La actualidad a veces sorprende gratamente y uno puede desayunarse con agradables sorpresas que emergen a pocos metros del coso de las mentiras, ese edificio custodiado por dos leones de bronce, Daoíz y Velarde, que no se mueven por miedo a la caterva de mentirosos y oportunistas que dormitan y tiran de la levita de su líder cada día en las Cortes. Pues bien, del suelo, cruzando la calle, emergió discreta una misteriosa caja llena de secretos, como escapada de un cuento, una semana antes de Navidad. Pero aquello no mereció el interés de nuestra casta política, más pendiente de dirimir quién va a disponer del pedazo de tarta de los impuestos de los ciudadanos para el propio medro.
Ellos dicen que han abandonado la banda terrorista ETA, que disienten del brazo político y que están “arrepentidos”; por eso, la dirección general de Instituciones Penitenciarias les está concediendo permisos para salir entre semana para trabajar o estudiar (imaginamos que derechos humanos). Los presos con penas a sus espaldas de cientos de años, responsables de aniquilar cuantas vidas se les ha antojado llevarse por delante y del mal inconmensurable que han causado a más de 900 personas que yacen bajo tierra y a miles de familias enteras, quieren ver a sus padres, hermanos e hijos. La primera víctima de ETA fue Begoña Urroz, una bebé de 22 meses, asesinada en 1960.
Esta tarde me he encontrado en la plaza de Callao, delante de unos conocidos almacenes, a una anciana elegantemente vestida que tocaba el violín de manera magistral, ante el asombro de los urbanitas que se detenían embelesados. Es evidente que la mujer era una virtuosa a la que la crisis había golpeado con dureza al punto de verse obligada a depender de la buena voluntad de la gente. No tocaba la clásica pieza de Vivaldi, con su torrente de estaciones que se suceden, sino un pasaje que requería de una gran pericia, perteneciente a la obra de Astor Piazzola.
Sin duda estamos ante un fenómeno social que desborda y excede todos los pronósticos sociales y antropológicos. Los aficionados resuelven el enigma de la adhesión universal a este deporte con un simple “fútbol es fútbol”, pero sin duda es más que eso. Su popularidad sin competencia con ningún otro deporte, sus ingredientes característicos –una mezcla de azar y de aparente simpleza– y el arrastre masivo de millones de personas que se unen para vitorear los éxitos de una selección, merecen una mínima reflexión, más allá de las filias y las fobias concitadas en torno al balompié.
Debo de estar viviendo en una realidad paralela. La ministra de Medio Ambiente Elena Espinosa ha declarado hoy a los medios de comunicación que va a pedir que se active una veda para el pulpo Paul del acuarium de Oberhausen, "para que no se lo coman los alemanes". El cefalópodo fue capaz de predecir, al parecer, el triunfo de nuestra selección en el Mundial sudafricano. La ministra estaba muy contenta con su pulpo: el pulpo y la ministra, la ministra y la anécdota el pulpo listo y "jugón" del tiquitaca.
Martes, 29 de mayo
David Felipe Arranz
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Julián Moreno Mestre
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Juan Luis Recio
Paulino Toribio
Ángel Sáez García
Peio Sánchez Rodríguez
José Donís Català
Chris Gonzalez -Mora
José Pómez