El chitón de las tarabillas

La estrategia del olimpismo

18.08.08 | 12:02. Archivado en Cultura y actualidad
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El entusiasmo colectivo en una sociedad desilusionada, la agrupación bajo una bandera en un tiempo de individualismos y no de colectividades, la simplificación lingüística del periodismo deportivo –“igualó la mejor marca de la historia”, “segundo oro español”, “le toca al tenis vivir su gran día”, “disputar la final”—, la retransmisión de una emoción impostada que se hace grito en las ondas… El olimpismo estival y festivalero invade las horas a través de los medios.

La omnipresencia de la retórica de los cuerpos perfectos y la sustitución de la materia informativa por los azares del deporte que se suceden en un estadio olímpico chino. Afortunadamente, todo pasará, y este alejamiento orquestado de los verdaderos problemas que amenazan con engullir al ciudadano medio, el mismo que consume con fruición e incluso con deleite el relato deportivo, llegará a su fin muy pronto. Nada habrá cambiado, salvo para un puñado de profesionales de elite, que habrán entrado en los libros de historia… del deporte.
Siempre ha habido por parte del Poder una manera fácil de concitar atenciones y voluntades a través de la fabricación de ídolos, héroes inmortales y titanes en un tiempo en el que escasean y el Olimpo atlético los proporciona a docenas ad hoc.

Los deportistas se autodefinen como “el número uno” (por ejemplo, el jamaicano Usian Bolt), “destrozan récords”, obtienen “una centésima para la eternidad”, se “pulen” al contrario, son sometidos a un duro “marcaje”, son considerados como seres “intocables y espectaculares” o “despiertan al gigante” de otras naciones competidoras. Es tan obvia la retórica del tiempo líquido que en la misma licuefacción del discurso se encuentra la autoinculpación de toda una sociedad anestesiada, alimentada con el suero de las ilusiones ajenas de plusmarquistas internacionales que llevan la bandera de su país pegada en la camiseta. El espejo de la televisión es tentador o acaso el único en el que pueden mirarse cada día millones de vidas agostadas por una sociedad cretinizada.

No pienso compartir este entusiasmo por el olimpismo de reyes y la clase política: lo siento. Me interesan más otros temas, como por ejemplo la corrupción o el origen de las cuentas multimillonarias de los dirigentes del Estado. La narcosis colectiva de la celebración atlética bajo el paraguas de un gobierno, el chino, grita de júbilo con la masacre consentida del Tíbet o la práctica del genocidio. Millares de aplausos se suceden y el cineasta Zhang Yimou –que no es muy querido en el Free Tibet Festival– ha preparado la inauguración en Beijing. Europa y Estados Unidos se han unido al exultante triunfo de China sobre el budismo milenario bajo la mascarada de un deporte compartido.

Más miseria, más de lo mismo. La continua emisión del certamen esa una aprobación tácita de una conducta aberrante: desde Esparta hasta la Alemania nazi, olimpismo y confrontación bélica han ido de la mano. Igual da ver a los maoíes masacrando lamas en los monasterios budistas que a las tropas nazis ejecutando a los judíos refugiados en las sinagogas. Ni a la UE ni a Estados Unidos, en un momento de recesión mundial, les interesa señalar con el dedo acusador a China, responsable de una buena parte del equilibrio oriental de la economía global: tentar al gran dragón rojo que camina con paso decidido hacia el capitalismo vendría a ser para Occidente algo así como firmar su sentencia de muerte económica.

Dejemos, pues, que los deportes hagan su labor de maquillaje y su ejercicio de falsa democracia: es el trabajo sucio que les toca. Es, como diría Deleuze, la eficacia extrema del deporte, su capacidad para amoldarse a todo tipo de espacios y situaciones y servir a las causas más insólitas en virtud de esa dinámica, de su gran valor como herramienta. Apagar el receptor se convierte en una cuestión de higiene mental.

1 comentario


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Comentarios
  • Comentario por Estrella 20.08.08 | 13:47

    Sí, la verdad que más valiera que nos informaran de otro tipo de asuntos que conciernes más a nuestra vida cotidiana. No digo que las Olimpiadas estén mal, pero pordrían informar sobre la situación crítica de españa: escasez de trabajo, salarios bajísimos, subida de gasolina,... los JJOO me parecen una cortina de humo.

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