Voltaire y el sentido de la épica: la expedición de Francisco de Moncada
27.04.07 @ 04:00:32. Archivado en Cultura y actualidad
Hay un libro desconocido que me ha salido al encuentro recientemente revolviendo papeles en una de estas maravillosas librerías de viejo en las que uno se quedaría a vivir para toda la vida; siempre se tiene la idea de ir a buscar tal o cual libro a estas librerías y veo a las gentes afanarse, preguntando por uno u otro título, cuando en realidad son los libros los que buscan a su lector.
Una noche soñé que encontraría, al día siguiente, en El Rastro madrileño, una edición de una novela de ciencia ficción inencontrable, descatalogada, que llevaba años buscando: El abismo negro, de Alan Dean Foster, que reconstruía el guión hasta mejorarlo del filme homónimo dirigido por Gary Nelson en 1979 y protagonizado por Maximilian Schell. Podía visualizar en mi mente la portada y mi asombro llegó a su cenit cuando, en uno de los puestos del mercadillo dominical, lo hallé sepultado entre un montón de papeles rotos. No podía creerlo: la novela me había buscado, me había llamado la noche anterior. Telefoneé a mi hermano y se lo comenté: él, ingeniero, con su flema habitual y esa sabiduría de los hermanos pequeños, me respondió: "Hasta cierto punto, es lógico: has llegado a previsualizarlo a través del deseo y a convocarlo inconscientemente entre los miles de libros de esa mañana".
Algo parecido me ha sucedido hoy: hablando de Diderot con unos buenos amigos, entre los que se encontraba el escritor Rubén Caba, de la participación del ilustrado en la génesis de la enciclopedia y de su maestría como creador -El sobrino de Rameau, Jacques el fatalista, que vi representar el verano pasado en El Escorial, Carta sobre los ciegos- sacamos a colación la figura de Voltaire. Sabía que otro amigo estaba preparando la edición de una de sus obras más polémicas (va a ser un bombazo) y me contaba que se había sorprendido de la mordacidad del texto, su desparpajo... su carácter transgresor. Dicho y hecho: me metí en la librería de viejo más cercana y doy con el Ensayo sobre la poesía épica de Voltaire, inencontrable, publicado por la Compañía Iberoamericana de Publicaciones en 1930. Ni siquiera el librero sabía de su existencia. Pues bien, la clarividencia y la lucidez con que Voltaire analiza las características de la poesía épica me inducen a pensar cómo nos han enseñado el periodo ilustrado en el colegio: no, mal no. Escandalosamente mal.
Cuando avanzo unos metros mientras devoro las páginas volterianas acerca de la épica, encuentro, nuevo, en un puesto de libros ambulante una joya maravillosa que parece habérmela querido mostrar el propio Voltaire: la Expedición de los catalanes y aragoneses contra turcos y griegos, escrita por Francisco de Moncada y una de las primeras novelas de aventuras de nuestra literatura, texto sobre la mítica expedición de Roger de Flor a Oriente. ¿Libro de caballerías? Sin duda en la forma, sólo que... lo que cuenta es verdad. Editada por primera vez en Barcelona en 1623 y expuesta de una forma clara, amena y detallada, de una manera tan ordenada que parecía adecuarse a los fundamentos teóricos del francés.
Así, escribe Moncada en el prólogo: "[...] he puesto en orden esta breve historia, que la soledad de una aldea me la puso entre las manos, con el deseo natural de conservar memorias casi muertas de la patria que merecen eterna duración". Este sentido de la narrativa, en el que el autor se presenta en la dedicatoria de su obra, del hallazgo de materiales primitivos y de la reelaboración ulterior, plantea un testimonio excepcional acerca del hacer del escritor. No sólo Moncada posee ese sentido de recoger una herencia épica ya existente que corre peligro de perderse; escribe Voltaire con su habitual vitriolo: "Homero, Virgilio, el Tasso, Milton, jamás obedecieron a otras lecciones que a las de su genio" y "El mundo está lleno de críticos que, a fuerza de comentarios, definiciones y distinciones, llegan a oscurecer los conocimientos más claros y más simples". El mundo de la literatura está repleto de extrañas, enriquecedoras y singulares conexiones, casi diríamos que mágicas, que van más allá de la razón pero que, paradójicamente, nacen en su seno. Porque la literatura nos habla y a veces, en este artificial y manipulado mundo de la hipervisibilidad, no nos damos cuenta.
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