y su hermano Philip. Probablemente hacia finales de los 60 o principios de los 70, cuando emprendió una lucha contra la guerra del Vietnam. Ahora, a sus 88 años habla de ello y de otras muchas cosas relacionadas con su apuesta por la paz.
Los Berrigan fueron famosos en su país pero no aquí. Me gustaría decir que una nota buena que se merece nuestra revista –en los ámbitos de su modestia– es que más de una vez ha sabido valorar a los no famosos. Como si tuviera un periscopio –título de una antigua sección– que sabe ver lo que parece oculto. Y darlo a conocer más allá del criterio de la famosidad.
En no pocas ocasiones porque amigos de aquí o de otros países piensan que El Ciervo es el lugar algo extraño donde se puede hablar de personas no famosas pero de las que vale la pena escribir. Fue, años atrás, el caso de los Berrigan. Que ahora reaparecen en estas páginas.
|
16.01.10 @ 10:37:16. Archivado en Espiritualidad
Lo peor, el miedo
Soledad Gomis
En Europa viven entre 15 y 20 millones de musulmanes –no puede concretarse más–, mientras que la cifra oficial de habitantes roza los 500 millones.
“Los musulmanes padecen una creciente discriminación en toda Europa y urge tomar medidas para atajar el problema”. El consejo es del Instituto Sociedad Abierta (OSI), una fundación creada por el multimillonario George Soros. Nada sospechosa, pues. Según sus datos, los musulmanes tienen mayores tasas de desempleo y reciben menores salarios, mientras que algunos alumnos musulmanes se enfrentan a situaciones de xenofobia y prejuicios y sus maestros les atienden con menores expectativas. A pesar de eso, el trabajo de OSI, realizado en once ciudades de once países, muestra que los musulmanes sienten parte de la ciudad y el país en el que viven, y prefieren residir en comunidades mixtas a vivir entre personas de su mismo origen.
>> Sigue...
|
14.01.10 @ 10:34:54. Archivado en Espiritualidad
Neocolonialismo
Lluís Pastor
La impregnación de nuestras sociedades con inmigrantes de todo el mundo es un giro copernicano. Europa estaba acostumbrada a exportar. Las personas que iban a conquistar el mundo acabaron mandando allí donde fueron e imponiendo leyes, tradiciones y religión. En lo que había sido selva un día los indígenas amanecían con una iglesia.
Hoy es distinto. Se habla de globalización, pero es cierto sólo a medias. Se produce a través de las pantallas. Para que la globalización alcanzara cualquier lugar del mundo haría falta que todas las culturas, religiones y creencias fueran nodos de peso parecido.
>> Sigue...
|
12.01.10 @ 10:32:45. Archivado en Espiritualidad
Síntoma y enfermedad
Fernando Rey
Que el 57,7 por ciento de los suizos rechace la construcción futura de minaretes en las mezquitas me parece una barbaridad, pero el asunto me preocupa más como síntoma de enfermedades más graves. Esta cuestión está relacionada con la petición del presidente francés a los musulmanes de su país de que practiquen su religión de modo discreto. O con la política racista contra los gitanos del presidente italiano. Etcétera. Cabe suponer que en todos estos casos una parte significativa de los pueblos respectivos están de acuerdo con sus líderes. En España no hay una verdadera lucha institucional contra el racismo, la intolerancia y la xenofobia porque se niega el problema. Si no reconocemos la enfermedad, no podemos curarla.
>> Sigue...
|
10.01.10 @ 10:29:22. Archivado en Espiritualidad
Libertad
Jordi Delás
Hace unas décadas se hablaba de la libertad, se cantaba y reclamaba. Libertad que se acotaba en libertad de opinión, de reunión, asociación, prensa, expresión. Los menores de 30 años pueden juzgar con horror que pudiera detenerse a alguien por hablar en una asamblea no autorizada.
Hoy una de las más importantes limitaciones es la libre circulación de las personas a través de la tierra. Muchas de las libertades golpean un determinado estado de la cuestión. Tres, cuatro décadas atrás, en el seno de familias que amaban la libertad, su consecución se temía a cambio de enfrentamientos violentos, que afortunadamente no ocurrieron.
>> Sigue...
|
08.01.10 @ 10:26:14. Archivado en Iglesia
El nombramiento de José Ignacio Munilla como obispo de San Sebastián ha causado conmoción. Diríase que volvemos a los tiempos en que los asuntos internos de la Iglesia eran vividos como cuestiones públicas, que afectaban a toda la sociedad. Cuando las más altas autoridades eclesiásticas, en Roma y en nuestro país, repiten el lamento quejoso por la pérdida de presencia y valoración de la Iglesia en la sociedad, especialmente por lo que juzgan oposición e incluso persecución por parte del poder político, ahora, gracias a este conflictivo nombramiento, consiguen de nuevo volver al primer plano de la actualidad.
>> Sigue...
|
23.12.09 @ 08:00:00. Archivado en Iglesia
Carlos Eymar
Filósofo
En un primer momento, Enrique Miret fue para mí un nombre de la revista Triunfo, inevitablemente asociado a la polémica. Recuerdo que, allá por los años sesenta, a propósito de un artículo suyo sobre moral sexual, en un corrillo de la facultad de Filosofía, se desató una fuerte discusión. Los calificativos de hereje, libertino y de infiltrado del Partido Comunista, se alternaban con elogios emitidos por algunos que, para lucirse, lo comparaban con Schleiermacher.
>> Sigue...
|
21.12.09 @ 08:00:00. Archivado en Iglesia
José Ramon Navarro
Periodista
No conocí en profundidad a Enrique Miret. Coincidimos en tres o cuatro actos en Madrid, él como invitado y yo como periodista especializado en información religiosa. Fue en uno de estos momentos en el que me pareció descubrir a un Miret bien distinto al que presentaban los medios de comunicación. Era en una comida organizada por una editorial y acabamos sentados juntos. Apenas hacía unos meses que Benedicto XVI había sido elegido Papa y algunos de los comensales, dirigiéndose a Miret, comenzaron a criticar el carácter “conservador” de Ratzinger. Para su sorpresa, Miret, lejos de sumarse a las críticas, encabezó una defensa del nuevo Papa y reclamó un periodo de gracia.
>> Sigue...
|
18.12.09 @ 08:00:00. Archivado en Iglesia
Juan Rubio
Director de Vida Nueva
La biografía de Enrique Miret está atravesada por un profundo amor al diálogo, a la fe que se hace conversación y sale al encuentro de lo diferente, de lo distinto, de lo extraño. La fe que se hace comunicación en la raíz misma del misterio de la Encarnación. Casi un siglo de la historia de España en las páginas escritas por este cristiano que se definía como teólogo porque ponía puentes entre Dios y la cultura moderna.
>> Sigue...
|
:: siguientes >>
|