El chitón de las tarabillas

Dolor para recordar

26.08.08 | 10:39. Archivado en Cultura y actualidad
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Son falsas a todas luces las seguridades que se ha creado la sociedad del conocimiento, acaso la más vulnerable, sujeta quizá a un apagón tecnológico mundial o a una catástrofe nuclear. La sociedad potencialmente catastrófica –que no catastrofista, al contrario– piensa globalmente y su dolor se ve intensificado al comprobar que las negligencias se pagan más caras que nunca. Somos enanos a hombros de gigantes, decía un adagio medieval: en plena era de la información, nos sentimos más indefensos y pequeños que nunca. Heridos en nuestro orgullo tecnológico, hemos visto cómo la vida de 154 personas se nos ha escapado entre los dedos en el interior de un “milagro” aeronáutico al que se le restaba presupuesto.

Ahora, a las interpretaciones de los ingenieros, se une el escandaloso descubrimiento de que el sistema de reversa –el de frenado– se activó en pleno despegue en el motor derecho. El avión estaba tocado de muerte y el uso imprudente de la ciencia se ha saldado con un accidente y ha sembrado de espanto, de miedo, de sorpresa el sentir colectivo de los españoles. La confianza se ha tornado en sospecha y la compañía aérea del avión siniestrado comienza a cancelar sus vuelos al mínimo indicio de disfunción; qué casualidad, ahora precisamente tantos vuelos cancelados: ¿por qué no lo había hecho antes?

En una sociedad que hemos hecho más vulnerable a fuerza de avance científico, descuidando los más elementales principios éticos, resulta difícil encontrar ya un asidero firme. Es intolerable que algunos aviones hayan despegado sin la seguridad básica, cuando los técnicos y pilotos conocían el estado del aeroplano: ayer, un inspector de vuelo de Aviación Civil declaraba que había compañías que eran plenamente conscientes de que ponían en peligro la seguridad del pasaje al permitir el despegue de su flota en inaceptables condiciones.

Efectivamente, el poder de las compañías aéreas sobre la Administración es grande y todo apunta a que están realizando una política de reducción de gastos en reparación, que incluye actos vandálicos tan cutres como la continuidad de uso de un motor que se recalienta, los cuatro vuelos con un solo motor de cierto avión de una compañía que no es la afectada por el accidente precisamente o el “sellado” de las fisuras en la panza de otra aeronave con papel plastificado y pegamento. Ayer, otro avión procedente de Bristol que volaba a Girona se despresurizó y hubo de descender 8.000 metros en cinco minutos hasta hacer un aterrizaje forzoso en Limoges: los oídos no lo pudieron soportar y dieciséis personas fueron hospitalizadas. Las causas son desconocidas, pero apostaría lo que fuera a que alguien lo sabe y muy bien.

Dejo una nota: los juguetes y muñecos que pertenecían a los niños que volaban a las Islas Afortunadas esparcidos por la tierra calcinada por el queroseno. Toda la dignidad humana e incluso nuestro propio futuro como especie no sólo depende de la inteligencia, sino de un pensamiento ético. Las compañías de vuelos civiles, cuya carga son vidas humanas y su preocupación principal debería ser la preservación a ultranza de esa vida, están demostrando un desprecio absoluto por su pasaje y una preocupación por abaratar costes incluso al inconmensurable precio de la muerte. No sabemos aplicar el principio de complementariedad: ahora la acción no se equilibra con el pensamiento, sino que lo sustituye.

Es este desprecio el que hace que nos preguntemos si nuestra sociedad del conocimiento –qué paradoja– está empezando a retrotraerse al siglo XIX, cuando los sindicatos lucharon para hacer valer las vidas de las gentes que en ellas trabajaban; pero ésta es ya otra historia. Cuando Oppenheimer probó la primera bomba atómica en Nuevo México, escribió: “ahora me he convertido en la Muerte, destructora de mundos”. La cita pertenecía al Mahabahrata, la epopeya hindú que aún hoy se cuenta a los niños indios para ayudarlos a estructurar un pensamiento ético. Aquí, en Occidente, nuestros niños se van a la cama con un vaso de leche: eso de los cuentos es una ñoñería.

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2 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por Dorothy 30.08.08 | 03:51

    Los peores vaticinios descritos en Un Mundo Feliz de Aldous Huxley se están cumpliendo, y es que en pleno s.XXI seguimos sin entender que el cambio realmente revolucionario deberá lograrse, no en el mundo externo, sino en el interior de los seres humanos, por eso todo avance científico no sirve para aproximarnos a la estabilidad social porque no se ha interiorizado como revolución personal. Los civiles hemos sido educados en el consumo compulsivo, y nos han distraído hasta el punto de haber logrado desconectarnos de nuestro pensamiento, de olvidar tal vez de nuestro fin último. Parece que nos resignamos a vivir en una cadena de montaje… ahora que cuando esta se colapsa se paga caro: muere gente. Deberíamos aprender de pequeños pueblos indígenas...organizarnos en imperceptibles tribus urbanas... provocar fisuras al sistema hasta debilitar su corazón que bombea a golpe de Visa… recordaríamos lo que es ser y vivir como humano, no como autómata.


  • Comentario por Juana 26.08.08 | 13:37

    En primer lugar dar mi más sincero pésame a los familiares de las víctimas. Estoy de acuerdo, Davis, en que el problema radica en un tema ético. Las empresas de vuelo sólo se dedican a reducir costes para obtener beneficios. Spanair ha estado reduciendo costes explícitamente lo ha hecho su departamento de RRHH con una reducción de un elevado número de su plantilla, no sé hasta que punto han hecho correctamente la revisión de los aviones, pero que ha reducido costes es una evidencia y lo que no sabemos es si han reducido técnicos.
    Una catástrofe de esta índole es brutal en el siglo en que vivimos. Las grandes multinacionles están haciendo que el ser humano degenere en el primigenio estado de barbarie, como diría Max Horkheimer en La Dialéctica de la Ilustración: "hemos sustituido el reino de las personas por el de las cosas, ya no interesa el para qué, sino el dominar",. En resumidas cuentas nos hallamos sin una ética,... todo esto pasará y los familiares no levantarán cabeza. Áni...

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