El chitón de David Felipe Arranz

Esopo y el "milagro" de la urbanización descentralizada

29.01.08 | 10:58. Archivado en Cultura y actualidad
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El Instituto Nacional de Estadística (INE) acaba de publicar un informe de lo deforme –o por lo menos, a mí me lo parece-, en el que se dice cuáles son las tendencias del desarrollo urbanístico y social de los próximos años. Lo llaman “urbanización descentralizada”, que sabemos que es un tiempo éste en que el centro tienen muy mala prensa.

Dice el estudio que vivir lejos es mejor, que las familias se están organizando en la periferia y en las ciudades dormitorio –como si fuera éste un fenómeno nuevo-, pero lo que calla es que el tiempo que pasan al volante los ciudadanos hasta fundirse prácticamente con la carrocería los conduce a un estado de ataraxia. Dicen los sociólogos que compensa y que se está siguiendo el modelo de la slow city (qué pesadez con los anglicismos). Creo que, si el habitante se ha de desplazar grandes distancias a toda velocidad –llámese tren de alta velocidad, automóvil o cercanías- lo de vivir en una ciudad lenta ya no lo es en estado puro, ¿no?

Que el individuo progresivamente acelerado, siguiendo la ley de la física, tras terminar impulsado por la inercia y recién llegado después su jornada en la que el éxito está determinado por el rendimiento y el poder, sea capaz de conciliar la vida laboral y la doméstica, no se lo cree ni el profesor Massimo Borri, el optimista teórico de esta “nueva vida saludable”, montado en bicicleta y comiendo mandarinas.

Tampoco dice el informe que el hombre periférico ha de madrugar, como mínimo, una hora antes que si viviese en los núcleos urbanos o cerca de su trabajo. Beatus ille horaciano, sí, pero sin gasolina, por favor. Ya no se trata de la broma del madrugón, algo que causa regocijo y pasatiempo en las oficinas, sino del desgaste neuronal que eso supone, habida cuenta de que la noche sigue siéndolo por cuanto la familia comienza a palpitar cuando sus miembros están todos reunidos: por la noche. Tampoco nos equivoquemos: no es una vuelta al campo, porque tampoco se puede disfrutar más que los fines de semana –igual que si se viviera en los núcleos urbanos-. Una maravillosa fábula de Esopo compilada en nuestra Edad Media y que se encabezaba con este epígrafe, “Prueba esta fábula que mejor es que el hombre sea seguro y pobre que rico y turbado, y lleno de enojos”, se refería a la edificante historia del mur de ciudad y del mur de campo (“mur” significaba “ratón” entonces). Tras la visita del roedor urbanita a la casa rural del aldeano, éste lo acompaña a la ciudad para disfrutar de las ventajas de palacio. Sin embargo, al placer le siguió rápidamente el terror de verse acosados por el despensero, que persiguió con saña a los dos amigos. El mur de campo se volvió a su tierra: “Tú serás tomado en la ratonera, o en algún lazo, o serás comido del gato, y allende eres aborrescido de todos”.

Tenemos, pues, una monumental contradictio in terminis. Las Tecnologías de la Información y de la Comunicación (TIC) supuestamente acercan en todos los sentidos a los ciudadanos entre sí, pero jamás la gente estuvo tan sola. Algo falla, evidentemente, y todo son brindis al sol. Existe –es mi teoría- una íntima conexión entre las TIC y el cambio de los usos sociales, la cortesía, las maneras y los afectos: digo cambio por utilizar un eufemismo; más bien habría que hablar de la extinción de la filantropía, un demérito en nuestro tiempo.

El mur de ciudad conoció al de campo in itinere, pues desplazándose de una ciudad a otra –no sabemos si en AVE- hubo de hacer noche en la posada del ratón campestre, que le ofreció habas, bellotas y cebada. Somos los dos ratones, los dos perfiles de ciudadanos de dos velocidades a los que se refieren los investigadores: el lento y el rápido. Hace unas decenas de años todo estaba cerca: ahora todo está lejos. Pero el menor de los males no es la distancia que media entre una ciudad dormitorio y el trabajo, sino la que pone distancia entre dos almas.

Adivinen a quién de las dos terminará por comerse el gato.

2 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por virginia 29.01.08 | 20:24

    Lo de los hacinamientos periféricos sí que es un mal, estamos pasando de estar hacinados en el centro a estarlo en las afueras de los núcleos urbanos.¡Pero si seguimos igual que siempre!

    En cuanto al tema de las almas, en ese aspecto sí que no hay problema, no hay hacinamiento posible, cada uno va por su lado...




  • Comentario por virginia 29.01.08 | 20:15

    Lo de los hacinamientos periféricos sí que es un mal, estamos pasando de estar hacinados en el centro a estarlo en las afueras de los núcleos urbanos.¡Pero si seguimos igual que siempre!

    En cuanto al tema de las almas, en ese aspecto sí que no hay problema, no hay hacinamiento posible, cada uno va por su lado...




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