Dicen los expertos que una peligrosa nube de polvo africano ha llegado estos días a las ciudades del centro de la Península y que los urbanitas deben tomar precauciones. Aquí parece haberse instalado, enredada entre las bocacalles y metiéndose en las almas de los viadantes, que apenas reparan en que las leyendas del Sahara viajan a la velocidad del viento.
Tan cerca… y tan lejos. Occidente siente una enorme atracción por África y más allá del problema de la inmigración ilegal, es uno de los continentes más hermosos y ricos de la Tierra.
Lo han llamado la “intrusión sahariana” y trae altos índices de mercurio, un dios Mercurio volátil y peregrino que, con alas en los talones, insufla en los corazones viejas canciones tribales de los bosquimanos que no queremos escuchar: ay, preferimos el rugido ensordecedor de los automóviles.
Los ayuntamientos se han apresurado a recomendar a sus ciudadanos que “eviten realizar ejercicio físico al aire libre”; de entrada, esta recomendación no deja de resultar chocante en ciudades como Madrid y Barcelona donde el mero hecho de abrir la ventana por la mañana supone una buena bocanada de negritud, y no de la africana, precisamente. Los aires del continente negro son pardos, amarillean sobrevolando nuestras cabezas y dejan en nuestros alvéolos algunos secretos de Egipto. De polvos llevados por el viento sabían mucho en los Siglos de Oro: los había fértiles, que dejaban preñadas a yeguadas enteras. ¿Quién era el padre de los potrillos? Había sido el céfiro, decían:
Los caballos ya se sabe,
de los que el céfiro engendra,
donde fue el soplo rufián
adúltero de las yeguas:
todo el linaje del Betis
y toda su descendencia,
primogénitos del aire,
mayorazgos de las hierbas.
(Quevedo)
García Lorca cantaba con el alma rota al aire, que era mujer, que el amor es aire encendido que nace y se apaga y deja un rastro de nada…
Yo me enamoré del aire,
del aire de una mujer,
como la mujer es aire,
con el aire me quedé.
Viendo a las mujeres africanas caminando por las calles en busca de clientes, víctimas de las mafias organizadas y de chaperos desalmados, uno piensa en el polvo africano como en el aura genitalis de los latinos, que también sabían mucho de los poderes eróticos del viento, alzador de rubias y leonadas cabelleras, encrespador de rizados deseos.
¿Qué tiene el relente azabache, el hálito de ébano que exhala la mujer africana? El secreto de la historia de la humanidad: el del primer polvo africano del que desciende la especie humana.
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Entiendo perfectamente el alto contenido cultural que este blog conlleva, pero la contaminación es uno de los graves problemas que estos dias tiene Madrid, y los efectos negativos que esta tiene para los habitantes de esta ciudad rozan los limites asumibles para una minima calidad de vida. Aún siguiendo el escandaloso comentario de la Concejal de Medio Ambiente (Ana Botella) que dijo el otro día que la contaminación en Madrid no es nociva porque no es igual en todos los puntos de la ciudad, y como los madrileños nos movemos de un lado para otro........,Señora concejala vayase a paseo.
Salud, autor de este blog,haces bien dándole este carácter poetico a la contaminación porque los politicos,está visto, son incapaces de acabar con ella y además son unos incultos.
Martes, 29 de mayo
David Felipe Arranz
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Julián Moreno Mestre
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Juan Luis Recio
Paulino Toribio
Ángel Sáez García
Peio Sánchez Rodríguez
José Donís Català
Chris Gonzalez -Mora
José Pómez