“Al enemigo que huye, hacerle la puente de plata”, dice el refrán, que por cierto cita Cervantes en El Quijote. Lo lógico es que, repudiado por la progenitora, el polluelo muera de hambre o sea recogido en otro hogar de ramitas y paja por una nueva madre, acaso una que haya construido su nido en un zapato, como en los cuentos de los niños. Hans Christian Andersen sabía mucho de patitos feos que, andando el tiempo, se convirtieron en hermosos cisnes, y luego las verdaderas madres querían presumir de hijo, pero éste volaba ya muy alto.
Gallardón se presentó a los medios compungido, con el plumón cubriendo su rizada testa y en rictus luctuoso demandó un poco de cariño que, finalmente, le brindó el alcalde de París con una copa de Cabernet Sauvignon. Gallardón, sí, anduvo ayer probándose un kimono de mangas largas, comentaremos más abajo con qué fin.
Es más viejo que la propia historia el adagio que dice: no desees nada abiertamente y con intensidad porque quien te lo ha de conceder terminará por pensar que no te lo mereces. La mujer de Gallardón asistió al estreno de Tristán e Isolda, de Wagner, en el Teatro Real. La muerte del héroe le hizo quizá derramar una lágrima que se deslizó deprisa por su mejilla: en Génova, a su Tristán lo estaban apuñalando y ella salió precipitadamente con sus hijos a mitad de la representación. Tristán cae derrotado por una herida bélica mal curada; nadie puede consolar a Isolda. Una respuesta a la gallega la de Rajoy la que ha salido de sus labios cada vez que el alcalde le hacía saber su deseo de ir en cabeza de lista de las generales: ni sí, ni no, sino todo lo contrario. Parece mentira que no haya comido nécoras en La Coruña. "Matómela un ballestero / dele Dios mal gallardón", debió de pensar Mariano.
La literatura siempre tiene remedio para todo. Dice el poema japonés “Fuego”, del poemario Kokin (s. X.), escrito por Ki no Tomonori
Pasan los años.
Ni el fuego de mi amor
se extingue, ni de
mi vestido de noche
se deshielan las mangas.
El amante, que llora desconsolado por el desengaño, enjuga sus lágrimas en las mangas del kimono en mitad de la fría noche. Tal es la torrentera, que ni el hielo nocturno es capaz de congelar el tejido, que se mantiene húmedo y cálido por el continuo goteo. Las mangas del que anoche debió de vestir Gallardón fueron, inequívocamente, más largas que las de su talla. Habían de enjugar muchos años de servicio a su partido: su dolor, exprimido en torrente incontinente, llenará varios océanos.
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Gallardón es un compungido llorón
Esperanzita es mala, mala
Telemadrid es un desastre y hace
apologia de la mentira.
Yo me voy a dedicar a la poesia.
Salud.
es una pena que el pp se cargase al único exponente del centro-derecha.
Ahora ya españa, en las generales, vuelve a estar polarizada....es nuestra ideosincrasia.
Martes, 29 de mayo
David Felipe Arranz
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Julián Moreno Mestre
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Juan Luis Recio
Paulino Toribio
Ángel Sáez García
Peio Sánchez Rodríguez
José Donís Català
Chris Gonzalez -Mora
José Pómez