Llamo retroceso social a que en España se haya fraguado durante años una red de cerca de dos centenares de pederastas, que se dice pronto, y ¿nadie? se haya dado cuenta; llamo retroceso social a que haya movilizaciones masivas y simultáneas en todas las ciudades españolas para manifestarse contra el terrorismo y que las multitudes no salgan a la calle para denunciar esta abominable realidad que se acaba de destapar, salpicándolo todo de vileza; llamo retroceso social a que la justicia no tenga mano dura con los pederastas y que salgan a la calle con permisos penitenciarios y atenuación de la pena por buena conducta; llamo retroceso social a la prontitud con que la sociedad olvida que un niño indefenso ha sido violado y torturado, dejándolo herido y roto por dentro para toda su vida.
"Odio a España desde siempre", acaba de afirmar Rafael Sánchez Ferlosio, quizá el escritor vivo, junto a Miguel Delibes y Juan Goytisolo, más importante de nuestra lengua. Es, para decirlo con firmeza, el autor con vida más representativo de la literatura escrita en lengua española. El Jarama (1955) es otro Quijote, textos deturpados y masacrados por profesores incompetentes y sin vocación en las clases de lengua y literatura de la enseñanza primaria y secundaria porque aparecen como lectura obligatoria en los planes de estudio. Nada más. Es lógico que Ferlosio, en la reciente presentación de su último trabajo, God & Gun. Apuntes de polemología, odie a España, tanto como han hecho abominar de su obra a generaciones de jóvenes lectores, que no han llegado a comprender el alcance y la importancia de este concienzudo aldabonazo a las clases urbanitas.
“Todo lo que no es tradición es plagio”, sentenció Eugenio D’Ors convirtiendo así esta opinión en un referente a la hora de hablar del plagio y la intertextualidad. Hoy han aparecido en la prensa dos noticias que acusan de plagiarios al director Steven Spielberg y al cantautor Enrique Bunbury; y a ninguno de los dos se les podría calificar -afortunadamente- de guardianes de la tradición.
Son falsas a todas luces las seguridades que se ha creado la sociedad del conocimiento, acaso la más vulnerable, sujeta quizá a un apagón tecnológico mundial o a una catástrofe nuclear. La sociedad potencialmente catastrófica –que no catastrofista, al contrario– piensa globalmente y su dolor se ve intensificado al comprobar que las negligencias se pagan más caras que nunca. Somos enanos a hombros de gigantes, decía un adagio medieval: en plena era de la información, nos sentimos más indefensos y pequeños que nunca. Heridos en nuestro orgullo tecnológico, hemos visto cómo la vida de 154 personas se nos ha escapado entre los dedos en el interior de un “milagro” aeronáutico al que se le restaba presupuesto.
El entusiasmo colectivo en una sociedad desilusionada, la agrupación bajo una bandera en un tiempo de individualismos y no de colectividades, la simplificación lingüística del periodismo deportivo –“igualó la mejor marca de la historia”, “segundo oro español”, “le toca al tenis vivir su gran día”, “disputar la final”—, la retransmisión de una emoción impostada que se hace grito en las ondas… El olimpismo estival y festivalero invade las horas a través de los medios.
Amelia Sanz Cabrerizo, profesora de la Universidad Complutense de Madrid, me ha hecho llegar amablemente un volumen que acaba de coordinar, titulado Interculturas / Transliteraturas (Madrid, Arco Libros, 2008), en el que colaboran –además de la profesora Sanz Cabrerizo-- destacados investigadores de todo el mundo, como Jan Neverdeen Pieterse, de la Universidad de Illinois; Wolfgang Welsch, de la Universidad Friedrich Schiller de Jena; Mark I. Millington, de la Universidad de Nottingham; Bernhard Waldenfels, de la UNiversidad de Bochum; etc, quienes se han ocupado del marco teórico de esta cada vez más difundida disciplina.
Cuántas veces pasamos sin detenernos por los clásicos; cuántas “verdades” damos por sentadas ignorando la premisa cartesiana, fundamento de todo racionalismo crítico: cogito, ergo sum. Cierto es que somos enanos a hombros de gigantes, que decían en la Edad Media, y que nuestro saber se asienta sobre el conocimiento de los que nos precedieron. Pero no es menos cierto que quienes un día arrojaron luz, bien pudieron alguna que otra vez equivocarse. Es el caso del natalicio de Quevedo, aceptado comúnmente por la comunidad académica como el 17 de septiembre de 1580.
