El chitón de David Felipe Arranz

Don Mariano y los Doce Pares de Francia

23.11.11 | 02:04. Archivado en Cultura y actualidad
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“Ahora lo veredes”, dijo Agrajes, el primo valetón de Amadís, cada vez que respondía al desafío de los demás caballeros andantes. Hace tres años, el gobierno de Obama, dando cuchilladas en los cueros de vino tinto –que esta vez sí eran gigantes–, intervino in extremis Fannie Mae y Freddie Mac, entidades financieras de crédito hipotecario. Al mismo tiempo, el banco Lehman Brothers anunciaba su quiebra y The Wall Street Journal compraba la principal aseguradora del país, American International Group, hundida por las monumentales bonificaciones concedidas a sus directivos: sí, un diario se hacía con una –hasta la fecha– omnipotente agencia de seguros.

La crisis entró por la puerta grande de la especulación y volvió del revés el mundo conocido. Después asistimos a un acto de contrición colectivo en el que políticos y financieros, hechos ojos de besugo cocido y cuerpos de costal, se rasgaron las vestiduras en ese mentidero de la corte que es la opinión pública, que difícilmente accede a la información correcta en el momento adecuado. Ya se encargan las elites del Poder de que así sea… y hemos vuelto al principio. La fórmula mágica, recortar gastos sin aumentar los impuestos, es de difícil aplicación para quienes desean conservar su estatus privilegiado en el establishment de un país.

Las promesas de supervisión, regulación de bonificaciones obscenas y protección al ciudadano se quedaron en agua de cerrajas, que “Es esto de las estrellas / el más seguro mentir, / porque ninguno ha de ir / a preguntárselo a ellas”. A las agencias de calificación, que se descubrió que estaban a la cuarta pregunta en la cosa de la economía global –alguna como Standard and Poor’s, decana de los asnos bachilleres, erró en 2 billones de más del déficit estadounidense–, pero a la primera en dirigir la inversión hacia uno u otro país, le sucedieron las primas de riesgo, que son como unas señoritas fáciles y vanidosas que lo miran a uno mal, pero en las que siempre acaba cayendo. La fantasía del barullo económico estaba servida con el cucharón del miedo en la sopera de la crisis bajo la tapa del juicio macroeconómico: seamos confusos ya que no podemos ser sinceros, y ampliemos el membrete de lo sobrenatural y las ciencias ocultas a los juicios económicos, junto a la profecía, la magia, el hipnotismo, el espiritismo, la radiestesia y el curanderismo.

Y la gente corría por la calle diciendo que aquí iba a haber un corralito, como en Argentina. El nivel de vida, los impuestos y los salarios siempre quedan al albur de la ambigüedad del discurso político; porque los individuos no disponen de tiempo ni de medios técnicos para proceder a verificar el discurso electoralista por ellos mismos. A un ciudadano, un avieso político podría decirle que se han aprobado reformas para la creación de productos tóxicos y derivados, que se va a desregular el mercado y abolir las barreras entre bancos comerciales y bancos de grandes inversiones, que es como anunciarle que se prepare para lo peor… y no se defendería porque no comprende los tejemanejes del poder político-económico, especie fangosa y lacustre con más conchas que un caimán y las piernas más largas que las que gastan en Villadiego.

Los que estaban al mando en 2008 continúan controlando un sistema que se ha demostrado que ha fallado, un sistema que se ha deturpado. Como dice el Premio Nobel de Economía de 2008, Paul Krugman, “las lecciones de la crisis financiera de 2008 fueron olvidadas a una velocidad vertiginosa y las mismas ideas que estuvieron en el origen de la crisis hoy dominan de nuevo el debate”. Al final, el poder político, que excita la ambición y aumenta las pretensiones –como dijo Aristóteles– parece que es el que se encuentra tan lejos de los hombres como de los hechos.

¿Cuándo se va a dejar de reflotar con los fondos del Banco de España a las entidades financieras que han llevado a cabo una mala gestión? Debe existir una excepción con los bancos a la hora de proclamar la libertad del empresario, porque han comprometido a la sociedad entera en el abuso de esa libertad que es el egoísmo y la codicia extrema contemplados como virtudes. Entonces, los poderosos venden medicamentos caducados a países en vías de desarrollo, títulos fraudulentos a inocentes ciudadanos y edificios muy por encima de su verdadero coste a quienes desean una vivienda digna. Todo suena a hechos que van en contra de la opinión de los individuos… pero ahí están, tozudos, y amenazan con continuar mientras los diferentes Ejecutivos europeos tratan de recapitalizar uno tras otros los bancos saqueados por sus voraces directivos y Dios reparta suerte entre los hombres de buena voluntad.

Nos han prometido en el PP solucionar la situación de quiebra social a la que ha conducido al país el gobierno socialista. Larra, que era uno de los más ácidos y mejores periodistas que ha dado este país, dijo aquello de… te llamas liberal y despreocupado, y el día que te apoderes del látigo, azotarás como te han azotado. Entre sus deberes acaso el más principal sea que el Gran Manitú Rajoy lo siga siendo, y tan templado, por muchos años… pero que hable pronto y diga qué piensa hacer con los privilegios de los políticos, sus ventajas fiscales, su sueldo, sus pensiones, su cotización, su inmunidad parlamentaria, la transparencia de su patrimonio, el derecho a una vivienda digna, la edad de jubilación, los cambios en la fiscalidad para que paguen más los que más tienen, los referendos, la connivencia de políticos y jueces del CGPJ y el TC... y un largo etcétera.

Esperemos que Rajoy lo lleve todo bien escrito en los papeles y no le ocurra como a la protagonista de La segunda Celestina, de don Agustín de Salazar y Torres: “Mas yo inventé una quimera, / que es la que más me ha valido, / y es que yo mismo he fingido / que soy tan grande hechicera, / que sé al punto dónde estriba / la fortuna, y que comprendo / la astrología, mintiendo / aun de las tejas arriba. / Es esto de las estrellas / el más seguro mentir, / porque ninguno ha de ir / a preguntárselo a ellas”.

Si don Mariano, el pontevedrés bonachón de mirada grande y acristalada que no encaja bien las insidias rubalcabianas, no ata en corto a los banqueros, de esta merienda financiera y suicida no nos salvan ni Amadís… ni los Doce Pares de Francia.

2 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por Chaturrin 26.11.11 | 10:07


    De esta no nos salva, ni Amadis, ni los Doce Pares de Francia, ni San Pedro. De esta, solo nos salva el tiempo, el paso de los meses y de los años, bueno eso si no le afecta tambien la crisis y que los dias pasen a tener 20 horas, los meses 25 dias y los años 355 dias. Ya sabes, unos pequeños recortes para reducir gastos. Digo yo que si cada vez los salarios son más bajos, las familias tienen menos ingresos, y se consume menos, ¿para que queremos un dia con 24 horas? cuantas menos horas tenga cada día, menos tiempo tendremos para consumir, ¿o no es así?. Venga, Rajoy: dias de 20 horas, meses de 25 dias y años de 355 dias, eso para empezar, pero se pueden hacer muchos más recortes, solo es cuestion de pensar un poco.

  • Comentario por Mariano 23.11.11 | 17:30

    A ver si el partido que lidera mi tocayo puede llevar a buen término a la economía de este país, ya que ellos tienen el enchufe y los contactos que para ser sinceros son la base de cualquier economía...y que modifiquen ya la ley D ´hont para que partidos como IU y UPYD tengan los escaños reales que les corresponden frente a los nacionalistas que ocupan el congreso representando a todos los Españoles....

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