En la jornada de ayer, Su Majestad la Reina Doña Sofía amadrinó una tortuga boba en el Parque de Zakhintos, en su Grecia natal, y la bautizó con su nombre. El animal, ignorante de encontrarse ante la regia presencia, lejos de celebrar la numerosa prole y descendencia de la Reina o de lanzarse a sus brazos para darle dos besos y unos patucos de punto para los infantes, puso aletas en polvorosa en dirección al agua, acaso a releer en alguna cueva subacuática El origen de las especies (1859), por ver qué capítulo se hubiera saltado.
Al caparazón le han adherido un emisor de GPS, que siguen desde el Palacio Real a través de Internet. No sabemos si el quelonio es republicano, pero a buen seguro que no le hará ninguna gracia que los monárquicos espectadores sepan dónde y con quién anda para que le digan quién es, con ese chapapote cibernético con antena que los amigos de los animales le han pegado a la concha.
Las especies, lee ahora la tortuga Sofía refugiada en su cueva submarina tras el estrés, van variando su evolución en función de los climas, los recursos y las circunstancias de cada lugar. Aquí no, lo de la adaptación no va con nosotros; más bien se nos podría aplicar la teoría de otra obra darwiniana, La variación de los animales y de las plantas bajo la acción de la domesticación (1868), aunque a fuer de sinceros diremos que contamos con más plantas que animales. Lo del triunfo de la razón no se compadece bien con nuestro “¡Viva el Rey!”; sin ir más lejos, rechazamos en su día los avances ilustrados –¿para qué?--, amantes como somos del oscurantismo lóbrego, de la tradición ancestral y de los yugos ajenos. Ahora celebramos 1808, cuando gritábamos “¡Viva Fernando VII!”, el Borbón felón que vendió nuestra democracia y disolvió la Constitución de 1812. Somos así, no podemos evitarlo.
Los españoles hemos evolucionado poco: seguimos sirviendo, manteniendo y pagando reyes; en la Edad Media tenía su sentido, pero mantener una monarquía impuesta por Franco cuando existe un presidente de Gobierno no deja de ser un poético ejercicio de anacronía. A mi, qué quieren que les diga, me duele la sisa que la Agencia Tributaria me hace para que la cada vez más numerosa familia real viaje, compre y disfrute, con un fondo de casi ocho millones de euros, la partida de los Presupuestos Generales del Estado para la Casa Real. La revista Forbes incluyó en abril de 2003 a Don Juan Carlos como el sexto monarca más rico de Europa.
Un rey no democrático en un país que se precia de serlo resulta una contradictio in terminis. Ay, España, la de las decenas de familias en quiebra que se han acogido a la Ley Concursal para no verse en la calle; España, esa tortuga boba mediterránea que pone sus huevos en la playa griega y no gana para comprarlos en la pollería. Mientras, en los salones de Palacio, una docena de chiquillos con la testa coronada alborotan mientras degusta las tortillas.
Fuera, en la calle, hace frío, mucho frío, aunque el verano ya anuncia su abrazo asfixiante e implacable. Si Darwin levantara la cabeza, haría una excepción al evolucionismo.
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PIENSO K LA MONARQUIA AHORA MISMO SOBRA Y SI CREEN LOS POLITICOS K DEBEN ESTAR AHY K PAGUEN LOS IMPUESTOS COMO TODO HIJO DE VECINO, Y K LOS PRINCIPITOS Y LAS INFANTAS K TRABAJEN COMO TODO EL MUNDO Y LETICIA K SE GANE LA VIDA TAMBIEN POR LO MENOS PRESENTANDO EL TELEDIARIO
¡Bravo! No hay duda de que los necios que confunden valor y precio -don Antonio dixit- están obnubilados por la anacrónica y aberrante institución coronada y sus miembros: valen poco, pero cuestan mucho.
Vústrid Kalminari
¡Bravo! No hay duda de que los necios que confunden valor y precio -don Antonio dixit- están obnubilados por la anacrónica y aberrante institución coronada y sus miembros: valen poco, pero cuestan mucho.
Vústrid Kalminari
Al rey se le ha venido perdonando todo en razón del papel histórico que desempeñó en la transición. Pero empieza a caducar esa inmunidad porque es inamisible que en una democracia madura el Rey no tenga que dar cuenta del gasto, porque una cosa es la libre disposición y otra que no se aplique la explicación del gasto. Se mire por donde se mire es una anomalía. La monarquía tiene hoy un déficit democrático ya que a diferencia de lo que pasó en la transición ya no es tan necesaria. Que desaparezca, como otras especies, es cuestión de tiempo.
Va contra natura, mire por donde se mire, que sigamos manteniendo a la casa real: qué trabajen como hacemos los demás.
María, estoy totalmente de acuerdo contigo: pensar en la monarquía produce que te duela España.
David, escribes unos chitones muy interesantes, soy una lectora asidua tuya: no los dejes de escribir.
Ojalá fuéramos como Francia, con la de dinero que se gastaron en la boda de mayo de 2004 se podrían haber hecho cientos de viviendas de protección oficial, ¿hacienda somos todos?
No, hacienda somos todos menos la casa real que la pagamos con nuestro sudor de ir a trabajar cada día a las 6 de la mañana dejando a tu familia e hijos en casa sin poder estar junto a ellos y encima para mantener a infantes, príncipes y demás...
...me duele España
Si Jovellanos, o algún ilustrado levantara la cabeza, que diría...¿años de involución tal vez?
La figura de la casa real está obsoleta, nadie dice que les quiten sus títulos nobiliarios pero sí es de incompreensión que se mantenga por 8 millones de euros, y la gente en la calle muriéndose de hambre,¿hasta donde hemos llegado? ¿No se supone que estamo en el mundo de la civilización avanzada?
Mira la lista Forbes 2007.
Mira a España hace 30 años.
Nada más
Viernes, 17 de febrero
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