El buen vivir de Juan Luis Recio

¿Qué tipo de simio es tu jefe? Descúbralo todavía en este #test #vintage

22.04.18 | 15:12. Archivado en Generalidades, Tests

¿Gorila de metal, macaco de agua u orangután de madera? Seguro que este #test #vintage no ha perdido actualidad, porque los jefes a simios siempre cabe equipararlos, o casi siempre, y muchos más tipos de jefes simios que los antes citados se presentan aquí catalogados para ayudarle en la identificación de su caso. seguro que su jefe es un simio, pero ¿cuál?

“Antropoides con corbata y otros con el pecho lleno de medallas de hojalata”, cantaba en sus tiempos Moncho Alpuente, compadeciéndose del pobre Darwin, “si viviera, pero no vive, no vive, no vive”, ya que a veces la evolución parece que va hacia atrás y, como sucede en nuestra época, nos vemos dominados por una nueva suerte de simios que, al menos aparentemente, nos dirigen. Así, la crisis de bananas y los planes para incrementar el share en la producción de cacahuetes parecen convertirse en una de las más urgentes preocupaciones de muchos de nuestros jefes, que podemos clasificar en las más extrañas categorías.

(la clasificación de simios en la página siguiente: el test en la tercera)

Dos tipos de jefes. Para empezar, y si somos lo suficientemente ingenuos, podríamos considerar que en la vida laboral existen esencialmente dos tipos de jefes:

· Un jefe enrollado, educado, preocupado por los problemas de sus empleados, que da la cara por los suyos incluso cuando se equivocan, que nunca mete broncas y cree en la motivación, que es amigo más que jefe... En fin, un jefe que, en pocas palabras, no existe, y si queda alguno debería estar catalogado como especie protegida, porque se encuentra en vías de extinción.

· Un jefe que rechaza el diálogo, que está en contra del razonamiento lógico, que no tiene educación, que gusta de usar la represión, que recurre de continuo a la amenaza, que grita desaforadamente, que gesticula, que hace la vida imposible a sus subordinados, pero que parece muy sumiso delante de alguien que está por encima suya... Es decir, lo que se suele entender por “un jefe como Dios manda”, con un par de cojones, o de ovarios, que cada vez hay más mujeres en puestos directivos, no lo olvidemos. ¿Pero este jefe, es una persona humana? Nosotros pensamos que no mucho, que llegando a este tipo de comportamientos, está más bien cerca de una categoría anterior a la del género humano. Un ser que no razona, que no dialoga, que gesticula, que se muestra sumiso a veces y prepotente otras, ¿no estaremos hablando de un simio o al menos del eslabón perdido en la cadena evolutiva?

Varios tipos de simios. Así que en realidad, en una primera instancia, solamente hay una categoría de jefe, el simio que nos quiere gobernar, como si fuera una María Cristina cualquiera, aunque bien es verdad que dichos simios se pueden clasificar en muchas subcategorías. Subcategorías que debemos conocer y estudiar para poder defendernos de los ataques de estos primates y medrar en el proceloso mundo de la empresa, en donde todas las precauciones que utilicemos serán pocas y donde todo el armamento del que dispongamos resultará seguramente escaso.

Porque cuando Alpuente, al frente de su grupo Desde Santurce a Bilbao Blues Band, cantaba “ahora es un mono gibón quien preside la reunión y con énfasis promete aumentar los cacahuetes”, eran otros tiempos, era la época autoritaria. Luego, como todos sabemos, fueron cambiando las cosas y ya no era uno fichado por la policía por organizar un concierto donde se cantaran esas letras: había llegado la democracia, de la que todavía disfrutamos... ¿Todavía?

Bueno, en el mundo laboral eso no está tan claro. Parece que desde hace un tiempo están volviendo a cambiar las tornas, y se está defendiendo, incluso en los más sesudos foros internacionales, el autoritarismo como base de la dirección. Sí, se dice, hubo una época muy bonita que comenzó con los hippies de los 60 y las revueltas estudiantiles en Berkeley y París.

Cuando estos “piojosos” talaron sus melenas y se sumergieron en las oficinas, trajeron un nuevo estilo, un estilo democrático, motivador y participativo, pero parece que ese estilo ha concluido con el segundo milenio y con la salida de Clinton del Despacho Oval, que volverá a ser un sitio “decente”. Pero en realidad, ahora, en lo que se están convirtiendo todos los despachos es en algo salvaje, en something wild, perdón, dominados por entes procedentes del planeta de los simios, para más señas. “Se acabó el mamoneo”, se rumorea que podría haber declarado un directivo representante de esta nueva línea de gestión.

