Amelia Sanz Cabrerizo, profesora de la Universidad Complutense de Madrid, me ha hecho llegar amablemente un volumen que acaba de coordinar, titulado Interculturas / Transliteraturas (Madrid, Arco Libros, 2008), en el que colaboran –además de la profesora Sanz Cabrerizo-- destacados investigadores de todo el mundo, como Jan Neverdeen Pieterse, de la Universidad de Illinois; Wolfgang Welsch, de la Universidad Friedrich Schiller de Jena; Mark I. Millington, de la Universidad de Nottingham; Bernhard Waldenfels, de la UNiversidad de Bochum; etc, quienes se han ocupado del marco teórico de esta cada vez más difundida disciplina.
La transliteratura responde a la globalización, donde todo resulta ser "inter". Frente a la instauración de la diferencia, que a algunos grupos de poder –aunque sea académico– les interesa mantener, surge triunfante el benéfico contagio de las literaturas más allá de las fronteras, el cruce cultural y la hibridación, el mestizaje conciliador, la capacidad de la metáfora de trascender los estrechos mundos mentales de algunos gestores culturales.
Es la hermenéutica de un mundo sin fronteras, la interpenetración de las diferentes culturas y literaturas que se están desarrollando de manera simultánea en todo el orbe lo que le interesa a la transliteratura; en un reciente volumen de Gilles Lipovetsky, La sociedad de la decepción (La société de déception), que acaba de traducir Anagrama, el sociólogo francés toma nota de una sociedad enferma que se ha saciado de todo y a la que ya no le satisface nada. Estamos, en palabras de Lipovetsky, en la era del vacío en las manifestaciones de la vida posmoderna, invadida por un tedio de magnitudes desconocidas en la historia de la humanidad. Frente a la sabiduría del límite propugnada por los filósofos estoicos, la posmodernidad promueve el exceso y para Lipovestky la quiebra sentimental del hombre actual surge precisamente de su incapacidad para dar abasto a todas las demandas que le surgen aquí y allá. Ese hombre en tránsito por un mundo globalizado es el objeto de estudio de la transliteratura, que admite la complejidad, lejos de buscar definiciones totalizadoras, de –en palabras de Sanz Cabrerizo—“una identidad multidimensional fabricada a partir de pertenencias, préstamos y consumos”. Este cauce, que hubiera sido el natural en el ámbito de la literatura comparada, no fue explorado en toda su dimensión.
El comparatismo, cierto es, ha limitado más que desdibujado las fronteras, señalando las diferencias y abordando tangencialmente las concomitancias de una, ya, hiperrealidad en la que las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) generan e impulsan la creación y desdibujan fronteras, el trazado del tercer espacio, el del encuentro entre culturas. "Y es que venimos desde lejos --escribe Sanz--." Queda clara, para los defensores de las transliteraturas, de la frontera como espacio de enriquecimiento poliédrico, "esa múltiple pertenencia del texto literario a los diferentes sistemas de significación". Quien siga aferrado a un entendimiento de la literatura como un fenómeno lineal y unidireccional, seguirá encerrado en su burbuja historicista y limitada: ése es el daño que se nos está haciendo a la filología. Pero la renovación llega por los cauces de grupos como el LEETHI (Literaturas Españolas y Europeas: del Texto al Hipertexto), porque de eso se trata, de llegar a la comprensión de una realidad literaria hipertextual que anticipó, como siempre, Borges.
Bienvenida la propuesta de esta exploración del tercer espacio, del tránsito y del sujeto intercultural, única forma posible de entender no sólo los fenómenos literarios en la era de la Sociedad del Conocimiento, sino al hombre mismo, un ser ante todo no unívoco, sino hecho de relaciones. Y muy probablemente, permítanme la audacia, el enfoque transliterario llevado al ´mabito de la sociología, solventaría la mayor parte de los problemas de los nacionalismos y la inmigración. Si recurriéramos al conocimiento no excluyente y consideráramos que tenemos mucho que aprender de la cultura precolombina o las leyendas galaicoportuguesas, de las narraciones primigenias que cuentan en los pueblos subsaharianos o la poesía en lengua catalana, de la importancia de la épica castellana o los Siglos de Oro --no ya a nivel hispánico, sino paneuropeo-- nos iría a todos mucho mejor.
Con la Globalización estamos viendo en directo el Apocalipsis de la Cultura, siempre y cuando entendamos por Cultura el conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico, o bien el conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.
El intercambio de ideas existe desde el comienzo de los tiempos. El eclecticismo cultural actual no es fusión de culturas, es pura fast-information, desinformación en estado puro.
Lunes, 23 de noviembre
David Felipe Arranz
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Alicia Antolín de la Hoz
Marie-José Martin Delic Karavelic
Luis Antonio González Pérez
Atticus-444
Padre Fortea
José Donís Català
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Julián Moreno Mestre