La espada del Cid no cabe en las urnas
29.05.07 @ 12:55:07. Archivado en Cultura y actualidad
Meter una espada española del siglo XI en una urna electoral sin que ésta se rompa es difícil. Pagar 1,6 millones de euros por la que se dice que fue la Tizona de Mío Cid una semana antes de las elecciones es fácil. Mantener viva la imagen del Cid en los colegios con los presupuestos escolares y los vergonzosos libros de texto para que los chavales pasen de la literatura, que se parecen cada vez más a manuales de autoayuda para profesores con depresión y pocas ganas de trabajar... es imposible.
La razón argumentativa de autenticidad es que en la hoja de la propia espada -en la época se personalizaban las armas, casi podría decirse que tenían alma- reza IO SOI TISONA FUE FECHA EN LA ERA DE MILE QUARENTA. El puño, la mitad más importante de la espada, resulta que no es medieval, sino renacentista, ya que el original se perdió. El PP castellanoleonés ha obtenido en estas elecciones 48 escaños, los mismos que en 2003. No hacía falta hacer concesiones a las astronómicas peticiones monetarias del marqués de Falces para ganar los comicios regionales y destinar presupuestos para engordar la cuenta corriente del marqués cuando el sistema educativo, y especialmente la literatura, se encuentra desamparado. Ha sido así, vendida, intercambiada por una bolsa de monedas ante las narices de todos los españoles. El Cid regaló sus dos espadas, Tizón -que no Tizona- y Colada -"el nombre de una es Colada, a la otra dicen Tizón"- a sus yernos, los indecentes Infantes de Carrión, trasunto literario de los descendientes de las casas de Aragón y de Navarra, como un acto simbólico a través del cual estrechaba los lazos familiares con los receptores del regalo. Después, cuando vio su infamia, se las obsequió a dos hombres de confianza: Pero Bermúdez y Martín Antolínez, merecedores del honor de empuñarlas en la batalla.
A lo mejor los políticos y los marqueses de Carabás no entienden el concepto de donación o de regalo, que es el que procede cuando realmente se trata de un hallazgo histórico y se quiere contribuir a difundir el conocimiento de nuestro legado. Otra cosa es que, como certificó un equipo de químicos de la Complutense, sólo se pueda decir que la que se empeñan en identificar con la Tizona sea una de tantas espadas castellanas forjadas en la primera mitad del siglo XI. Les refresco la memoria a los politicastros: Rodrigo Díaz de Vivar, tras la afrenta de Corpes, le explica al rey Alfonso VI el valor simbólico de sus espadas (edición de Juan Victorio, Madrid, UNED, 2002):
"yo bien los quería amos e d'alma e de coraçón,
e diles mis dos espadas, a Colada e a Tizón
-éstas yo me las gané a guisa de buen varón-,
e que s'ondrassen con ellas e que sirviessen a vos"
Vender la espada del Cid, en caso de que sea ésa, cosa que dudo, para que un político pueda blandirla en una batalla electoral, es impropio de caballeros. Es, simplemente, torcer la voluntad del héroe épico y contribuir a que se confunda valor y precio, como decía Machado. Aunque me temo que eso, lo de establecer como premisa el tanto vales cuanto tienes, ya no tiene remedio. El Cid, allá donde esté, debe de estar muy sañudo y queriendo entrar en ira con los que se han tomado la libertad de comerciar con su arma. Que se anden con cuidado, no vaya a ser que Rodrigo les caiga en cualquier esquina y les plante batalla. Aunque ya sabemos lo que van a hacer: tomar las de Villadiego. Si el gabinete del reelecto presidente Juan Vicente Herrera hubiera echado una ojeada al Cantar y conocieran el episodio de los judíos Raquel y Vidas, el marqués hubiera abierto en el banco dos arcas llenas de arena.
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