Cuando se cumplen siete años del asesinato del periodista José Couso en Bagdad junto a otros dos compañeros por las fuerzas militares estadounidenses, se acaba de confirmar la peor de las noticias: la activista británica Linda Norgrove que trabajaba en Afganistán en una agencia humanitaria norteamericana ha muerto a manos de las tropas del general David Petraeus, jefe del Ejército de EEUU en la zona.
Uno de los soldados del comando de las Fuerzas Especiales de los Estados Unidos que trataba de rescatar a Norgrove tras la orden del ministro de Exteriores británico, William Hague, lanzó una granada al edificio donde se sabía a ciencia cierta que se encontraba la rehén. ¿Cabe error humano posible? El soldado arrojó la granada exactamente a la habitación de la casa donde la cooperante se encontraba retenida, una civil que, probablemente, sabía demasiado. La muerte de Norgrove se suma a los “errores”, “daños colaterales” y otros eufemismos relativos a ataques aéreos y bombardeos sobre la población civil, perpetrados por los aliados de la operación Mushtarak.
La agencia para la que trabajaba Norgrove, que había destacado como cooperante en Uganda, luchaba por desarticular el control de los campos afganos de opio, extraído de las amapolas en la provincia de Kunar y otros peligrosos emplazamientos del sureste de Afganistán, dominados por bandas locales y grupos de soldados de fortuna que se están enriqueciendo a costa de la explotación del campesinado y el tráfico de estupefacientes con Occidente. La agencia trabajaba como avanzadilla de inteligencia de los marines norteamericanos y los soldados ingleses y la joven escocesa de intachable trayectoria, junto a tres miembros afganos de su equipo –de entre doscientas personas– y que fueron después liberados, había salido en coche de Jalalabad para inaugurar un nuevo proyecto de irrigación.
El objetivo del proyecto no era otro que los campesinos afganos dedicaran sus tierras de cultivo a alimentos, una alternativa al lucrativo mercado de las plantaciones de amapolas que financian a los guerrilleros talibanes. En esta fase de negociación civil de la operación amapola algo salió mal y su vehículo fue abordado por un grupo talibán que la secuestró con el fin de intercambiarla por la científica paquistaní Aafia Siddiqui, encarcelada el pasado mes y condenada a 86 años de prisión por idear un plan para asesinar a ciudadanos estadounidenses.
En un área controlada por el ejército estadounidense, según reconocen los responsables militares de la zona, ¿quién y por qué dio la orden de asaltar la casa con granadas donde se sabía con toda certeza que se encontraba la cooperante? El apoyo para la toma de esa decisión de la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad, la misión militar de la OTAN en Afganistán, ha resultado decisivo. Por otro lado, sabemos ya de las escalofriantes conexiones entre los guerrilleros talibanes y las agencias privadas de seguridad norteamericanas contratadas por el Gobierno de Estados Unidos con el dinero de los contribuyentes: éstos pagan a los terroristas para “proteger” determinadas zonas; incluso conocemos de compañías afganas dirigidas por ex talibanes, como la que dirige el primo del presidente de aquel castigado país, el corrupto Karzai, una de la que obtiene mayores beneficios del avispero mortal en que se ha convertido el territorio.
Es obvio que parte de estas empresas de seguridad norteamericano-afganas acordonan las rutas de la droga que llegan a los países "desarrollados". Las mismas que estaba investigando Linda Norgrove, súbdita y luchadora cuya muerte, según acaba de reconocer el Gobierno británico, se debe a una granada lanzada por error por un soldado norteamericano tras la negativa de los norteamericanos a establecer una negociación, según han revelado líderes talibanes a la cadena BBC. La verdad muy pocos la conocen, aunque va tomando forma: Norgrove conocía como nadie el entramado de estas rutas del opio y la heroína y, evidentemente, se había vuelto muy incómoda.
¿Quién es el responsable de ese oportuno “fallo de rescate”, en mitad de un secuestro? Al presidente Barack Obama, el más cool de la historia de la presidencia en Estados Unidos, le concedieron el pasado año el Premio Nobel de la Paz: habría que preguntárselo a él cuando deposite un ramo de amapolas sobre la tumba de Linda Norgrove; seguro que al templado dignatario no le tiembla el pulso.
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Es terrible pensar que vivimos en un mundo en el que hay demasiados "daños colaterales" y en el que todos asumimos que aquellos que nos gobiernan no nos dicen toda la verdad.
Buen artículo, magister. De todos modos, yo creo que, suspicacias aparte, este luctuoso suceso se debe a algo ya por desgracia conocido: que las tropas de EEUU, especialmente los marines, utilizan la cabeza sólo para ponerse el casco...Son "bersekers" armados hasta los dientes que no entienden de planificaciones ni de mesura. Lo cual me recuerda al genial poema "Ser y estar" de Mario Benedetti, uno de cuyos versos rezaba: "en cambio / un hombre está listo / cuando ustedes / oh marine / oh boy / aparecen en el horizonte / para inyectarle democracia".
Esto debe de acabar, una cosa es que lo ignoremos y otra que siendo conscientes de la situación, nos hagan "cómplices" de la situación. No se puede consentir "tener sospechas" hay que ir al fondo de la verdad y atajar y desarticular estas fechorias.
Tantos casos donde periodistas son misteriosamente abatidos, donde hermanas de la paz de ONG desaparecidas, donde los gobiernos callan....en la guerra vale todo... pero claro, la felicidad es la ignorancia y así seguiremos como paletos que somos por los siglos de los siglos
Qué horror de mundo, me parece increíble que estén pasando estas cosas. Otra vida más truncada por el dinero que mueve la droga. La política está totalmente corrupta. Estos americanos son la pera.
Martes, 29 de mayo
David Felipe Arranz
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Julián Moreno Mestre
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Juan Luis Recio
Paulino Toribio
Ángel Sáez García
Peio Sánchez Rodríguez
José Donís Català
Chris Gonzalez -Mora
José Pómez