El buen vivir de Juan Luis Recio

Los vinos ecológicos, biodinámicos y californianos de Marimar Torres

19.03.16 | 15:09. Archivado en Vinos, Naturaleza, ecología

La viticultura orgánica que realiza la enóloga Marimar Torres en Sebastopol (California) tiene una interesante historia que contar y unos excelentes vinos que degustar. Ya en abril de 2003 se convirtieron a viticultura orgánica la totalidad de las 25 hectáreas del Viñedo Don Miguel, en Russian River Valley, procedencia de la uva de los chardonnays y pinot noirs de finca de los que más abajo les hablo.

“Empezamos a experimentar en el año 2000 con algunas parcelas de la viña, antes de dar el paso de cultivar orgánicamente la totalidad del viñedo”, explica la fundadora de la bodega, Marimar Torres. “La idea es crear un equilibrio ideal entre las cepas y la naturaleza. El viñedo será más sano y en armonía con el medio ambiente, y la uva será de mejor calidad. Este es nuestro objetivo a largo plazo”. Finalmente, la certificación orgánica se obtuvo en mayo de 2006.

Marimar cree que la conversión a viticultura orgánica, a la larga, es mejor para el ecosistema del viñedo. “Anteriormente se creía que una viña debía estar limpia y sin ninguna hierba. Pero hoy día promovemos el crecimiento de cultivos de cobertura para la buena salud de las cepas”, añade. Los cultivos de cobertura del Viñedo Don Miguel son una mezcla de guisantes, veza, avena y trébol – algunas de cuyas hojas y flores son incluso comestibles. “Los cultivos de cobertura son esenciales para la viticultura orgánica ya que proporcionan un hábitat ideal para insectos beneficiosos, por ejemplo mariquitas y arácnidos, que son depredadores naturales de plagas dañinas como los cicadélidos y los ácaros”.Las flores rosas y blancas de los guisantes de Miranda y Magness se alternan con las flores de veza azules y lilas y la mostaza blanca en el pintoresco cultivo de cobertura.

Los cultivos de cobertura también ayudan al viticultor a controlar el vigor de las cepas. En las zonas de bajo vigor, si la tierra se labra para incorporarlos al suelo, aportan oxígeno y elementos nutritivos. Y en las zonas demasiado vigorosas, se pueden segar para ayudar a reducir el vigor. Marimar cree que el cambio a viticultura orgánica ayuda también a utilizar el agua más eficientemente en el viñedo. “Al labrar los cultivos de cobertura se mejora la estructura del suelo y se retiene mejor la humedad”, afirma. En vez de utilizar herbicidas, se ha creado una “alfombra” de trébol debajo de las hileras de cepas que compite con las malas hierbas. Otro beneficio del cultivo de cobertura es el control de la erosión.

Reciclando los desperdicios de forma eficiente, la bodega está creando su propio compostaje para el abonado del viñedo. La mezcla de raspones y orujos, estiércol de vaca y caballo, y residuos vegetales se descompone y se utiliza como fertilizante natural. Los cultivos de cobertura y el compostaje nutren las cepas sin tener que emplear abonos sintéticos. También se utilizan productos orgánicos para proteger las cepas contra la botritis (podredumbre), mildiu y oidio. Y finalmente, un importante beneficio de la viticultura orgánica es que evita la exposición de los trabajadores a los productos químicos y herbicidas.

Señala también Marimar que la conversión a métodos de viticultura orgánica supone un cambio extraordinario en la forma de cultivar la viña. “Ha supuesto un gran esfuerzo cambiar totalmente de forma de pensar,” comenta. “Pero todos estamos entusiasmados, pues ya podemos ver los resultados en los vinos. Son más redondos, tienen más finura, reflejan mejor su terroir o el terruño de donde proceden, y han adquirido una personalidad más destacada”.

Y luego está la biodinámica. En 2007 empezaron a experimentar con la biodinámica en sus viñedos, y en 2010 decidieron utilizar las prácticas biodinámicas en todo el viñedo. Esto supuso un paso más allá de la viticultura orgánica, donde la idea es considerar la viña como un ecosistema en su conjunto: no sólo hileras de cepas sino también la tierra bajo ellas, así como la flora y la fauna de la propiedad, todos creciendo interdependientemente unos de otros. Para estimular la biodiversidad, preparron unos “tés de compostaje” especiales, con hierbas como la milenrama y la ortiga, que rociaron sobre las cepas en cantidades minúsculas. La biodinámica, de alguna forma, es casi un acto de fe, ya que es imposible cuantificar el éxito de estas prácticas. Pero aquí están convencidos de que sus vinos están reflejando mejor su terroir, han adquirido más redondez y personalidad desde que iniciaron la agricultura
orgánica, con lo que creen que este paso adelante ayudará a seguir mejorando la salud de sus viñedos.

Como les prometía, hablaremos ahora de los vinos, empezando por el Pinot Noir 2012 La Masía, del Viñedo Don Miguel. La razón del nombre La Masía, es porque la bodega está diseñada al estilo de una clásica masía catalana. Y el nombre del viñedo orgánico Don Miguel es llamado así, por si había duda, en honor del que fue patriarca de la familia Torres. Este viñedo orgánico y biodinámico está situado en el Green Valley — la región más fría y con más niebla del Russian River, a sólo 15 km. del Océano Pacífico. Plantado al estilo europeo, con 5000 cepas por hectárea, produce bajos rendimientos y requiere intensa mano de obra, pero las cepas viven más años y las uvas adquieren mayor equilibrio y concentración, asi como aromas más refinados y elegantes.

