En Occidente funcionamos así, vivimos de rodillas frente a los mercados, ese todopoderoso gang de bancos de inversión, compañías de seguros, fondos de pensión y especulativos (hedge funds) que compran y venden divisas, acciones, bonos de los Estados y “productos” derivados. Son establecimientos financieros, tiendas de fenicios que administran a voluntad nuestros ahorros y la deuda soberana con el permiso de los gobernantes, aumentando cuando lo creen oportuno los tipos de interés que pagan los Estados por endeudarse.
Los prestamistas, los nuevos usureros, se alían con ese espanto que son las ineptas agencias de (des)calificación, cuyos informes económicos elaboran becarios tras leerse los suplementos salmón de los periódicos. Siempre ganan ambos, porque cuanta más baja sea la nota que adjudiquen Moody’s y sus secuaces a los Estados, más alto será el tipo de interés que exijan los bancos a esos gobiernos que, a su vez, pondrán en marcha recortes más austeros y más privatizaciones sacrificando a los ciudadanos, cuyo esfuerzo alimenta la voracidad de esta élite insaciable y han de conformarse con los retajillos del sistema y la escudilla de madera con las gachas y los mendrugos.
La asimilación del político al oficio del banquero, esa figura que eufemísticamente llaman tecnócrata, se ha convertido en algo más que una metáfora: valgan como ejemplo el primer ministro griego, Lucas Papademos, y el presidente del Consejo de Italia, Mario Monti. Ambos, miembros activos de la élite de la Comisión Trilateral, fundada por Rockefeller, en la que participa el exclusivo Grupo Bilderberg, han trabajado para el banco estadounidense Goldman Sachs, al igual que el nuevo presidente del Banco Central Europeo –entidad que ha conducido a Europa al borde de la quiebra y que aplica las directivas del FMI–, Mario Draghi, que fue vicepresidente europeo de la entidad financiera. Honrada gente que son como el Alonso, el Romo y el Garroso de esa picaresca paneuropea del poder económico y el club de luxe en finca privada vetada, claro, a los chicos de la prensa.
El dios salvaje de los mercados, sahumado con el hisopo de la casta política y el pebetero de los gabinetes que disimula la podredumbre cara a la opinión pública, aconseja ya eliminar las cláusulas de indexación automática de los salarios de los trabajadores, dejando de lado cualquier otra consideración, y sustituirlas por adaptaciones de la mano de los departamentos de recursos humanos a las necesidades de las empresas y las “flexibilizaciones” en los procedimientos de despido. Esto está por escrito: no nos lo inventamos.
Mientras esto viene ocurriendo, el Instituto Nóos –una ONG, dicen sus propietarios– y las tapaderas de sus empresas satélites firmaban contratos multimillonarios por valor de 5,8 millones de euros con la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia para organizar las tres ediciones sucesivas del Valencia Summit, congreso internacional muy cool y esportivo, Casa Real style, sobre turismo y deporte, en 2004, 2005 y 2006, más unos Juegos Europeos en 2006 que jamás se celebraron. Los pagos fueron realizados por el Gobierno valenciano y el Ayuntamiento y, afortunadamente, en un auto dictado el pasado 7 de noviembre, el juez instructor José Castro, señala a Iñaki Urdangarín –que “convencía” rápidamente a presidentes y alcaldes de la necesidad de sus servicios sirviéndose de su parentesco con el Rey– como responsable de una obscena trama cuyo objetivo era apoderarse de fondos públicos. Estamos todos esperando a que al yernísimo le llegue el azote del verdugo.
Con la economía del país a punto de ser hilvanada a puros chirlos y convertirse en rehén de los mercados, el funcionamiento aplicado por estos amigos de lo ajeno era muy sencillo: los dos socios inflaban los precios de forma desproporcionada por los servicios que vendían a la Administración y que, a su vez, subcontrataban con sociedades que también les pertenecían, sometiendo así a las facturas a un doble engorde, sin que a este saqueo sistemático se le escapara ni un céntimo de euro.
Hozaba, pues, a sus anchas don Iñaki Urdangarín, de balonmanista a yerno multimillonario, en el lodazal del control presupuestario de las finanzas públicas… a golpe de Estado financiero.
Martes, 29 de mayo
David Felipe Arranz
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Julián Moreno Mestre
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Juan Luis Recio
Paulino Toribio
Ángel Sáez García
Peio Sánchez Rodríguez
José Donís Català
Chris Gonzalez -Mora
José Pómez