“Progres” ante el Islam
07.02.06 @ 21:01:26. Archivado en Artículos
«La publicación de estas caricaturas puede ser perfectamente legal, pero no es indiferente y debe ser rechazada desde un punto de vista moral y político.» Qué lástima que Rodríguez no se hubiera pronunciado con tanta claridad el día que Polanco TV emitió aquel video “tan gracioso” en el que cocinaban un crucifijo. El sentimiento religioso, para quien lo tiene, está en lo más profundo de su ser. Por eso, no acepta las bromas al respecto. Pero si algo caracteriza a las sociedades modernas es la estricta separación de poderes, de ámbitos y de realidades. Occidente, nuestra civilización, hace dos siglos que apagó los últimos rescoldos de la inquisición. La presencia de la religión en lo público es toda la que los gobernantes de turno le quieran dar, en función de sus votantes y de su percepción. A mi me sorprende que con tanta progresía y tanta modernidad imperantes, nuestro gobierno no haya roto el concordato con la Iglesia católica. Como en tantas cosas, la ideología está supeditada a la táctica.
La incongruencia de este gobierno en materia religiosa radica en que, en vez de ser coherente y apostar por el laicismo, se dedica a atacar por un lado a la Iglesia católica y por otro a tratar con mano de santo, con perdón, a la religión musulmana. Lo cotidiano demuestra que los católicos son incomparablemente mucho más progresistas y tolerantes que los musulmanes. Con gran dureza se critica a la Iglesia católica cuando ejerce su derecho a la libertad de expresión y se pronuncia en contra de las leyes que son contrarias a su moral. Es legítimo y tiene su derecho. Hacer caso a sus directrices es una cuestión de índole particular. Ahora bien, cada vez que la Iglesia se pronuncia, hay que escuchar a los voceros de la progresía tachar a la Iglesia de carca, retrógrada, etc, etc, etc. Lo progre es criticar a la Iglesia católica de forma furibunda, pero cogérsela con papel de fumar si se trata de costumbres musulmanas. La religión musulmana está, en costumbres sociales, a 500 años de distancia de lo que supone, social y civilmente, la religión católica. Pero no es criticable, es amparable. Para que los musulmanes mantengan su religión y sus costumbres, están recibiendo suelo público gratuito de ayuntamientos tan socialistas como el de Sevilla. Cede los Bermejales para una mezquita que quizás tendrá una entradita lateral disimulada, como la de la mezquita de Granada, para las mujeres ¿Se imaginan la bronca que, con razón, las feministas españolas montarían si en una sola iglesia católica se les ocurriera hacer eso? Progresía. El silencio es “alianza de civilizaciones”.
Por culpa de unas caricaturas vemos cómo se queman embajadas de países europeos. A nuestro presidente, en vez de cerrar filas con occidente, no se le ha ocurrido otra cosa que escribir el claudicante artículo en el Internacional Herald Tribune, en el que pone su culo en pompa en dirección a Turquía. La respuesta a su debilidad ha sido la quema de una bandera de España en el Sur de Irak. Seguro que la culpa de esa quema también la tiene Aznar.
Estamos viendo manifestaciones en nuestra Europa que son un claro ataque a la libertad de expresión. Estamos viendo cómo la alianza de civilizaciones no es una utopía sino una gilipollez. Podría entender las manifestaciones radicales en los países gobernados desde la confesionalidad. Creo que es inadmisible soportar en Europa, sin más, pancartas que rezan: “Europa es el cáncer. La respuesta el Islam”. No entiendo cómo tantos musulmanes inundan nuestra cancerígena sociedad. No entiendo cómo piden papeles y derechos de ciudadanía en una sociedad tan horrenda. No entiendo cómo nuestros gobiernos no ejercen la aconfesionalidad de nuestras leyes y persiguen con dureza las prácticas que suponen un ataque frontal a las normas sociales que conllevan la vejación y la discriminación. No entender el problema que supone para el modelo occidental el islamismo, tal y como se predica en las mezquitas, es una irresponsabilidad propia de gentes de pensamiento débil. Rodríguez, como con el terrorismo de ETA, se pone de perfil y claudica. Por eso escribe: «Todos saldremos perdiendo si no desactivamos inmediatamente esta situación, que sólo puede provocar un foco de desconfianza e incomprensión entre unos y otros» No hay que desactivarlo, hay que combatirlo, pero ya sabemos que la valentía no es una característica de nuestro presidente.
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Román Cendoya



