El ciudadano Chauvelin y el kebap de Sarkozy
08.05.07 @ 19:05:12. Archivado en Cultura y actualidad
No acabo de creérmelo; y no sé si no me lo creo porque no quiero, al estilo del "no quiero acordarme" cervantino, o porque el hecho carece de verosimilitud. El presidente del Partido Popular Europeo, Wilfried Martens, ha explicado así la victoria de Sarkozy: "Los ciudadanos prefieren los partidos que ofrecen soluciones concretas a los desafíos reales como inmigración, economía y medioambiente", a lo que ha añadido, refiriéndose a la nerviosa noche del recuento de votos: "anoche Francia apoyó a Europa". No se enteran ustedes, con su chovinismo narcisista: se apoyaría, en tal caso, a sí misma, porque Francia es Europa.
Caramba, no sabía yo que iban a sacar de la chistera la solución a uno de los grandes problemas de la Europa actual, la inmigración, a la que Sarkozy dice que va a tratar "con mano dura". Y el de la economía dice que también lo atajarán. Hasta al ciudadano Chauvelin, el espía asesino de Robespierre inventado por la Baronesa de Orczy, se preocupaba por la presencia de ingleses en la Comuna... para liquidarlos.
Al recién electo presidente de la République ya le han quemado unos cuantos coches, 75 para ser exactos, en pleno París. Lo de atizar el fuego de la generación del arrabal, compuesta en una gran parte por musulmanes, no me parece lo más coherente: que les faciliten ya los bidones de gasolina y acabamos antes. Ahora dice Sarkozy que quiere intervenir en el papel del Banco Central Europeo e impedir la entrada de Turquía en la UE. Hombre, tratar de alejar al Islam cuando uno lo tiene reducido y acordonado en los guetos a las puertas de palacio es un tanto, por lo menos, iluso, amén de poco realista: dice que Turquía pertenece a Asia, no a Europa. Lo que ocurre es que eso de la pertenencia lo va a decidir el propio movimiento migratorio de los pueblos y no un inexperto presidente galo.
Echen un vistazo a su alrededor y verán que el Imperio Otomano del kebap está por doquier, es una realidad; los ejecutivos lo engullen con afán a mediodía, las mamás se lo dan a sus niños cuando salen de paseo, mis mejores amigos comen döner kebap los viernes por la noche para neutralizar los efectos del alcohol... los locales turcos son los últimos inventos en comida rápida que han sabido adaptarse e internacionlizarse. A eso se le llama capacidad de adaptación. En Alemania es el alimento para tomar in itinere que más se vende, aunque en su origen se trataba de un sofisticado y exquisito manjar que tomaban los reyes persas. En Turquía tienen un postre, el baklava, hecho de nueces molidas, miel y envuelto en hojaldre, que es delicioso. Lo dicho, un manjar de reyes. No podemos ser tan cínicos y volver a aquella famosa cuestión del arbitrismo del XVII, que si "baja el turco" o no baja, que si nos vamos todos a galeras, cuando estamos abriendo las puertas de par en par a Turquía para que implanten sus restaurantes y negocios por doquier. Ni que decir tiene la influencia de poetas turcos, como el poeta social Nazim Hikmet, editado reciente y afortunadamente en España.
Además de las tostadas con hormonas, mucho me temo que Sarkozy terminará comiéndose un döner kebap. Mal que le pese. Simplemente, porque el acercamiento político de Turquía a Europa, iniciado con el Acuerdo de Ankara en 1963, es ya imparable. Y si al paso del kebap gigante que avanza inexorable, como el dedo "que sigue y sigue escribiendo" del persa Omar Khayyam , se interpone Sarkozy con su chovinismo de salón, no habrá Pimpinela Escarlata que lo salve.
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