Nietzsche anegado: el bien y el mal empapados por las aguas
24.04.07 @ 01:07:45. Archivado en Cultura y actualidad
La acumulación de libros posee el riesgo de multiplicar a la enésima potencia los desastres que ocurren dentro del hogar; así, merced a un filtro de agua mal montado (sólo son capaces de hacerlo en la tienda), el desastre ha entrado en casa; he vuelto anoche después de escuchar a un buen amigo, el periodista y editor de Rey Lear Jesús Egido, que participaba en una mesa redonda celebrada en la librería Marcial Pons con motivo de una pamema de esas que inventan los políticos, "La noche de los libros", y la inundación me aguardaba, silenciosa pero implacable.
Moderaba un Alejandro Gándara un tanto incordión que se quedó con una expresión de Jesús Egido, "tampoco te arruinas" y la repitió, cual gramófono pasado de revoluciones, hasta veinte veces. Jon Juaristi también estaba presente y habló de su última novela sin entrar demasiado en el debate. Mientras Jesús cantaba las bondades del mundo editorial, que le permitía leer aquellas obras que no están al alcance (Stephen Crane, Von Kleist, Barbusse) ya que él mismo se encargaba de editarlas, en mi salón Nietzsche se estaba ahogando. Mi colección de Rey Lear, en cambio, se había salvado.
Varias torres de libros habían empezado a empaparse, a beber literalmente el agua que goteaba sin tregua del casco del filtro hasta, en algunos casos, venirse abajo y zambullir en el charco de un empujón a los que, todavía secos, se habían salvado de las aguas. El más perjudicado ha sido Más allá del bien y del mal, de Friedrich Nietzsche, junto a un ejemplar maravilloso de Madrid en el cine de la década de los cincuenta, de Luis Deltell. He sentido en el alma el encogimiento de las páginas del ejemplar escrito por Deltell, antiguo alumno de la ECAM, tan primorosamente y de una manera tan documentada. En una de sus páginas se ve ahora al Fernán Gómez de Esa pareja feliz con el aspecto de una pasa, como si hubiera salido de una bañera, de la mano de Elvira Quintillá. Su lozanía se ha vuelto en un momento rugosidad y enmohecimiento. El libro se ha desencuadernado y la cola se ha licuado: Fernán Gómez se encuentra en la carrera final de su vida y Quintillá no hace cine desde la década de los 80.
Quien parece cada vez más robusto y ha secado rápidamente sus páginas en sentido literal y metafórico es Nietzsche. A pesar de poseer una edición de lance, mi ejemplar se encuentra, efectivamente, más allá del bien y del mal. Considerado un glosario de Así habló Zaratustra, Más allá..., que comenzó a redactarse en 1881, ofrece un análisis anticipado de nuestros días posmodernos y una de las críticas más duras a lo que hemos dado en llamar la modernidad: la voluntad de poder, la crítica de la fe, la creencia en lo inmediato, la importancia del instinto de conservación, etc. Dice el filósofo que "la libertad de la voluntad es esencialmente el afecto de superioridad con respecto a quien tiene que obedecer". Y en esta pútrida patria, como escribe Sebald, las relaciones humanas se han estructurado, bajo la falsa apariencia de la democracia y el referéndum volitivo, en torno a férreas, inamovibles y cuasipoliciales estructuras verticales. Sigue Nietzsche: "yo soy libre, él tiene que obedecer". Esto lo piensa mucha gente a la que le repugna la libertad de los demás, que dirige con mano de hierro las empresas y las instituciones y sanciona -cuando puede- a aquél que osa discutir su voluntad, su voluntad de poder. Recomiendo la lectura de este libro para desenmascarar las estrategias de los opresores, de los enfermizos pensamientos que se les pasan por la cabeza y descubrir el profundo desprecio que sienten hacia sus semejantes.
Las palabras de Nietzsche, tentadoras y terribles, lúcidas y demoledoras, no han querido ahogarse. Hay que leerlas desde cierta distancia, con sagaz cautela, no como hacen algunos amigos filósofos, que afirman vivir como Dios porque nada les importa ya, puesto que el mundo es un caos; un momento... pero ¿Dios no ha muerto? Me dijeron que lo mató Nietzsche, el que acaba de sobrevivir a una inundación. La opción de Jesús Egido, fundar una editorial, una manera de librarse de las servidumbres jerarquizadas y refugiarse en la gran literatura, me parece perfecta.
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