Eco, la ninfa moderna de John Frankenheimer
22.11.07 @ 11:18:26. Archivado en Cultura y actualidad
A veces la cotidianidad nos regala pequeños tesoros: sólo hay que estar atentos, aunque nos hayan engañado asegurándonos que la prisa, la rapidez, la celeridad como sinónimo de eficacia, nos hace mejores. ¿Mejores para quién? Para los empresarios y sus beneficios, evidentemente. He tenido la oportunidad de ver recientemente -por fin- el segundo largometraje de John Frankenheimer: Su propio infierno (All Fall Down, 1962). Es de esas películas que hay que ver sin prisas, en una tarde de Navidad, con un plato en la mano lleno de castañas asadas. También nos quieren mutilar la Navidad: nos la parten en dos, como la vida. Recuerdo que, no hace mucho, era un tiempo de descanso y fraternidad sagrado. Ahora es una pata más -de las más importantes- del monstruo mercadotécnico.
Parte de la acción de la película también transcurre frente a un árbol de Navidad, en torno al cual se concitan las tensiones de una familia: Karl Malden, Angela Lansbury, Warren Beatty, Brandon De Wilde... y Eva Marie Saint como Eco, una atractiva e independiente joven que, de vez en cuando, visita a los Willart, conduciendo un viejo Rolls-Royce y envuelta en un gabán de piel blanca con cuello de pelo.
La novela original, escrita por James Leo Herlihy, el autor de Cowboy de medianoche (Midnight Cowboy, 1969), se tradujo en España un año después del estreno con el castellano título de A cada cual su propio infierno. Frankenheimer hubo de reducir significativamente los pasajes del encuentro entre Eco (Eva Marie Saint)y el díscolo Berry-Berry (Beatty) para adaptarse a las exigencias de la duración. Sin embargo, consigue transmitir la atracción irresistible que sienten los dos, sin hablarse una sola palabra, durante una parrillada en el jardín de los Willart. A través de la planificación y de los filtros de luz, jamás Eva Marie Saint apareció tan hermosa frente a la pantalla. Su cabello platino ilumina la penumbra donde el atónito y, por una vez, sosegado niño rebelde, el gigoló de las maduras -constante en la narrativa de Herlihy-, se siente bien y en su interior nace un calor que hasta entonces desconoce. La escena se cierra con un encuentro furtivo en un parque, cerca de la presencia cómplice de unos cisnes. Mediante unos planos de fundido encadenado, Frankenheimer muestra la efusión amorosa de una forma completamente original: hace, en definitiva, cine de autor.
No les voy a contar el final, pero Herlihy no llama a su protagonista Eco por casualidad. Recordemos que Ovidio, en las Metamorfosis, presenta a la ninfa Eco enamorada de Narciso, un joven pagado de sí mismo de insufrible autocomplacencia; la pequeña Eco sufre las consecuencias, nos dice Ovidio, de esa furia egocéntrica y destructiva de todo lo que se encuentra a su alrededor, de todos aquellos seres que tienen la desgracia de enamorarse de su belleza.
No dejen de verla, sin las prisas urbanas, dejando atrás las falsas promesas de prosperidad: contemplen la verdad desnuda, hermosa y trágica que lleva en su corazón la historia de la dulce Eco, la ninfa moderna de Su propio infierno.
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