Der Spiegel acaba de publicar en primicia un reportaje: Goethe tuvo al parecer un romance secreto con la duquesa Anna Amalia, su mecenas, “descubrimiento” que ha levantado polémica y ha provocado una furibunda respuesta de la Fundación Klassik, que desmiente este supuesto hallazgo. Está claro que esa erudición gratuita, que ni quita ni pone a la importancia de una obra literaria en el desarrollo de las ideas, sigue vigente. Creíamos que habíamos dejado atrás el enciclopedismo huero de la era romántica y en los primeros titulares nos topamos con noticias como ésta. Hay un acercamiento a la literatura verdaderamente encapsulado y esclerótico.
Acaban de aparecer las cifras de lectura en España en el Barómetro de hábitos de lectura y compra de libros de 2007, que cada año publica la Federación del Gremio de Editores de España. Al parecer, nuestro país está entre los últimos de Europa en cuanto a hábitos de lectura se refiere; si en Harvard un estudiante tiene de media, en su casa, 1.423 libros, en España apenas llega a los 20. Al igual que el año pasado, han buscado una forma de incentivar la lectura: ir por las playas anunciando los beneficios de los libros, esta vez de la mano del capitán Nemo, aquel personaje de Verne que, con razón, renegó de la humanidad; no sé si al misantrópico Nemo le hará mucha ilusión que lo resucite el Gremio para acercarse a la arena y recomendar a los bañistas que lean Veinte mil leguas de viaje submarino.
Seguramente, si el político e historiador Fernán Pérez de Guzmán, señor de Batres, hubiese tenido que trazar en nuestros días la prosopografía o etopeya de nuestros dirigentes, en poco o nada hubiera habido de cambiar los modelos con los que construyó a sus reyes y nobles, atravesados por las mismas pasiones en Generaciones y semblanzas obra compuesta hacia 1450.
Me siento avergonzado de ser europeo: ayer se ha aprobado la directiva europea sobre inmigración ilegal que contempla, entre otras cosas, en su artículo 14 el derecho de los estados a retener durante seis hasta dieciocho meses a los menores de edad en centros de inmigración ilegal. Para este despliegue, la UE ha reservado 676 millones de euros del Fondo Europeo de Retorno, eufemismo que trata de ocultar el presupuesto que se invertirá para la expulsión de millones de inmigrantes sin papeles que sostienen parte de la economía de cada país. Fondo Europeo de Retorno. Me gustaría saber cuánto invirtieron en el inexistente Fondo Europeo de Acogida y Regularización cuando les interesó.
David Dodge fue uno de los escritores norteamericanos más célebres del género negro y de aventuras en Estados Unidos; en una de ellas, Plunder of the sun (El robo del sol), Al Colby recibe en el parque una singular petición del enfermo Alfredo Berrien, al que acompaña su asistenta, una bella muchacha latina, Ana Luz, “de ojos grandes y oscuros, sedoso cabello negro, piel brillante y figura esbelta”. A cambio de mil dólares, Colby ha de transportar un misterioso paquete de Chile a Perú en el barco americano Talca. Se trata, según el avejentado Berrien, de restituir a Perú un objeto que sacaron del país violando las leyes peruanas y que terminó en territorio chileno, de donde –a menos que sea a través del contrabando– no podrá volver a su lugar de origen. Ahora parece que la fortaleza de Machu Picchu fue saqueada por un aventurero alemán, Augusto Berns, en 1864, con la colaboración del gobierno peruano, que se quedaba con el 10% de las joyas esquilmadas y sacadas del país por el hábil teutón.
La comunidad académica se ha escandalizado una vez más: en los exámenes de literatura de la Universidad de Cambridge a los alumnos se les ha sometido recientemente a una prueba consistente en un estudio de literatura comparada entre la letra de una canción, “Love is a Losing Game”, de la popular Amy Winehouse y el poema “As you came from the Holy Land”, del vate y marino inglés Sir Walter Raleigh, quien trajo de América –dicen— el tabaco. Los que entienden la cultura como un conjunto parcelado y compartimentado de saberes, han puesto el grito en el cielo; los que entendemos que el único camino para no enterrarla viva pasa por la ayuda de las nuevas formas de expresión, hemos celebrado la oportuna prueba de Cambridge.
