"Odio a España desde siempre", acaba de afirmar Rafael Sánchez Ferlosio, quizá el escritor vivo, junto a Miguel Delibes y Juan Goytisolo, más importante de nuestra lengua. Es, para decirlo con firmeza, el autor con vida más representativo de la literatura escrita en lengua española. El Jarama (1955) es otro Quijote, textos deturpados y masacrados por profesores incompetentes y sin vocación en las clases de lengua y literatura de la enseñanza primaria y secundaria porque aparecen como lectura obligatoria en los planes de estudio. Nada más. Es lógico que Ferlosio, en la reciente presentación de su último trabajo, God & Gun. Apuntes de polemología, odie a España, tanto como han hecho abominar de su obra a generaciones de jóvenes lectores, que no han llegado a comprender el alcance y la importancia de este concienzudo aldabonazo a las clases urbanitas.
Delibes acababa de escribir Diario de un cazador, Elena Quiroga La enferma, Cela La catira y Juan Antonio Zunzunegui La vida como es y la novela española terminaba su despegue de posguerra desde 1945: en la década de los años cincuenta del pasado siglo (qué lejos queda ya), junto a la literatura de la guerra que florecía en el exilio (Max Aub, Arturo Barea, Ramón J. Sender), proliferó el realismo en nuestras fronteras. Sánchez Ferlosio recoge en El Jarama un diálogo de sordos entre los urbanitas y las gentes de provincias, con una evidente defensa y alabanza de estas últimas.
La muerte espera en el río Jarama a los jóvenes de una forma seca, brusca, fría, a su paso por San Fernando de Henares. Lucita se ahoga en un “hipo angosto”. El escalpelo de la crónica social hace su entrada por la puerta grande y el hijo de Rafael Sánchez Mazas se convierte en un referente ineludible, cuatro años después de que su padre publicara La vida nueva de Pedrito de Andía, la extraordinaria reconstrucción del Bilbao de entreguerras. De hecho, hay que leer las dos novelas seguidas, en justa correspondencia cronológica.
A Sánchez Ferlosio no le gustaba aquella España de domingueros y señoritos frívolos que invadían el merendero y el bar de Mauricio, que irrumpían con su algarabía en el sacrosanto espacio rural, cuando aún no estaba roto con el puñal de la urbe contaminada y los lugareños no sabían tanto de las miserias de Madrid como ahora se conocen: Madrid, cielo e infierno, cocedero de frustraciones y humilladero de voluntades. Madrid, metonimia hispánica de un país donde se junta la paella dominguera con el tropiezo de la prisa por ver lo que ocurre en el seno de los otros, como en la novela de Ferlosio.
Medio siglo después, a Rafael Sánchez Ferlosio sigue sin gustarle España. A la vista de lo que hay, habría que plantearse –más allá del titular de la sección de cultura y la actitud polémica del escritor ya anunciada en el título de su última publicación— que quizá, maestro, tengas razón.
Reconozco que no he leído mucho a Sánchez Ferlosio -algo más a Delibes, José Luis Sampedro, Carmen Martín Gaite, etc- entre otras razones por la densidad de sus textos, que exige una digestión prolongada; aun así me atrae este último libro suyo. Una pregunta: ¿qué es eso de textos "deturpados"?
Viernes, 27 de noviembre
David Felipe Arranz
Siro López
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Alicia Antolín de la Hoz
Ángel Sáez García
Juan Fernandez Krohn
Marie-José Martin Delic Karavelic
Padre Fortea
Juan Luis Recio
José Donís Català
Antonio García Fuentes