Vuelve el autoritarismo. Hoy día se defiende que la democracia en el mundo de la empresa no es sinónimo de mejor rendimiento, de un mejor desempeño del trabajo, sino más bien todo lo contrario. El autoritarismo es lo que prima, es lo que ayuda al incremento de la productividad, al menos en ciertos tipos de empresa. Los cambios tecnológicos y económicos de los últimos tiempos, la economía global -“pero con acercamiento local”, como astutamente se apunta-, no permite muchos experimentos como los que llevaron por ejemplo a la empresa Apple a ser un líder del sector informático, bajo la batuta conjunta de Steve Jobs y John Sculley.

Las cosas se han ido complicando: primero Steve Jobs, informal y juvenil, con vaqueros y todo eso, pidió a Sculley, con chaqueta y corbata, que dejara la rancia Pepsi&Co. y que le echara una mano. Las cosas iban bien, pero tan bien iban que Jobs se tuvo que ir y fundar una nueva empresa, Next, mientras Sculley se hizo con el control. Y las cosas siguieron yendo bien, tan bien, que al final ha vuelto Steve Jobs, y Sculley se ha tenido que ir... ¿Hasta cuando estos círculos viciosos?

Para evitar los problemas de la democracia en la gestión empresarial, nada mejor, opinan algunos, que, ya que la economía es selvática, sea controlada por los simios, que son los que mejor se pueden manejar en la selva, y sabrán dirigir a los humanos, a fin de cuentas sus primos hermanos. Por ello, han ido emergiendo a los círculos de poder los diferentes tipos de simios, los macacos, los orangutanes, los gorilas, los babuinos, los chimpancés, y hasta los monos transgénicos como ANDi, un mono rhesus o macaco de la India, al que han fabricado en el Centro Regional de Investigación de Primates de Oregón con un gen de medusa para curar, dicen, un tipo de ceguera, pero que os vaticino que pronto veremos en algún despacho, con otros “veinte monos con diarrea, reunidos en asamblea, discutiendo con desgana del déficit de banana” como cantaría Moncho.

La competencia del incompetente. Las ventajas que tiene esta dirección colegiada de monos, y no quiero resultar monotemático, son múltiples y variadas. Se ha sabido desde siempre que el control férreo, la organización estricta, reporta ciertas ventajas al menos en el corto plazo. Luego, lógicamente, vendrán muchos contratiempos motivados, entre otros factores, por la escasa capacidad de delegación, el freno de las iniciativas y la motivación de los empleados, etc., pero, a corto plazo, las cosas parecen funcionar. Sobre todo porque estos nuevos jefes simiescos (cada uno con comportamientos diferenciados, según se trate de un macaco o un gorila, por ejemplo), no son conscientes de lo que realmente son y se consideran a sí mismos importantes e insustituibles.

Según un reciente estudio publicado en la prestigiosa revista “Journal of Personality and Social Psychology” nada menos, se ha demostrado que son precisamente las personas menos capacitadas para hacer una determinada tarea las que se creen más competentes para realizarla. Son tan poco hábiles que ni siquiera disponen de la habilidad necesaria para darse cuenta de que no están capacitados: éste es el caso de esos simios que se han encaramado a la mesa del jefe y que no sueltan ni de coña el control sobre el racimo de plátanos. “Grandes monos con cartera”, que si hace falta, y seguimos con la copla, se apoyarán en “gorilas con cartuchera”.

El jefe perdedor e incompetente. De todas formas, no nos alarmemos más de la cuenta, pero, cuidado, sin bajar nunca la guardia. Este tipo de jefe simio tiene una gran probabilidad, a la larga, de convertirse en un perdedor. Te podrás ir dando cuenta cuando se ponga sentimental un día y te empiece a hablar de su lejana infancia contándote unas chorradas que no vienen al caso, cuando se le cambie la cara, poniéndosele como morada, como si le hubieran dado de hostias, después de recibir una llamada de su mujer, cuando le veas salir del despacho de su jefe (sí, del despacho del jefe de tu jefe, un mono más poderoso y brutal, posiblemente) con cara de estreñimiento o de diarrea, según los días. Hay muchas pistas que te ayudarán a detectar al jefe perdedor, de modo que cuando veas estas señales, ten un poco de sensatez y no te subas a su carro. Un carro conducido por un simio no va nunca por muy buen camino, pero mucho menos en estos casos.