Me resulta llamativo el hecho de que haya voces que disientan del triunfo absoluto, sin paliativos, del fenómeno del cantante de diseño embarcado en la nave de representación de España en el certamen de Eurovisión. No termino de entender, a la vista de cómo funciona el sistema de medios y de cómo éste le ha cogido el paso a la sociedad que lo alimenta, cuál es la queja, la perplejidad, la indignación… No existe un significado independiente: todo, absolutamente todo, es una concatenación de signos, un resultado de relaciones. De manera que juzgar negativamente la que se perfila ya como la canción tortura de este verano no deja de resultar algo fútil y anecdótico.
Estos días estamos recordando a “La Voz”, uno de los artistas más importantes del siglo XX y cantante seguido por generaciones. De él dijo Billy Wilder en una ocasión que si se hubiese centrado en una vertiente de la profesión del espectáculo en vez de dispersarse entre la música, el cine, los coqueteos con la política y la mafia y la gestión de casinos, “este talento en el cine sería formidable”. Sin embargo, con todo lo que hizo, podemos espigar un grupo de filmes protagonizados por Sinatra provenientes de excepcionales novelas herederas de la narrativa de Hemingway y John Dos Passos, la Generación perdida. Sin duda, el líder del “Rat pack” sabía lo que se hacía a la hora de elegir proyectos: olfato no le faltaba.
En la jornada de ayer, Su Majestad la Reina Doña Sofía amadrinó una tortuga boba en el Parque de Zakhintos, en su Grecia natal, y la bautizó con su nombre. El animal, ignorante de encontrarse ante la regia presencia, lejos de celebrar la numerosa prole y descendencia de la Reina o de lanzarse a sus brazos para darle dos besos y unos patucos de punto para los infantes, puso aletas en polvorosa en dirección al agua, acaso a releer en alguna cueva subacuática El origen de las especies (1859), por ver qué capítulo se hubiera saltado.
Estimada Ministra:
Con la complicidad que me brinda la juventud que vd. comparte, la ventaja de la edad lozana y la desventaja de la falta de experiencia y de conocimiento respecto de nuestros mayores, quiero hablarle de igualdades, sí, y de desigualdades también; pero quiero hacerlo desapasionadamente, de una forma distanciada, como se abordan estos asuntos de Estado que competen al buen gobierno de una nación. Pues, Ministra, mejor es el alejamiento que la implicación emocional, la que puede llegar a pulverizar las coronarias del vehemente, del que siente que su razón se encuentra desamparada. En política –y en casi todo en la vida, menos en el amor– mejores son las distancias largas que las cortas; seguro estoy de que vd. también está de acuerdo en esto, pues su discurso y su expresión denotan en primer lugar perspicacia e inteligencia, grandes ausentes en nuestra clase política.
El panorama político anda revuelto; mientras en Ferraz se preguntan cómo es posible tener como garante de su continuidad el bochornoso espectáculo del derribo moral del líder de la oposición, Rajoy está sumido en una crisis de partido, fruto de una mala gestión y de una confusión acerca de cómo había de haber repartido la confianza, cuestión fundamental a la hora de cosechar buenos frutos políticos –y en general de todo tipo—.
Un presidente culto tiene todas las papeletas para despertar la animadversión de la clase política y obtener la etiqueta de aburrido. El ex presidente Leopoldo Calvo-Sotelo fue, ante todo, un hombre de pensamiento, de un vasto conocimiento que abarcaba desde las matemáticas a la astrofísica, pasando por la historia del arte o la literatura. Quizá por eso, cuando fue investido presidente del Gobierno, Suárez se marchó inmediatamente de vacaciones a la isla de Contadora, en Panamá, sin dejarle orientación alguna de lo que debía hacer con su responsabilidad, la más alta a la que puede aspirar un político. Calvo-Sotelo no pudo contar con la experiencia de Suárez, pero sí con su bagaje y su propia formación.
Hemos dejado atrás, demasiado atrás, el siglo XX, aquel periodo que hizo que el hombre se preguntara, a la vista de los totalitarismos, qué papel juega la razón en la aventura humana y cuál es la relación que guarda la filosofía con los hechos de la humanidad. Fue la del siglo XX una centuria comprometedora, que puso en jaque la capacidad del ser humano de alcanzar metas nobles, haciéndolo descender a los abismos más insondables del horror.
