Sí, lo ha dicho hoy en el Senado el ministro de Economía y Competitividad, Luis de Guindos, el hombre de la cartera que más pesa en el autocar del cole de Rajoy, durante la sesión de control al Gobierno: el Ejecutivo va a “implementar” medidas para que en el país se vuelva a generar empleo -perdón, la "empleabilidad", en jerga de la ministra de Empleo-. No dice cuáles, no dice cómo, no dice cuándo, no dice por qué, no dice hasta cuándo, no dice… nada. Hasta ahora, el recorte de apéndices está a la orden de la reforma, todo un indecoroso subir impuestos y cantar el himno de la gaviota azulona. Éstas, pueblo, son las reformas y éste el pullazo. ¿Por qué te espantas, Fabio?
Ha dicho que España tiene un problema de confianza y de credibilidad y se ha quedado tan ancho, como si no fuera con él. De Guindos, el gobernante tijereta al que le cuesta mirar a los ojos, luce la testa bajo los flashes de los fotógrafos mientras lee lo que su gabinete le ha escrito -que no coincide con lo que le escriben a Montoro-; y es que los negros del PP se hacen la... pluma un lío. Los fruteros cuidan de que las cerezas conserven el rabo para evitar que el fruto se desangre, pero la casta política no quiere saber de la sabiduría del campo.
No comprendemos qué poca maña se dan con la cantinela de “implementar” esto y aquello, cuando quieren decir llevar a cabo, realizar, poner en práctica, ejecutar, implantar, poner en marcha, poner en vigor, dar cumplimiento… Implement, en inglés, es simplemente utensilio y se ha contagiado su significado a nuestra lengua, al punto que la RAE ya lo ha admitido. Otro calco anglosajón que enarbola el hombre de la herramienta; el tecnócrata de la cizalla; el agente de la tenacilla...
De Guindos, el hombre que fue de Lehman Brothers para España y Portugal en 2008, en medio del ventisquero de la quiebra por las hipotecas subprime, los productos tóxicos y basura que condujeron a la quiebra mundial, dice que nuestro (su) país no es de fiar, que no nos tienen confianza. El hombre que, además, fue contratado a renglón seguido por Pricewaterhouse Coopers para administrar la liquidación de Lehman en la bancarrota; es decir, al que pagaron de nuevo por desmontar el chiringuito tóxico del que había sido delegado europeo. No me digan que no tiene bemoles. Rajoy le da las tijeras y De Guindos sube y sube impuestos a las clases medias, las mismas víctimas de Lehman: es lo que ha hecho toda su vida.
No nos engañemos: no todo el mundo pierde con la crisis; desde otoño de 2008 gana los banqueros, reflotados por el BCE y los Gobiernos merced al problema de la deuda pública, creado en los laboratorios de las comisiones bancarias. Porque la justicia del Ejecutivo rajoyano es la Almudévar: páguelo el que no lo deba. En España, esa que a De Guindos, valido esquilador, le causa desconfianza, siguen ahorcando para escarmiento al tejedor del pueblo.
Como en el siglo XVI. Y siempre gana la banca… o la guindalera de Pedro Zapata, al que se le ocurrió adornarla ahorcando a los tejedores, que “señor, en este lugar hay dos tejedores de paños; para un lugar tan pequeño como éste basta uno: ahorquen al otro”. Y para tanto peso humano colgado de la cuerda del IRPF y del IVA... hay que "implementar" el prunus cerasus, no sea que el árbol del ahorcado, la guindalera hispánica -que es caducifolia- termine cediendo y, tras el recorte de rabos, la camisa acabe manchada de sangre de picotas.
Martes, 29 de mayo
David Felipe Arranz
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Julián Moreno Mestre
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Juan Luis Recio
Paulino Toribio
Ángel Sáez García
Peio Sánchez Rodríguez
José Donís Català
Chris Gonzalez -Mora
José Pómez