La literatura arrabalera prepara a Sarkozy una tostada con crema de testosterona
06.05.07 @ 01:22:38. Archivado en Cultura y actualidad
Acaban de descubrirlo en el National Cancer Institute ciento cincuenta mujeres que deseaban probar si el apetito sexual podía abrirse con la crema de testosterona. Creí que la untaban en una rebanada de pan tostado, pero parece que no, que la vía de aplicación era tópica. Tópica y típica, si me permiten la paronomasia. Es casi seguro que el conservador Nicolas Sarkozy va a ganar mañana las elecciones en Francia y, ya que la testosterona regula el humor, la libido y la sensación de bienestar, creo que va a necesitar darle un buen mordisco a la prohormona sobre una tostada crujiente. El pequeño Nicolás, que ha prometido mano dura a los arrabaleros -en mi pueblo a eso le llamamos provocación- cuenta con la simpatía de Bush: con eso les he dicho todo.
En Francia, tras las revueltas juveniles de los arrabales y las cités de la que se dio en llamar la revolución de las banlieues, comenzó a surgir un género literario que no encaja exactamente con el realismo urbano, sino con la reivindicación política y social de grupos de jóvenes, inmigrantes y parados, que viven en estado marginal en los guetos de las afueras y que, en algunos casos, ha llegado a vender 300.000 ejemplares de su novela. Nos referimos a la adolescente Faïza Guène que con Kiffe kiffe demain revolucionó el mundo editorial francés por aquellas fechas de 2005, cuando ardieron los barrios más conflictivos. El argelino Karim Amellal, autor de Cités à comparaître, ha prometido más literatura y hay hasta todo un colectivo agrupado bajo el nombre de ¿Quién Hace a Francia?
He tenido la oportunidad de echar un vistazo a estas novelas que me trajo un amigo del otro lado de los Pirineos: las historias que cuentan son durísimas y violentas, protagonizadas por inmigrantes que han de recurrir a trabajos infrahumanos para poder sobrevivir, a ritmo de rap. Sin duda se trata de un neorrealismo de corte social y que merece que comience a estudiarse más a fondo. Los quinceañeros, agobiados por los asistentes sociales y que viven en condiciones miserables buscan una salida a su existencia en un mundo escindido en varias culturas donde la vida no vale una higa. La novela de Guène la publicó en España la editorial Salamandra con el título Mañana será otro día.
Pensar que en España iba a nacer una generación literaria por culpa de los abusos laborales, la falta de una vivienda digna y el mileurismo sería una ilusión, pero el sueño, a veces, es la forma primera que toma la realidad. Imagínense a varios escritores jóvenes encabezando una revolución social y literaria, reventando las listas de ventas y haciendo que el Ministerio de Trabajo y el de Vivienda, ése que tiene como eslogan "hacemos ciudad", doblegara la cerviz y restituyera a los jóvenes españoles una dignidad cada vez más perdida. En Francia van camino de ello. Porque el divertido invento de la ministra Trujillo de los treinta metros cuadrados de vivienda para jóvenes era para haberla invitado a un dedalito de vino, una miguita de pan y un par de avellanas, como pedía Carpanta. Igual era un método infalible para conseguir familias numerosas: cuando uno de los congéneres entra en casa, ante la falta de espacio se concibe al hijo directamente por el mero hecho de entrar. Abres la puerta y ahí está tu pareja, enseñando el ombligo en pleno umbral con los brazos sujetando la pared y el glúteo apoyado en el fregadero. No había yo caído en esa relación inversamente proporcional: reducción de espacio igual a incremento de la tasa de natalidad.
Mohamed Razane acaba de publicar Dit violent sobre un boxeador tailandés que lucha para sobrevivir y forma parte de una sociedad solidaria, la del arrabal, que planta cara a la policía y a la que Sarkozy, al que se le ha cuarteado el rostro de tanto sonreír en la campaña, quiere aplicar un correctivo; pero mucho me temo que antes le va a tener que preparar el cocinero del palacio del Elíseo doble ración de crema de testosterona de las que no les hace falta a las ciento cincuenta mujeres del estudio. La va a necesitar. Igual, si monsieur le chef le prepara unas tostas para untar cuando se levante por la mañana, invicito, la generación de la banlieue se las chamusca un poco.
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