Dicen los políticos, que son los que han inventado -entre otras cosas- el Día del libro, que Cervantes y Shakespeare, las dos figuras más sobresalientes de las letras universales, murieron el mismo día: el 23 de abril. Ni el autor de La Galatea falleció el cacareado Día del libro ni parece -aunque no está confirmado- que el creador de Hamlet lo hiciera en esa fecha: 23, 23, 23... En cualquier caso, qué mas da: ¿quién los lee en el Día del libro? En nuestros pagos es el día del pijama de rayas de John Boyle, el angelical juego de Carlos Ruiz Zafón y el templo marítimo de Ildefonso Falcones.
Si un calificativo cabe atribuir a la noble arte de la piratería es el de “esforzada”, pues viene del étimo griego “πειραω”, que significa precisamente esforzarse, emplearse a fondo en conseguir algo. Estos días los piratas del Índico han saltado a la palestra noticiosa a propósito del abordaje bucanero del pesquero “Playa de Bakio” frente a las costas de Somalia y traen a la sobremesa de las familias el aire brumoso y salado de la aventura en alta mar, si bien en las terribles circunstancias en que se encuentra la tripulación del atunero.
El agua, ese bien del que estamos hechos, es el último motivo de cicatería; no me refiero al quítame allá ese trasvase del Ebro que no te quiero dar –que también-, sino al anuncio de la Asociación de Hostelería de Madrid de que van a empezar a cobrar el agua del grifo. Es decir, que si sale adelante esta norma de la hostelería, si alguien pide un vaso de agua le cobrarán una cantidad, “simbólica”, ha anunciado ya el presidente de la Asociación. Si en Aragón piensan así, el Segre jamás regará Barcelona.
No sé si llamarlo cinismo, hipocresía o ganas de calentar el horno. Que a estas alturas algunos empresarios pidan al Ministerio de Trabajo que se oficialice el Día de la diversión en el trabajo suena a chanza, a grosería, a mofa. Sería la primera vez en la infame historia social de la empresa española que algún directivo se preocupara de la salud mental de sus trabajadores, de promover –qué palabra más emputecida- sus sonrisas. ¿Interesados en la felicidad del trabajador los directivos? Vd. me toma por imbécil, oiga.
Todos le daban por muerto aquel 16 de septiembre de 1498, tras haber enviado a la hoguera, dicen algunos historiadores, a más de 2.000 inocentes: a unos, los confesos, se les daba garrote antes de entregarlos a las llamas; a otros, los reincidentes, aquellos que no abjuraban de su fe judía, se les cocinaba vivos. El auto de fe era espectáculo que convocaba a todos los ciudadanos, una gran parafernalia -más infernalia que otra cosa- teatral donde se escenificaban los más horrendos crímenes bendecidos por el brazo secular de la ley. Se llamaba -o se llama- Tomás de Torquemada, de oficio inquisidor y de infelice memoria.
No sé cómo se encuentran vds., pero esta mañana me invade un sentimiento de perplejidad. Más allá del resultado esperado por todos –España es, claramente, un país socialista–, creo que lo ocurrido ayer merece una urgente reflexión. Con dos diputados, Izquierda Unida desaparece como grupo independiente del Parlamento. La variedad se extingue, la simplificación actúa con fuerza imparable: cuando se borran los matices importantes, las diferencias, mal camino llevamos.
Ahora que los planes de estudio han abolido definitivamente la asignatura de Filosofía, vamos a refrescar un poco la memoria, con los comicios a la vuelta de la esquina; vamos a molestar un poco, que no estoy muy de acuerdo con que se vayan retirando de la circulación estratégica y deliberadamente las obras del pensamiento universal, vaya. Para Platón la república era como el alma humana: dividida en tres partes, apetito, espíritu y razón, los ciudadanos engrosaban según sus calidades una u otra parte de ese ente orgánico que, a decir del filósofo, es la mejor de las formas de gobierno. Así, se refería a los reyes filósofos como aquellos gobernantes que configuraban la parte de la razón de la república.
Se ha convertido en el ejercicio nacional y se le llama de diferentes formas; añoro la clásica “hacer zalamerías”, aunque la más extendida, en el registro coloquial, es la de “lamer culos”. Realmente es ya una plaga ésta de la langosta rastrera: apenas uno se descuida y alguien le está tirando de la levita por diferentes razones que sí vienen al caso: el afán de medro. Recuerdo que hace años era una actitud bochornosa.
