Torquemada toma crema catalana
26.03.08 @ 01:34:06. Archivado en Cultura y actualidad
Todos le daban por muerto aquel 16 de septiembre de 1498, tras haber enviado a la hoguera, dicen algunos historiadores, a más de 2.000 inocentes: a unos, los confesos, se les daba garrote antes de entregarlos a las llamas; a otros, los reincidentes, aquellos que no abjuraban de su fe judía, se les cocinaba vivos. El auto de fe era espectáculo que convocaba a todos los ciudadanos, una gran parafernalia -más infernalia que otra cosa- teatral donde se escenificaban los más horrendos crímenes bendecidos por el brazo secular de la ley. Se llamaba -o se llama- Tomás de Torquemada, de oficio inquisidor y de infelice memoria.
En el Chitón venimos repitiendo como una letanía parecida a la que rezaban entre dientes los que iban a ser ajusticiados que hay que conocer el pasado para encontrar mil y un paralelismos porque la historia está hecha de ciclos que vuelven con tozudez, nacidos del tropiezo de un ser humano que se empeña en dar en la misma piedra, en el mismo tocón, el mismo rodillazo para toda la eternidad. Parece que nos gusta y, en cierto modo, no se nos puede negar un cada vez más acentuado espíritu masoquista que ríanse de los pasos de la Semana Santa. Cada uno busca sus sayones particulares.
Aunque les parezca increíble, como en las páginas más negras del Renacimiento, también en los institutos hay en nuestros días conversos practicantes, “judíos” relapsos que siguen impartiendo a hurtadillas sus asignaturas en castellano. Sí, sí: en castellano. Reunidos en comunidades criptocastellanoparlantes, los profesores amigos de Góngora y García Lorca, de Garcilaso y Cernuda, se ocultan de la consejera de Educación de la Generalitat, que ha creado la figura del “coordinador lingüístico de interculturalidad y de cohesión social”.
Consiste la nueva figurita en la habilitación de dos delegados entre la chiquillería del alumnado para rellenar un cuestionario en el que, responsabilizándose de la verdad en él recogida, reflejen si sus profesores están impartiendo o no las asignaturas en catalán. No es ciencia-ficción: es un cuento de terror medieval, ni siquiera renacentista. Estas parejas de guardias civiles de la lengua menores de edad están a su vez vigilados por un tutor, para que rellenen bien el cuestionario, no se vayan a equivocar.
Ellos, los profes hispanohablantes, sujetos como funcionarios a un régimen disciplinario -en expresión de la propia Consejería- tienen miedo de que se descubra que son bilingües en el aula, pues cualquier niño puede erguirse de la silla señalándolos con el dedo: Ex illis est, ex illis est! En Educación Primaria y en Secundaria pueden ser delatados en cualquier momento. Imagínense si en vez de un “¡Nens, em de cuidar el llenguatge, no pots posar insults!”, se le escapa un “¡¡Os voy a lavar la lengua con jabón!!”, la consejera ya ha empapelado al infortunado hispanohablante converso. Ahora se me vienen a la mente las imágenes de La invasión de los ladrones de cuerpos, cuando los afectados indicaban con el dedo acusador y marciano a los que todavía eran humanos, quienes corrían a buscar refugio y a organizarse en la resistencia. ¿Se acuerdan de Donald Sutherland dando gritos por la calle con la boca desencajada, tras los pocos humanos que iban quedando?
El sistema inquistorial que instituyeron los Reyes Católicos en 1478 y que reafirmó Torquemada se fundamentaba en las delaciones anónimas: cualquiera podía denunciar a un vecino sin necesidad de justificarse ni mucho menos darse a conocer al acusado. Los llamados familiares de la Inquisición coordinaban tales repugnantes actividades y configuraron una poderosísima y temible red de soplones que parecían surgir del Infierno como sombras de resentimiento.
A nadie se le oculta que estamos viviendo un neofeudealismo. Los catalanes más ancianos dicen haber visto redivivo al llamado “Martillo de los herejes”, a Torquemada, degustando crema catalana en los comedores de los colegios e institutos de Cataluña. Eso sí, en el menú se especificaba claramente que la sopa de letras sólo tenía permiso para formar palabras en catalán en el estómago. Supongo que las las vocales y consonantes sobrantes, las que se descomen, se deben de organizar igual.
Y si queda alguna duda, que se lo pregunten al caganer, que exonera el vientre en catalán... y en la intimidad. O eso cree el caganer, porque habrá un par de chivatos pecosos observando el estreñimiento y calificándolo en un bloc.
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Igual que cuando la inquisicion.
Igual que la persecucion de los judios en el nacismo.
Igual que las fatuas musulmanas contra todo lo que se mueve.
No tenemos remedio.
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