A veces esto va unido a otros signos de incompetencia, como cuando te empieza a decir que no te ha pedido el informe que le llevas y que has tenido que terminar por la noche en casa (bueno, de madrugada, cuando has llegado a casa, porque en un descuido miraste el reloj en el bar y no pudiste seguir engañándote a ti mismo con la hora), o cuando te da a ti y a tus compañeros diversas órdenes, y todas ellas contradictorias, sobre el mismo tema. Todo esto no son más que comportamientos simiescos, contra los que debes defenderte y, cuando puedas, intentar cambiar.

El liderazgo es la alternativa. Sí, no hay más remedio que intentar cambiar esta situación, acabar con el predominio de los simios, por lo que lo mejor es que nosotros mismos lleguemos a ser jefes de un nuevo tipo, dotados de una actitud nueva y moderna, más acorde con el siglo XXI en el que nos encontramos y en el que estamos llamados a hacer cosas más grandes. No burradas más grandes, no, que ya las que ha habido hasta ahora son casi insuperables.

Por ello, debemos prepararnos para ser jefes, de modo que podamos asumir un día ese papel con más elegancia y dominio, como nos corresponde. Debemos hacerlo aportando nuevos valores, aprendiendo de lo que se ha hecho anteriormente pero dando a nuestra gestión una nueva impronta, que según aconsejan los más avanzados gurús actuales, debe centrarse en la capacidad de ser buenos comunicadores y tener una adecuada visión estratégica. Percibir los cambios, incluso antes de que ocurran, reaccionar con rapidez ante cada eventualidad, trasmitir a nuestros equipos y al exterior la información correcta, en una palabra, ser auténticos líderes.

Porque para ser un jefe eficaz, hay que dar el salto y convertirse en un líder, potenciar y desarrollar las habilidades propias de la jefatura, lo que impedirá finalmente que continuemos haciendo el mono como nuestros antecesores: la capacidad analítica, la creatividad, la facilidad de comunicación con el entorno laboral. Como afirma John P. Kotter, de la Harvard Business School, “liderazgo y dirección son dos sistemas de acción complementarios; mientras la segunda lucha por afrontar la complejidad, el primero lo hace por hacer frente al cambio”. El comportamiento cooperativo, la participación en la toma de decisiones, la motivación entendida de modo más amplio que las meras reivindicaciones salariales, todo ello hará que nos convirtamos en unos jefes auténticamente humanos, dentro de la actual evolución del trabajo en las sociedades complejas, dominada cada vez más por la fluidez, como afirma el sociólogo Juan José Castillo en su obra “A la búsqueda del trabajo perdido”. Los procesos productivos “se disuelven y se extienden en diversos territorios”, y en este entramado debemos andar con pies de plomo, y evitar que se nos fundan los plomos y que se nos crucen los cables, para no ser también disueltos. Así que, mejor, disolvamos de una vez a esos jefes simios y avancemos por el camino de la participación, la motivación y el diálogo. ¡Seamos nosotros los jefes, o al menos, actuemos como tales!

(en la página siguiente puede ver una curiosa clasificación de jefes simiescos; en la tercera, el test para saber si estás preparado para ser tú mismo un jefe)

Pág. 1 2 3 4


Opine sobre la noticia con Facebook
Opine sobre la noticia
Normas de etiqueta en los comentarios
Desde PERIODISTA DIGITAL les animamos a cumplir las siguientes normas de comportamiento en sus comentarios:
  • Evite los insultos, palabras soeces, alusiones sexuales, vulgaridades o groseras simplificaciones
  • No sea gratuitamente ofensivo y menos aún injurioso.
  • Los comentarios deben ser pertinentes. Respete el tema planteado en el artículo o aquellos otros que surjan de forma natural en el curso del debate.
  • En Internet es habitual utilizar apodos o 'nicks' en lugar del propio nombre, pero usurpar el de otro lector es una práctica inaceptable.
  • No escriba en MAYÚSCULAS. En el lenguaje de Internet se interpretan como gritos y dificultan la lectura.
Cualquier comentario que no se atenga a estas normas podrá ser borrado y cualquier comentarista que las rompa habitualmente podrá ver cortado su acceso a los comentarios de PERIODISTA DIGITAL.

caracteres
Comentarios

Aún no hay Comentarios para este post...

    Sábado, 26 de mayo

    BUSCAR

    Editado por

    Síguenos

    Hemeroteca

    Mayo 2018
    LMXJVSD
    <<  <   >  >>
     123456
    78910111213
    14151617181920
    21222324252627
    28293031