El chitón de David Felipe Arranz

La noche de los libros: ni Cervantes ni Shakespeare

24.04.08 | 00:00. Archivado en Cultura y actualidad
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Dicen los políticos, que son los que han inventado -entre otras cosas- el Día del libro, que Cervantes y Shakespeare, las dos figuras más sobresalientes de las letras universales, murieron el mismo día: el 23 de abril. Ni el autor de La Galatea falleció el cacareado Día del libro ni parece -aunque no está confirmado- que el creador de Hamlet lo hiciera en esa fecha: 23, 23, 23... En cualquier caso, qué mas da: ¿quién los lee en el Día del libro? En nuestros pagos es el día del pijama de rayas de John Boyle, el angelical juego de Carlos Ruiz Zafón y el templo marítimo de Ildefonso Falcones.

Los buenos libros se han de leer de noche, si es posible a la luz de una vela, de un candil... como los leía don Quijote. Así es como entran todos los personajes en el alma de los lectores: en silencio, al amor de la lumbre. Ahora se leen en el metro, tapados convenientemente con papel de periódico o de charol -dicen los lectores que es para que no se estropeen, pero la misma función la hacían los clásicos forros transparentes- y una vez leídos, el poso que se supone que deja en el lector se lo lleva el viento... o la sombra del viento, o lo que el levantisco viento tras el marketing intenso se llevó. No voy a restarle valor a la teoría del best seller. En absoluto. Creo que si los grandes éxitos editoriales ayudan a la gente a enriquecer su universo imaginativo, su función está más que justificada; el problema no es la calidad. No entro en un debate que, en el ámbito de la literatura, se mueve por los movedizos terrenos del gusto.

El asunto que puede preocupar es que el legado cuya calidad se encuentra avalada por cientos de años, de cientos de miles de lectores... se ve aplastado, enterrado por el insoportable peso de la levedad del ser del best seller. Ayer fueron los descensos al insondable carácter humano confrontado con la vida en pareja de Milan Kundera o la esencia epitelial del crimen de Patrick Süskind; incluso, la estela abierta por la novela de diseño de Umberto Eco sigue dando pábulo a toda una pléyade de epígonos de la novela histórica cuya breve trama transcurre sobre un fondo de misterio que en nuestros días ha dado el giro hacia lo esotérico y sobrenatural.

También fue Cervantes un zurcidor de retazos que tomaba de aquí y de allá para componer una de las piezas más formidables de la literatura protagonizada por un hidalgo seco y avellanado, un perdedor de la vida y un triunfador de los territorios inexplorados de la imaginación. Porque es hacia esas regiones donde un buen escritor debe enrolar a los marineros lectores para que no abandonen el barco. Volveremos a Región, como la María Timoner de Juan Benet, porque está enmarcada en la cordillera de la buena literatura, la que nace de las entrañas, de la experiencia, de los sueños y de los anhelos.

Qué pronto se comienza a olvidar al delirio de Dan Brown. Ubi sunt?, comenzarán a preguntarse cuantos investiguen el rastro de sus planos personajes. Mientras, a lo lejos y en lontananza, se adivinan dos figuras, una, alta y espigada, a lomos de un caballo desmayado; la otra, tendente a la tierra, achaparrada y regordeta, lo hace sobre un borriquillo. Llevan recorriendo las mesetas de la imaginación desde hace cuatrocientos años y siguen más vivos que entonces, cobran una fuerza mayor con cada nueva lectura.

Su autor, Miguel de Cervantes Saavedra, murió de hidropesía en Madrid el 22 de abril de 1616, tras redactar la dedicatoria al Conde de Lemos en Los trabajos de Persiles y Segismunda: "¡Adiós, gracias; adiós, donaires; adiós, regocijados amigos; que yo me voy muriendo, y deseando veros presto contento en la otra vida!". Cervantes no nos dejó cuando decidieron a posteriori los políticos para cuadrar una fecha y hermanarlo con Shakespeare en sus agendas para economizar esfuerzos celebratorios, ni cuando mencionaron su nombre en vano los editores para llenar sus arcas.

Cada día es el día del libro, el milagro de la gran literatura. Que a nadie se le olvide.

1 comentario


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Comentarios
  • Comentario por Villano 24.04.08 | 12:09

    Triunfador, como me siento, de los territorios inexplorados de la imaginación... me pregunto hasta cuándo aguantará mi espada en atravesar a algún que otro "montador quevedesco" (Emilio Linder dixit... por cierto, actúa a las mil maravillas en "Yepeto"), y para cuándo un Cervantes interrogado por su Quijote y un Quijote interrogado por sus compañeros de libro... Ya que la montaña-pueblo no va a Mahoma-libros, deberá ir Mahoma-cine al la montaña-pueblono lector para que lea más.
    Quien tenga oídos para entender...
    Un abrazo.
    Un abrazo.

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