“Darkness (Tinieblas)” es un poema que escribió Lord Byron, en Ginebra, en julio de 1816, unos meses después de que se separase de su mujer y de su destierro definitivo de Inglaterra. En abril embarcó en Dover rumbo a Ostende, acompañado de sus criados y su médico, y poco después se detuvo en Suiza, al borde del lago Leman, el mayor de la Europa Occidental; allí se encontró con Shelley y de su trato nació la inspiración de esta composición. Este poema constituye actualmente una de las expresiones más profundas de un pesimismo desolador; inspirado en el Apocalipsis, su influencia se siguió en “The Last Man”, de Thomas Campbell. Después, en octubre, Byron dejó los Alpes, pasó por Milán y Verona y se estableció en Venecia, donde practicó una vida galante y desordenada que espoleó aún más su genio creador y dio como resultado los primeros cantos del Don Juan, del que el propio Shelley dijo: “cada palabra lleva el sello de la inmortalidad”.
Uno se levanta pensando en la sorpresa de la prima de riesgo y lee en la prensa que la CEOE y la Cepyme quieren simplificar la legislación laboral y eliminar en los medidores salariales la referencia al IPC –eso de que salarios y coste de la vida vayan acompasados, mal que bien, en su evolución– y sustituirla por la de la productividad del trabajador… y se lleva un disgusto que le sabe a estoque de hueso, en toda la caña, porque desde 1980 a 2010, las rentas de los salarios descendieron en su conjunto, en España, de un 66,8% a un 56%. Es decir, nuestro poder adquisitivo es un 10,8% más bajo que hace tres décadas. Sabemos que andan revolucionados estos días la patronal y los sindicatos, a ver esta vez por dónde nos hacen la bellaquería… Ahora le están dando vueltas al tema de la reducción salarial, que cuando el diablo no sabe qué hacer, mata moscas con el rabo… síndico-patronal. Amistad llaman al amancebamiento y salir de cuentas al fruto del romance.
En Occidente funcionamos así, vivimos de rodillas frente a los mercados, ese todopoderoso gang de bancos de inversión, compañías de seguros, fondos de pensión y especulativos (hedge funds) que compran y venden divisas, acciones, bonos de los Estados y “productos” derivados. Son establecimientos financieros, tiendas de fenicios que administran a voluntad nuestros ahorros y la deuda soberana con el permiso de los gobernantes, aumentando cuando lo creen oportuno los tipos de interés que pagan los Estados por endeudarse.
Martes, 29 de mayo
David Felipe Arranz
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Julián Moreno Mestre
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Juan Luis Recio
Paulino Toribio
Ángel Sáez García
Peio Sánchez Rodríguez
José Donís Català
Chris Gonzalez -Mora
José Pómez