El chitón de David Felipe Arranz

In Memoriam Julián Lago

09.08.10 | 14:33. Archivado en Cultura y actualidad
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Me llega su voz desde Simón Bolívar, cuando se cumple un año de su partida, cuando las fuerzas le fallaron después de dos meses y medio en un coma profundo del que luchaba por volver, tras ser atropellado brutalmente por un veinteañero en una moto, responsable de una muerte de la que ha salido impune. ¿Qué es el periodismo, Julián? “Una mentira, el oropel de una farsa, la misma noticia de agencia, aséptica, publicada por todos los medios”. Pero, Julián, tú te consagraste a esta profesión como si se tratase de un sacerdocio. “Sí, hace cuarenta años, cuando uno podía salir por la mañana en busca de la noticia”.

Creo que, como en el poema de César Vallejo, Julián Lago, a pesar de anunciarme su regreso a Madrid en otoño, sabía que moriría en Paraguay “con aguacero, / un día del cual tengo ya el recuerdo”, tras haberse bebido la vida a grandes sorbos. “Mira, es el periodismo el que me ha dejado a mí, no yo al periodismo: ahora me llama la literatura y a ella me quiero consagrar”. Y el muñidor de metáforas se esmeraba en cincelar cuantos poemas le era posible, lejanas ya las tormentas de su accidentada salida como columnista de La Razón en abril de 2005 tras la falaz denuncia de su ex valenciana y el dañino informe del delegado en la Comunidad Valenciana a la dirección del rotativo en Madrid, ejercida por entonces por José Alejandro Vara, a la que se sumó, por el mismo inverosímil motivo, la negativa de Curry Valenzuela –quien en otro tiempo se ganaba los garbanzos gracias a Julián en los semanarios que él dirigía– para que Julián continuara en “Alto y claro” de Telemadrid. Los programas que entonces dirigía en Canal 9 (RTVV) también se vieron afectados y, finalmente, cancelados.

Visité a un Julián desolado y atormentado en Valencia, tras una reciente y complicada operación de corazón: el encontronazo con un tornado con nombre de mujer le había dejado el cuerpo lleno de heridas y una lanzada mortal y envenenada en los medios de comunicación ya indicados, el sustento de Julián. Advertí en él un silencio grave, el comienzo de una decepción en lo personal y en lo profesional, aliviado por los buenos ratos con periodistas de temple noble como Paco Cañamero, que culminó con el doble naufragio en Salamanca como director de la Tribuna de Salamanca y su frustrado intento de iniciar una nueva vida amorosa, pues la otra parte, con la moda como profesión, entendía la pareja en sentido multitudinario.

Intereconomía y El adelanto de Salamanca constituyeron sus dos últimas tribunas: el camino del periodismo se volvía cada vez más angosto para el paso de las libertades informativas que practicaba Julián y sus ojos soñaban con más insistencia en el paraíso en la Tierra: “tiene que haber un lugar donde uno pueda ser feliz: Madrid ya no es lo que era, es todo mentira, aquí sólo se hace prensa de partido”. Volvía los ojos y todo lo vivido se le agolpaba en la mirada de hombre sincero, con la esperanza de ver nacer de los escombros la mariposa de la poesía, cubierto aún por la marejada amarilla de la decepción. Isabelo Herreros, Antonio Trujillo, Juan Adriansens, Jaime Peñafiel o Alberto Recarte... eran algunos de los pocos compañeros de la profesión con los que se sentía verdaderamente a gusto.

Pendiente en los últimos tiempos del más pequeño de sus tres hijos, Pablo, habiendo volado ya hace muchos años los dos hermanos mayores a quienes siempre tenía presentes en su corazón, Julián quería vivir junto a él un mundo mejor, pues se buscaba en él, reconociéndose en gestos y en palabras, y me hablaba constantemente de sus evoluciones personales y en los estudios. “No le dejo que haga periodismo, como han hecho sus hermanos, porque no hay futuro en la profesión”. Era la realidad deseada de Julián, un cuerpo de centella que quería salir de sí, arder con el mundo y buscar una sola verdad; y me recitaba los versos de Antonio Machado: “Tu verdad no; la verdad / y ven conmigo a buscarla. / La tuya, guárdatela”. Fue su vida verdad, sí, pero también error, y a pesar de todo encontró su Edén en Paraguay, por poco tiempo.

Los entresijos de la Casa Real, los tejedores de telarañas de la clase política y el desastre económico que se avecinaba, quedaban muy lejos: “Yo desayuno a las seis de la mañana y leo el Última hora: aquí, como en España, todos los políticos son unos corruptos; no hay seguridad, la gente se mata por las lindes de las tierras, se inhuman los restos de forma clandestina y aquí no ha pasado nada”. Absolutamente conmovido por la pobreza del país, Julián se volcaba con los menos pudientes –“con el equivalente a 16 euros come toda una familia”– y preparaba un ensayo sobre la realidad política del Gobierno de Fernando Lugo: "estoy leyendo los dos tomos de Los primeros presidentes de Paraguay". Además, sus planes docentes estaban cada vez más cerca: “A cien metros se encuentra el Colegio Simón Bolívar: los niños podrán leer en la biblioteca que quiero construir en la finca La Morocha, yo les voy a enseñar todo lo que sé”, tarea que iba a desarrollar en una biblioteca planificada con sus propios libros. Allí, una familia de indios sencillos constituía el pilar afectivo que no encontró en España y con ellos aprendió a decir rohayhu kuñataî, “te quiero” en tupí-guaraní. “Quiero ser ganadero como el abuelo Baltasar; me acuerdo mucho de él y de la abuela Felipa, y de mis padres”. A las 16:30 toreaba los terneritos en la finca. “Adoro la lluvia, es como si fuera arrastrado por ella con el resto de la naturaleza, siguiendo a la tierra”.

