No sé si llamarlo cinismo, hipocresía o ganas de calentar el horno. Que a estas alturas algunos empresarios pidan al Ministerio de Trabajo que se oficialice el Día de la diversión en el trabajo suena a chanza, a grosería, a mofa. Sería la primera vez en la infame historia social de la empresa española que algún directivo se preocupara de la salud mental de sus trabajadores, de promover –qué palabra más emputecida- sus sonrisas. ¿Interesados en la felicidad del trabajador los directivos? Vd. me toma por imbécil, oiga.
Por lo visto, en Estados Unidos han institucionalizado ese día el 1 de abril y ayer veinte trajeados ejecutivos bailaron el “Chiqui-quiqui” frente a la sede ministerial. Paren las mientes un momento en la esotérica combinación: la pegadiza canción que nos representa en Eurovisión, nacida de un sketch televisivo, como telonera de la reivindicación del día de la distensión laboral. Los periódicos están preguntando hoy a sus lectores una simpleza, una bagatela, un capricho: “¿Te diviertes en el trabajo?”. Lo último que nos faltaba era la diversión institucionalizada, funcionarial y corporativa de reunirse en una sala para darse palmas en el recinto laboral con los jefes, que de la palma al palmero, de éste al cocotero y del coco a alguna inicua y alopécica cabeza habría un paso. La lucha de clases y el progreso social reducidos a un burdo chiste. La ludoteca corporativa.
Para que los más pequeños vayan aprendiendo, hay ludotecas infantiles –debería haberlas empresariales, claro– como la de Barcelona en las que mueren los niños contra las paredes de un patinillo, que es un patio minúsculo, como de un metro cuadrado aproximadamente y los muros muy altos, para que los niños no escapen. Me recuerda al patinillo de la prisión de la excelente Instinto (Instinct, 1999), con Anthony Hopkins como el amigo de los gorilas: interminables chimeneas erguidas en cuyo fondo los presidiarios boquean, como los peces.
Ahora, promocionar los valores humanos está de moda y tiene premio. Los Príncipes de las Asturias presidieron en la jornada de ayer la entrega de un Premio a los Valores Humanos. Díganme qué tiene que ver un jesuita y un pianista, los galardonados, con el mundo empresarial: lo que un huevo con una castaña. Imagínense un Premio a los Valores Humanos Empresariales; ¿no advierten una evidente contradictio in terminis en el título?
Volviendo al invento del día de la diversión, que hasta ahora pensaba que se celebraba el 6 de enero o el 28 de diciembre, el problema no es la necesidad de que se busque ese día de la sonrisa, sino que su demanda nazca de su ausencia -está sí institucionalizada- de las oficinas. La reclamación, la consideración de ese día como día en vías de extinción, se produce ahora, no hace cinco años ni diez; ahora, una década después de que en Estados Unidos se haya implantado, país al que vamos a la zaga en todo, hasta en estulticia.
Creo que he dado en el clavo. Me dice mi compañera Silvia Mercader que habría que empezar a hablar no de transexualidad, sino de "transensualidad". Vivan todos los "transensuales" del mundo, pero ojo, los que pasen del desamor al amor (no se equivoquen, ¿eh?). Olé. Ha sido sin querer, “con la lengua”, me dice Silvia refiriéndose a su lapsus linguae. Eso es lo que nos falta: que los empresarios hagan cosas con la lengua en su vida personal. Nos iría a todos mucho mejor. Es la clásica mezcla de humor y conflicto, muy nuestro. Porque lo de la ludoteca oficinista me suena a más de lo mismo: conejos podridos de la chistera ejecutiva. Que todo hermetismo en poesía, como dice Eduardo Jordá, es un fraude y me parece que nos están dando gato por liebre.
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A mí me parece algo a tomar en serio, de hecho no debería de pretender ser algo aislado sino una práctica diaria e incluso obligada a llevar a cabo por todas las corporaciones, así todos seríamos más felices porque nos pasamos trabajando muchas horas de nuestra vida. Es fundamental para la salud personal trabajar en un clima de diversión y distensión, es positivo ayudar por ejemplo a fomentar la creatividad a través del humor para no percibir el trabajo como una carga demasiado pesada de soportar. Digo esto aún suponiendo que la idea de la fiesta haya salido de algún estudio sobre la maximización en la eficiencia en la empresa previo pago de alguna multinacional americana líder en el mercado de los cornflakes, por ejemplo, pero bueno, si ayuda nosotros los “currantes” a reducir nuestro estrés pues bienvenido sea. Ahora que repito que debería ser prolongado en el tiempo y no quedarse en una anecdótica acción anual.
Editor de El Chitón: estoy totalmente de acuerdo con lo que escribes.Ya solo nos falta que el director de turno tenga que hacer un dia al año el imbecil, y con él todos los demas. Ya solo nos falta eso. Yo conozco lugares de trabajo que son un cachondeo permanente, pero cachondeo diario, oye, que no lo digo en broma, y si la gente de la calle los conociese se reirian por no llorar.Eso si que es diversión. Y lo mejor, que esto está inventado en España hace muchos años.
Chaturrín
Martes, 29 de mayo
David Felipe Arranz
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Julián Moreno Mestre
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Juan Luis Recio
Paulino Toribio
Ángel Sáez García
Peio Sánchez Rodríguez
José Donís Català
Chris Gonzalez -Mora
José Pómez