La organización espacial en el ámbito del trabajo singulariza a los individuos. Nada es inocente y cada acción se encuentra revestida de significado: no se equivoquen. El hombre delinque hasta cuando duerme. Recurriendo a la semiótica, podemos atisbar fácilmente el sistema binario de signos que articulan las redes organizativas y culturales de los recintos laborales, esas cárceles disimuladas: como diría Foucault, en torno a las microestructuras de poder edificadas sobre el concepto de premio y castigo. Fueron las prisiones y las escuelas en el siglo XVIII las que llamaron su atención: hoy, nuestro Estado de bienestar provocaría en él un inmenso disfrute analítico… “Cuánto comportamiento patológico”, diría el autor de Las palabras y las cosas.
La luz estimula la actividad toda del individuo; se sigue utilizando la expresión en la jerga de la delincuencia “estar a la sombra” para referirse a un sujeto que aún cumple condena. Los espacios están hechos de luces y sombras y habitados, respectivamente, por los tocados con el favor y los caídos en desgracia. Cuando los méritos profesionales o académicos dejan de construir el perfil personal de los individuos y a estos les sustituyen “otros”, la filosofía prosaica de la ventana descubre un entramado de significados ocultos que emergen, si se sabe mirar bien, para señalar con un haz de luz clarividente. ¡Ah, el privilegio de mirar a través de los cristales y contemplar el latido de la humanidad, como un pequeño hormiguero al que asomar nuestra anhelada grandeza! Me acuerdo mucho de las imágenes surrealistas de Buñuel: las hormigas y los hombres… o a la inversa, qué más da.
Pero cuidado con la ventana. La atracción del abismo, que diría el filósofo Rafael Argullol, siempre permanece en lo más recóndito del alma humana. La náusea de Sartre que sintió años atrás La Regenta, de conciencia volátil y sexualidad conducida: precaución, pues, los bendecidos con la ventana, copulativos Regentas y Magistrales, pues serán los primeros también en correr el riesgo de arrojarse por ella. Es el precio del beso torcido y viscoso de la erótica del poder corporativo, sólo que la impronta romántica ya ha desaparecido: “Había creído sentir sobre la boca el vientre viscoso y frío de un sapo”.
Ya lo decía Rabier a finales del siglo XIX: “La idea del signo implica tres términos: el objeto significado, el objeto que lo significa y la inteligencia del que interpreta”. Piénsenlo: la de la ventana es una estructura lógica profunda. Sólo espera a que alguien tire del séptimo velo que la oculta y puede que unas cuantas miserias queden al descubierto. Y si no les ha tocado ventana, siéntanse privilegiados: puede que la vileza no les haya llegado aún hasta el cuello.
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El despacho donde trabajo mide 4x3 metros apróx., y no tiene ventana ni luz natural -sospechamos que es una malvada táctica empresarial para que no sintamos cómo pasan las horas del día entregándoselas a una multinacional-. En cambio, los despachos de los superjefes sí disponen de ventanas, ahora que están cerradas herméticamente, selladas como las ventanas de un avión o de un submarino. Esto también lo tiene bien estudiado la empresa: así si un trabajador sufre una crisis de ansiedad no se verá tentado a saltar sino todo lo más a darse contra el cristal blindado de su ventanal -o en mi caso contra la pared-. Creo que simplemente las empresas nos están entrenando día tras día para que cuando tengamos que descender a los infiernos lo hagamos sin ningún miedo.
Martes, 29 de mayo
David Felipe Arranz
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Julián Moreno Mestre
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Juan Luis Recio
Paulino Toribio
Ángel Sáez García
Peio Sánchez Rodríguez
José Donís Català
Chris Gonzalez -Mora
José Pómez