Atrás quedaban las palabras en tinta negra que lo encumbraron como líder de opinión y referente ecuánime en la Transición española, arrancadas ya las máscaras de la apariencia mediática; más atrás aún quedaba "La máquina de la verdad", una anécdota de la que muy pocas veces hablaba, si no era forzado por su interlocutor: paradójicamente, el programa que lo había convertido en un periodista archipopular no le había dejado huella alguna. Julián se llevó consigo muchos secretos y encontró la salida en el poema y en la selva, en el amor de las gentes sencillas. Ahora su pensamiento se vuelve indeleble y certero: la maestría de la entrevista en La España transitiva. La confesión de 90 políticos, del búnker a la oposición (Dopesa, 1976); la perseguida verdad que latía reprimida bajo el Régimen en Las contramemorias de Franco. La verdad de sus conversaciones privadas (Zeta, 1977); la desconocida Rusia de la perestroika en Bajo el volcán de Moscú (Planeta, 1992); y el desnudamiento del yo y de la realidad española de los últimos años en Un hombre solo. Casi unas memorias (Styria, 2008).

Hace un año que se marchó y nos legó un mensaje de una patria siempre ajena, los signos entrelazados en las hojas de sus libros y cartas del director y entrevistas fijadas en las páginas siempre cambiantes de la actualidad. Sin embargo, sus palabras permanecen inalterables, ajenas al miedo de la rectificación.

6 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por jose maria bartol espinosa (de Tanger) 23.08.10 | 22:08

    Excelente articulo, que expresa con el corazon todo lo que quiere decir .
    hecho de menos a Julian, especialmente sus descaradas intervenciones en el Gato al agua, tal vez con alguna copita de mas para calentarse la boca y poder decir todas las verdades crueles y terribles de nuestra miserable clase politica.
    No lo pudo traer ni el avion del Pocero, tal vez ya tenia pactado entrevistarse con Dios.

  • Comentario por Penelope 11.08.10 | 19:59

    Julián era una gran persona, su encarnizada lucha contra el relativismo moral fue una constante en los últimos años de su vida, pues fue un fiel guardián de la verdad y huía de la hipocresía.
    Cuánto dio a España periodísticamente y qué poco recibió en los últimos años.
    Siempre lo tendremos en el recuerdo como una magnífica persona y magnánime periodista que utilizaba ese humor fino e inteligente en todas sus argumentaciones.

  • Comentario por Dorothy 11.08.10 | 12:00


    Cuando la vida se detiene,
    se escribe lo pasado o lo imposible
    para que los demás vivan aquello
    que ya vivió (o que no vivió) el poeta.
    Él no puede dar vino,
    nostalgia a los demás: sólo palabras.
    Si les pudiese dar acción...



  • Comentario por HEIMDALL 09.08.10 | 22:46

    Gran artículo para hacer justicia a una gran profesional y mejor persona. Julián Lago tuvo, tiene y tendrá el honor de no ser como el resto de periodistas y la fortuna de no ser recordado como ellos. Y este artículo es un buen ejemplo de ello. Su único compromiso era con la verdad y su única premisa, la ética. Buenas alforjas para transitar la senda de la excelencia pero difíciles de llevar en el camino de una vida como ésta, una sociedad como la nuestra, un país como España y una profesión, la de Periodista, donde abundan los necios, arribistas, caines, trepas, lamenalgas, chaqueteros, voceros y panfleteros.
    Decía que es un gran artículo, pero es que quien lo escribe, tiene la suerte de no sólo tener de Julián el apellido.
    Olé, señor David Arranz Lago.

  • Comentario por Antonia 09.08.10 | 16:14

    Me hubiera encantado conocerte en persona, Julián. Échanos una mano desde arriba para luchar contra el periodismo low cost que tanto daño está haciendo a nuestra sociedad y para dar un empujón a esos pocos pero buenos amantes de la Verdad, como lo fuiste tú. Esta profesión merece ser repensada y el periodista volver a ocupar el rango de narrador independiente de hechos, valiente investigador aferrado a la actualidad, y fiel defensor de las causas nobles, en una realidad tan distorsionada por los valores de usar y tirar y la falta de rigor. Hasta siempre.

  • Comentario por RAFAEL BRENES ARAUJO 09.08.10 | 15:14

    COMO NOS ACORDAMOS Y NOS ACORDAREMOS SIEMPRE DE JULIAN. QUE ESTARIA DICIENDO EN ESTOS MOMENTOS TAN COMPLICADOS DE LA ACTUALIDAD ESPAÑOLA???... ME LO IMAGINO.....

    SIN EL, LAS TERTULIAS DEL GATO AL AGUA, SU ULTIMO REFUGIO TELEVISIVO, ESTAN HUERFANAS DE UN PERSONAJE TAN ADMIRABLE COMO JULIAN.....

    ESPERO QUE ESTE DONDE ESTE, SEA MUCHISIMO MAS FELIZ DE LO QUE NO PUDO SER EN ESTE MALDITO MUNDO.....

    UN ABRASO Y UN SALUDO Y MI AFECTO JULIAN.....

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