Hay personas muy necias e incapaces, más de las que nos imaginamos, que cuando alcanzan el Poder –merced al combustible de la ambición– escriben las páginas más oscuras de la historia de los países que tienen la desgracia de padecerlos. Decía Unamuno en un artículo publicado en la revista Caras y Caretas, de Buenos Aires, el 26 de mayo de 1923, que tonto de capirote “es el que con un capirote o bonete puntiagudo hace de tonto en las fiestas. Es un tonto de alquiler y casi oficial”.
Antiguamente era ordinario colocar a los badulaques sonados un capirote como burla, porque eran tontos graduados, mentecatos que llevaban el distintivo de doctor en imbecilidades. Así se les distinguía de entre la multitud sin problema, sin que se mezclasen con los mentalmente capaces, y no llevaran al desastre al grupo donde podían hacer aterrizar sus desastrosas memeces. Ha resultado que entre los zoquetes paneuropeos, los dirigentes de Grecia e Italia (ya lo sabíamos) se han despeñado en el abismo de la quiebra económica y amenazan con arrastrar al resto de países de la UE... e incluso al euro.
Berlusconi, un auténtico homo corruptus e imbecilis, y Yorgos Papandreu, un aturdido intelectual que impulsa un referéndum fallido, han dimitido de sus responsabilidades tras conducir a sus respectivos gobiernos al rescate financiero y a Europa al pánico del contagio. Sí, la mayoría de Europa no ha sabido, en general, usar una política monetaria. La caída en picado de Italia, con una deuda soberana del 120% del PIB, afectará sin duda a Austria y Francia –con más de 44.000 millones prestados a la patria de Rómulo y Remo–, que acumulan la mayoría de títulos de la deuda italiana.
En cambio, Suecia, que ha conservado la corona como unidad monetaria, ha mostrado un perfecto conocimiento del Estado del bienestar: su PIB es más alto hoy que antes de la crisis. Y Reino Unido está adquiriendo préstamos al 2%, mientras que España se endeuda al 6%. El excomisario europeo Mario Monti va a soplar ahora para ver si suena una flauta, la itálica, con más astillas que el Lignum Crucis.
Los dos partidos a los que la mayoría de los españoles va a votar han presentado en sus listas electorales a varios personajes encausados por corrupción, casos más sonados que la campana de Huesca, como el de Manuel Chaves, involucrado en el caso ERE, en un entramado de favores económicos a sus vástagos y en el expediente de la empresa malagueña Novo Comlick por valor de 35 millones de euros –que se dice pronto–; el de José Blanco, número uno al Congreso por Lugo, se encuentra involucrado en la Operación Campeón sobre los fraudes en la concesión de ayudas públicas; el de el propio PP, con el caso Gürtel y Brugal a cuestas, que no ha dado aún de baja a gente como Francisco Utrera, número tres al Senado por Cuenca y comisionista como mediador de la concesión de créditos a la empresa de Ros Rica, por ejemplo...
“Había hecho un bellaco –dice Quevedo en La Hora de todos– una casa de grande ostentación con resabios de palacio y portada sobreescrita de grandes genealogías de piedra. Su dueño era un ladrón que, por debajo de su oficio, había robado el caudal con que la había hecho. […] Cogióle la Hora. […] Quedó desnudo de paredes y en cueros de edificio, y sólo en una esquina quedó la cédula de alquiler que tenía puesta, tan mudada por fuerza de la Hora, que donde decía: ‘Quien quisiere alquilar esta casa vacía, entre, que dentro vive el dueño’, se leía: ‘Quien quisiere alquilar este ladrón, que está vacío de su casa, entre sin llamar, pues la casa no lo estorba’” Quevedo coincide con Unamuno: el más necio, el más ladrón, es el de alquiler, el ocasional, el de quita y pon. No habría contento mayor, siguiendo a don Francisco de Quevedo, que ver cómo los bienes que han hurtado se le restituyen al pueblo por arte de birlibirloque.
La casta política ha conseguido que la democracia se haya convertido en una conquista inferior: la mala gestión de los muy tontos, aficionados a las ganancias rápidas, unida a las tramas urbanísticas y al reconocido oficio del político-comisionista han convertido la gestión en su particular patio de Monipodio de España. El mismo patio que, en origen –como indica Cervantes en Rinconete y Cortadillo– era un “pequeño patio ladrillado, que de puro limpio y aljimifrado parecía que vertía carmín de los más fino”.
Claro, don Miguel: eso era antes de que llegaran los políticos; pero confíe ahí arriba en su vecino don Francisco, que seguro terminará cogiéndolos a todos la Hora.
El artículo demuestra que la historia se repite y que si acudiéramos más a nuestros estudiosos de otras épocas, podríamos anticiparnos a qué nos acontecerá en ésta.
Los ladrones de alquiler y los tontos de capirote son un mal universal y atemporal.
Muy bueno.
como siempre, la clase media somos los que pagamos por todos...
Martes, 29 de mayo
David Felipe Arranz
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Julián Moreno Mestre
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Juan Luis Recio
Paulino Toribio
Ángel Sáez García
Peio Sánchez Rodríguez
José Donís Català
Chris Gonzalez -Mora
José Pómez