Estos días estoy sufriendo varias agresiones que me ofenden el oído. Por doquier escucho de amigos y conocidos, periodistas y gente soez y “baja canalla”, que tal o cual cosa está “detrás mía” y “delante suya”. Es decir, que confunden el lugar con la posesión; pero bueno, creo que es un mal que se extiende a otras facetas de la vida, no sólo la de la lengua. La posesión, que consiste en cosificar y convertir en valor de cambio realidades intangibles humanas, como el pensar o el amor, es algo normal hoy en día. Lo poseen a uno y ya está. Aquí paz y después gloria
El gato, que tiene siete vidas, es un animal huidizo; dicen que, dependiendo del carácter del dueño, éste elige una mascota canina o felina: si es dependiente en el amor y necesita de una compañía solícita y servil, elegirá un dogo como compañero; si lo que le gusta es un cierto tira y afloja, una tensión -lo que los clásicos llamaban eutrapelia- necesaria para mantener viva la llama del amor, elegirá un gato para que le enseñe que las relaciones funcionan a partir de la libertad. En El gato con botas, cuento recopilado a finales del siglo XVII por Charles Perrault, el minino, al que su dueño provee de los conocidos complementos que le va solicitando, termina por corresponder su generosidad y ayudarse también a sí mismo mediante una prodigiosa inteligencia: las habilidades felinas aumentan el bienestar del humilde hijo del molinero. Ahora está colgado en ARCO junto a un compañero como premio a sus desvelos: el belga Jan Fabre lo ha disecado y suspendido del techo en la instalación 'The protestation of the dead alleycats'.
La organización espacial en el ámbito del trabajo singulariza a los individuos. Nada es inocente y cada acción se encuentra revestida de significado: no se equivoquen. El hombre delinque hasta cuando duerme. Recurriendo a la semiótica, podemos atisbar fácilmente el sistema binario de signos que articulan las redes organizativas y culturales de los recintos laborales, esas cárceles disimuladas: como diría Foucault, en torno a las microestructuras de poder edificadas sobre el concepto de premio y castigo. Fueron las prisiones y las escuelas en el siglo XVIII las que llamaron su atención: hoy, nuestro Estado de bienestar provocaría en él un inmenso disfrute analítico… “Cuánto comportamiento patológico”, diría el autor de Las palabras y las cosas.
Nos pellizcamos y seguimos en España: no hemos descendido a las zahúrdas de Plutón ni a los estratos infernales del Dante. Ahora está de moda atropellar y matar a los viandantes y exigir una indemnización al muerto. No es el orwelliano 1984: es nuestra Españeta. Nuestros Raskolnikov del volante ni siquiera sienten culpa, ni dolo. No buscan, como el personaje de Dostoievski, ninguna Siberia junto a ninguna Sonia para expiar unos remordimientos que no sienten. La voz narradora y protagonista de Expiación, de Ian McEwan, Briony Tallis, convierte la culpa y el remordimiento en literatura: nuestros conductores hispánicos, en dinero.
El Instituto Nacional de Estadística (INE) acaba de publicar un informe de lo deforme –o por lo menos, a mí me lo parece-, en el que se dice cuáles son las tendencias del desarrollo urbanístico y social de los próximos años. Lo llaman “urbanización descentralizada”, que sabemos que es un tiempo éste en que el centro tienen muy mala prensa.
Dicen los expertos que una peligrosa nube de polvo africano ha llegado estos días a las ciudades del centro de la Península y que los urbanitas deben tomar precauciones. Aquí parece haberse instalado, enredada entre las bocacalles y metiéndose en las almas de los viadantes, que apenas reparan en que las leyendas del Sahara viajan a la velocidad del viento.
“Al enemigo que huye, hacerle la puente de plata”, dice el refrán, que por cierto cita Cervantes en El Quijote. Lo lógico es que, repudiado por la progenitora, el polluelo muera de hambre o sea recogido en otro hogar de ramitas y paja por una nueva madre, acaso una que haya construido su nido en un zapato, como en los cuentos de los niños. Hans Christian Andersen sabía mucho de patitos feos que, andando el tiempo, se convirtieron en hermosos cisnes, y luego las verdaderas madres querían presumir de hijo, pero éste volaba ya muy alto.
Viernes, 17 de febrero
David Felipe Arranz
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Chris Gonzalez -Mora
José Pómez
Ángel Sáez García
Padre Fortea
Juan Luis Recio
Juan Fernandez Krohn
Ángel Gutiérrez Sanz
Carlos Ferrer
José Donís Català
Paulino Toribio