El legado andalusí y el alucinante mundo de las encuestas norteamericanas
22.06.07 @ 01:46:05. Archivado en Cultura y actualidad
La verdad es que, como mínimo, se ha de calificar de inquietante a esta posmodernidad o ultramodernidad. Ayer, el instituto norteamericano de sondeos Pew Research Center publicó un estudio que afirma que en Estados Unidos son más flexibles con la comunidad islámica que en España. Es una de las conclusiones más destacadas de un estudio que incluye, entre otras lindezas, algunas de las razones, como aquella que afirma que allí son más tolerantes con la heterogeneidad: en Estados Unidos, donde el racismo es moneda de cambio en todas partes; en Estados Unidos, donde votan a un presidente que ha enviado su castigo "divino", oh imperator romanorum, a miles de afganos e iraquíes inocentes y ha atizado el fuego cuanto ha podido en Oriente Medio. No se pierdan el testimonio del profesor Mustafa Bayoumi, de la Universidad de Brooklyn, cuando dice que "el significado de ser español, por ejemplo, quizás tiene más que ver con los linajes familiares". Sí, debe de referirse a la Familia Real y a la Casa de Alba, donde son tan linajudos que sus vástagos jamás de los jamases emparentan con la plebe.
Igual Mustafá ya ha leído la noticia de hoy de que el Liderazgo Islámico Mundial, reunido en Córdoba, reclama la concesión de la nacionalidad española a los descendientes de los andalusíes, los moriscos expulsados de España en 1610 por Felipe III influído por el codicioso duque de Lerma. Fue un episodio vergonzoso de nuestra historia, promovido por un valido corrupto que quería expropiar las tierras que miles de moriscos plenamente integrados en nuestra sociedad trabajaban afanosamente. Prueba de que en la época se sabía que aquello era un nefasto atropello y un atraso es el comportamiento, por ejemplo, del duque de Maqueda, el amigo de Quevedo y pródigo en "arte y valentía", que acompañó entre lágrimas a sus vasallos, escoltándolos hasta Orán para que no fueran asesinados en el trayecto. De tolerancia y de integración sabemos mucho más que los norteamericanos, que organizan sus espacios urbanos en guetos raciales. En España todas las razas y religiones habitan todos los espacios.
Dicen los líderes islámicos que se limitan a seguir lo suscrito en la Alianza de Civilizaciones propugnada por Zapatero. El proyecto cuenta ya con el apoyo de Izquierda Unida y del Partido Andalucista. La Junta Islámica de España está, además, preparando el I Congreso Mundial para la Recuperación de la Memoria Histórica Andalusí que se celebrará en 2008. Me parece una idea magnífica en la que espero que por fin se muestre el beneficioso contagio oriental y la riqueza cultural que el Islam trajo a España. En cambio, sentiría mucho que se utilizara como arma arrojadiza, una vez más, por tirios y troyanos.
Como sabemos, Al Qaeda, la facción terrorista y extrema del Islam, actúa en España y quiere recuperar Al Ándalus: ha hecho saltar por los aires un tren en Atocha y ha matado en la capital de España a 192 personas. No es cosa de risa, aunque a los detenidos les haga partirse el bazo de la gracia loca en la Audiencia Nacional. Lo vemos todos los días en el telediario. Si la comunidad islámica se integra de nuevo en España -y ojalá lo haga como lo hizo entonces, si bien aquélla fue labor de siglos-, podría ocurrir lo que en Irak: que los talibanes y lectores ad litteram de las leyes de Mahoma miren con malos ojos a los pacíficos representantes de la Junta Islámica de España por no pasar a cuchillo a los españoles ni sembrar polvorín en los andenes. Es decir, las guerras del Islam que tan bien describe Pérez de Hita en las Guerras civiles de Granada.
La Alianza de Civilizaciones se basa en la concordia, el diálogo y la tolerancia con lo otro que ya no lo es tanto y que paulatinamente va virando hacia lo nuestro, lo compartido, lo común. Y de eso, querido Mustafá Bayoumi de la Universidad de Brooklyn, sabemos por este lado del Mare Nostrum un poco más que en los Estados Unidos, donde en las filas del Ku Klux Klan militan miles de afiliados xenófobos y donde, precisamente en Brooklyn, en Little Pakistan, los jóvenes pakistaníes se hacen pasar por hispanos cambiándose el nombre por miedo al racismo tras el atentado de las torres gemelas. A ese nivel de ignominia todavía no hemos descendido.
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