El chitón de David Felipe Arranz

Vampiros políticos

06.01.12 | 22:17. Archivado en Cultura y actualidad
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Hasta ahora pensábamos, ilusos, que la creencia en los vampiros era un anacronismo, un asunto de la ficción; aquellos seres que salían de noche de sus cementerios para chupar la sangre de los vivos, tras lo cual regresaban, ahítos, a sus fosas dejando un reguero de víctimas sin ningún sentido de culpa. Los supervivientes se consumían sin remedio mientras sus verdugos engordaban y sus pieles resplandecían. Voltaire en el artículo “Vampiros” del Diccionario filosófico (1764) escribe: “Confieso que en ambas ciudades [Londres y París] existen agiotistas, restauradores, hombres de negocios que chupan, a plena luz del día, la sangre de la gente, pero, aunque corruptos, no están en absoluto muertos. Estos auténticos chupadores no habitan en cementerios, sino en agradabilísimos palacios”.

El arte del agiotaje o, lo que es lo mismo, la especulación abusiva a partir de la seguridad de los fondos públicos con perjuicio de terceros, han conducido al callejón sin salida del monstruo de la deuda pública. El vampiro no parece querer volver a su tumba, entre las osamentas de generaciones de contribuyentes; es inmortal y debilita a los países de la zona euro, habita en los despachos de los bancos y las aseguradoras e invierte en divisas baratas que emite el Banco Central Europeo al 1% de interés para luego comprar deuda pública al 8, 10 o incluso el 15%, como los vampiros de Grecia. Es intermediario, sabe que sobra, conoce perfectamente que el Banco Central podría prestar directamente el dinero a los Estados sin su intervención especulativa, pero se hace imprescindible para la casta política y hunde sus dientes en el cuello y en el vientre de sus víctimas, los ciudadanos. Acabamos de saber que el BCE ha rechazado aportar 200.000 millones de euros al FMI para que se los hiciera llegar directamente, sin mediación vampírica, a los Estados… Después de esa negación de auxilio, son éstos los que han tenido que aportar los fondos para que el FMI pueda rescatarlos.

En 1484, el papa Inocencio VIII aprobó la publicación del Malleus Maleficarum, escrita por dos dominicos, Jakob Sprenger y Heinrich Kramer, en la que se indaga sobre los súcubos, los íncubos y los aparecidos. La aprobación papal tuvo el impulso que las circunstancias requerían en aquel momento: la Iglesia reconocía oficialmente la existencia de chupasangres vivientes, también conocidos en la época como depredadores o parásitos. En 1552 el pastor Georg Röhrer informó personalmente a Lutero de que los muertos vivientes o nachzerer tenían el poder de provocar a distancia la muerte de los vivos, de la misma forma que Lehman Brothers –en cuyas filas militó activamente el actual ministro De Guindos– contaminó con sus hipotecas basura a miles de familias estadounidenses y precipitó la crisis financiera mundial. La ministra Soraya ha hablado por dos veces para comunicar las medidas de ajuste, los incrementos en la recaudación del sheriff de Nottingham sobre las rentas del trabajo –conocidas en el siglo como el pan del sudor de la frente– y la congelación salarial de los funcionarios; y en las dos ocasiones Rajoy, cuya mentira de la campaña repetida una y otra vez de que no iba a subir los impuestos planeará sobre él como la sombra de la patraña, no se hizo visible ante la ciudadanía.

“¿Dónde está el presidente?” se preguntaban los periodistas, sin obtener respuesta ninguna. De Guindos ha pedido al Banco de España, entidad que rescataba a las cajas de ahorros, los salarios de los directivos cuyas entidades financieras, merced a su nefasta gestión, se han visto beneficiadas por el Fondo de Reestructiración Ordenada Bancaria (FROB), que se nutre de los Presupuestos Generales del Estado. Y luego… ¿qué? ¿Va a apoyar el Gobierno una demanda del Ministerio Fiscal cuando se publiquen –que ya lo están– los ingresos de la plutocracia que se lo llevó –y lleva– crudo?

De Guindos, desde su despacho presidencial, vendía en Europa entre 2006 y 2008 el producto estrella de Lehman Brothers, la hipoteca basura, que prendió la mecha del Crac de 2008 del que no logramos salir: ahora nos va a mostrar el camino de la luz al final del túnel... crujiéndonos a tributos (o lo que el negro que escribe los discursos del PP denomina -en ridículo afán eufemístico- "esfuerzo soliario progresivo"). Como le dijo Drácula a la efusiva Lucy en la inmortal novela de Stoker antes de clavarle los colmillos en la yugular: "no te resistas, criatura: sólo te pido un esfuerzo solidario progresivo para saciar a los insaciables mercados de mis células".

Una gran parte de Europa está infestada de vampiros que convulsionan las finanzas de los gobiernos –incluso desde el propio Gobierno–; el saqueo de la corrupción política instituida durante el Ejecutivo zapateril y la negligente actuación económica, no ha resistido el embate del tsunami mundial de la recesión sobre el que los vampiros del euro practican el surf a la luz de la luna mientras la hermosa vampira los espera en la playa sin miedo a los rayos del Sol. Los intereses a los que los bancos siguen colocando los préstamos para pagar las deudas del Estado son cada vez mayores; en España, las ayudas a los bancos alcanzaron la escandalosa cifra de cien mil millones de euros, la tercera parte del total del fraude fiscal... y nadie restregó la nariz del vampiro con la ristra de ajos, siendo en nuestra tierra hortaliza abundante.

Una vieja crónica rusa comienza así: “Érase una vez, en el país de Muntenia, un voivoda cuyo nombre en rumano era Drácula, lo que en nuestra lengua significa ‘el diablo’. Era tan malvado que su vida transcurrió a imagen y semejanza de su nombre”. Antes de la crisis, de la llegada del voivoda chupasangre, nuestra deuda pública apenas suponía un 36% del PIB. Hoy sobrepasa el 70%... y ese porcentaje, con la sangre de la clase media española, por mucho que los vampiros de la especie político-financiera la chupen, no se cubrirá jamás.

Este baile de los vampiros ya lo vivió el mundo en la década de los años 30 del siglo pasado: la historia se repite, sólo que, en esta ocasión, los murciélagos chupasangre de la indefensión salarial del minijob y el sobreendeudamiento de las familias han venido para quedarse.

3 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por Penélope 09.01.12 | 23:24

    Es una vergüenza, los políticos y banqueros nos tratan como marionetas. És un buen artículo: genial el paralelismo con los vampiros.

  • Comentario por chaturrin outsider 07.01.12 | 09:13


    Ante el vampirismo politico hacen falta muchas estacas, todas necesarias y justificadas, para acabar con estos vampiros chupasangres a plena luz del día. Montemos un aquelarre y acabemos con ellos.

  • Comentario por Juan 07.01.12 | 01:27

    Razones no le faltan en su artículo señor Arranz, lo de subir los impuestos ha sido una carga política de la cual los ciudadanos nos hemos dado cuenta.

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