Helos, helos por do vienen cual infantes vengadores. ¡Los de la vida airada! Le petit Sarkozy, al que persigue la sombra del caso “Karachi” sobre los sobornos, malversación de fondos y venta ilegal de armas y submarinos a Pakistán para pagarse la campaña presidencial de 1995, se ha bajado del caballo con ayuda de una banqueta para darnos consejo y ejemplo; Sarkozy, cuya estatura moral se ha visto aún más reducida bajo el peso del caso Bettencourt sobre la financiación de la campaña de 2007 en la que supuestamente recibió dinero en efectivo de la heredera de L'Oreal, nos viene a contar que “la política económica la deciden los gobiernos”. Creíamos los ilusos mortales que eran los mercados. Y no.
Sí; Sarkozy, el diminuto gobernante, el elogioso lagotero de Rajoy que ahora soporta sobre sus hombros el peso del Toisón de oro que llevó Carlos V, dice que tenemos que controlar el déficit, reforzar la competitividad y poner en marcha el crecimiento. Eso es negocio largo, señor catedrático prebendado, oh Sarkozy, el de los chapines en volandas y el bombardeo del Oriente sublevado, deseoso de la primacía gala en el negocio del oro negro.
El entusiasmo recaudador de Rajoy –de claridad infinita–, ante la visita de su colega presidencial en el baile de pajes y lacayos de los mercados financieros que hoy es Europa, le ha movido a no descartar subir el IVA y así le ha respondido a un periodista en el Palacio de la Moncloa: “Creo que es perfectamente conciliable el ir reduciendo el déficit con no hacer ninguna subida de impuestos más en los próximos meses. Ahora, de la misma manera que le digo eso, pues también tengo que decirle que en la vida nada es para siempre” –como decir la verdad al ciudadano, por ejemplo, o seguir contestando a la gallega para dejar la puerta abierta al palo de la tasa–.
Tras amartelar a su electorado, el presidente promete ante el jefe de Estado francés hacernos a todos echar las tripas; sólo dos años nos picarán a tiento las pulgas de los políticos para chuparnos la sangre: con ello se favorecerá la recuperación. Francia acaba de perder la triple A, máxima calificación que suena a grupo paramilitar argentino y que otorgan las temibles agencias y le petit Sarkozy, entre capón y zancudo, dice que no hay que hacer mucho caso a esas cosas, que las agencias de calificación no deciden las políticas económicas, que todo se arregla aplicando una tasa a las transacciones financieras, la viña de todas las viñas.
Los bachilleres de mantellina justifican su conducta y abren el vademécum del recorte: ellos, que han provocado en connivencia con sus primos hermanos, los banqueros, la crisis de la deuda de la eurozona, la caída del euro y la recesión del mercado, nos piden “sacrificios solidarios progresivos”; muchas empresas terminarán este 2012 en otras manos no europeas, malvendidas a los denominados capitalistas buitres –los private equity estadounidenses–… en esta merienda de negros en la que KKR o Blackstone compra a muy bajo precio empresas europeas reducidas a cenizas por la mala gestión y el desamparo de los gobiernos. A los presidentes de la "troika" no les duele el agravio mientras las águilas cazadoras de JP Morgan –los expertos en distressed assets– fijan sus ojos en la banca europea, que anda a puro azotazo.
Voltaire escribió en sus Conversaciones filosóficas, en plena Ilustración, que la Europa moderna valía más que la antigua Europa. Si ésta es la que pintó Montesquieu –“Alemania está hecha para viajar por ella, Italia para descansar, Inglaterra para pensar, Francia para vivir”– y trasladamos el aserto volteriano a nuestros días, demasiado atrás ha quedado la Europa de las grandes lumbreras como para pensar que la “moderna” la ha superado. Ambos plantearon que Europa había llegado a un punto en que la razón solventaba toda necesidad, gracias a individuos preclaros que no se guiaban por la ambición ni la codicia. Eran los ciudadanos de Europa, la vieja Europa, la del Toisón de oro y los caballeros que ponían límites a las formas de absolutismo –hoy nos doblega el de los mercados–.
A la vista de los malabares taumatúrgicos realizados en la rueda de prensa de hoy por los sastres del recorte, la destreza política de moda, aquella utopía parece más lejos que nunca; como si el sueño de Europa, establecida por sí misma por la fuerza de su sola evidencia… se hubiese esfumado. "No estamos para perder el tiempo", ha dicho hoy Rajoy en una nueva cabriola de muletilla barata, en la foto junto a le petit Sarko. Nosotros tampoco, señor presidente; nosotros tampoco.
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En la España que pintó Montesquieu falta España. Alemania, Italia, Inglaterra, Francia....... y España está hecha para ser país de pandereta, cachondeo, golfos, vividores y chapuceros. Hasta estos dias pensaba que en Europa había un país de opereta: Mónaco; ahora pienso que hay otro más: España, ¡ah! y de zarzuela. ¿Pero donde vamos a ir con esta tropa?.
Shiro en peligro, Mazinger Z al rescate; gran similitud señor Arranz.
Martes, 29 de mayo
David Felipe Arranz
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Julián Moreno Mestre
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Juan Luis Recio
Paulino Toribio
Ángel Sáez García
Peio Sánchez Rodríguez
José Donís Català
Chris Gonzalez -Mora
José Pómez