Las uvas se recogieron del 12 de septiembre al 15 de octubre. Tras un prensado mínimo, fermentaron en tinas de acero inoxidable, sin racimos enteros. El vino envejeció en barricas de roble francés, un 34% nuevas, de los toneleros Remond, Rousseau y Marchive, de los bosques de Bertranges y Francia central. Se embotelló, sin filtrar ni clarificar, en agosto de 2013. Las doce hectáreas de pinot noir están plantadas con varios clones, que producen vinos con complejas capas de sabores. La combinación de clones de esta añada es un 42% Pommard, 33% Swan, 21% Dijon 115 y 4% Dijon 667.

En relación con la cata, cabe destacar su nariz vibrante y deliciosa, clásica del Russian River/Green Valley con frutos rojos como ciruelas, cerezas y bayas silvestres, con una nota especiada de clavo y moca. Los taninos son firmes e intensos, prometiendo una larga vida, y el final es persistente, equilibrado y concentrado. Se recomienda servirlo a temperatura de bodega, entre 14-15°C. Su PVP es de 40 €.

Pero hay otro pinot noir igualmente interesante, procedente de otro viñedo. Se trata del Pinot Noir 2013 Mas Cavalls, que procede del Viñedo Doña Margarita,y que es también elaborado y embotellado en la propiedad. Nos cuentan que han dado a este vino el nombre de Mas Cavalls (Rancho de Caballos en catalán), ya que tienen un centro ecuestre que se halla justo bajo el viñedo. Por su parte el Viñedo Doña Margarita es llamado así en honor de la madre de Marimar, estando este viñedo de ocho hectáreas situado en la D.O. Sonoma Coast.

Las brisas frescas y nieblas del Océano Pacífico, a sólo diez Km de distancia, contribuyen el clima ideal para la pinot noir. Plantado con una densidad muy alta de 5850 cepas por Ha, los rendimientos son bajos y se requiere intensa mano de obra especializada, pero las cepas viven más años y las uvas adquieren mayor equilibrio y concentración, así como aromas más refinados y elegantes. Las uvas se recogieron entre el 10 y el 23 de septiembre. Tras un prensado mínimo, fermentaron en tinas de acero inoxidable, sin racimos enteros. El vino envejeció en barricas de roble francés de primera calidad, 36% nuevas, de los toneleros Remond, del bosque de Bertranges, Marchive y Rousseau del centro de Francia. Fue embotellado, sin filtrar ni clarificar, en agosto de 2014. Las 8 hectáreas de pinot noir de este viñedo están plantadas con tres clones diferentes. En esta añada, la combinación de clones es 56% Pommard, 25% Dijon 667 y 19% Dijon 1115.

En la fase olfativa manifiesta una elegante nariz, con clásicos aromas varietales de cereza silvestre, clavo y madera de sándalo, armonizado con las características notas de sotobosque de este viñedo excepcional. Los taninos son suaves y generosos, y el paladar es redondo, complejo y carnoso. Se recomeienda servirlo a temperatura de bodega, entre 14º y 15ºC. Su PVP es de 40 €.

Y entrando en los blancos, les hablaremos primero del Chardonnay 2013 La Masía,procedente como su homónimo tinto del Viñedo Don Miguel, que es elaborado y embotellado en la propiedad.

Las uvas se recogieron del 24 de septiembre al 1 de octubre. Tras un prensado mínimo, fermentaron en barricas de roble francés de primera calidad, un 40% nuevas, de los toneleros Marchive, Rousseau, Damy, y Dargaud & Jaegle, procedentes del bosque de Allier. Tras la fermentación maloláctica, el vino envejeció sobre sus lías siete meses y se embotelló en mayo del 2014. Las 12 hectáreas de chardonnay del Viñedo Don Miguel están plantadas con tres clones diferentes. La combinación de clones en la añada 2013 es 53% See, 31% Spring Mountain y 16% Rued.

De nariz intensa y compleja, recordando al melocotón blanco y a la chirimoya, a su paso por el paladar se desvela como sabroso y redondo, con notas de merengue de limón y un toque de vainilla del elegante roble. El final es persistente y el gran equilibrio del vino promete un largo potencial de envejecimiento, aunque es delicioso para beber ya ahora. Se recomienda servirlo fresco, entre 8° y 9° C. Su PVP es de 33 €.

Y por último, el Chardonnay 2014 Acero, también del Viñedo Don Miguel. El nombre Acero evoca el hecho de que este vino no ha estado nunca en contacto con el roble. Las uvas, seleccionadas especialmente por la intensidad aromática, fermentan en acero inoxidable a fin de retener la pureza de los sabores. Después de completar la fermentación maloláctica, el vino permanece en la tina hasta su embotellado en primavera. De los tres clones plantados en el Viñedo Don Miguel, para la añada 2014 se usó exclusivamente el See. Las uvas se vendimiaron del 19 al 20 de septiembre.

Los racimos se prensaron enteros y fermentaron en frío, usando levadura autóctona, en tinas de acero inoxidable a 12ºC. Después de completar la fermentación primaria, el vino hizo la maloláctica al 100% en la misma tina. Se embotelló en abril 2015.

Esta añada de Acero capta los frescos y elegantes aromas del clon See: manzana y pera, madreselva y frutas tropicales como la papaya. La espléndida nariz continúa con la cremosa sensación de boca, redonda e intensa. El final perdura y no se acaba. Fácil de beber y perfecto para acompañar tapas, marisco y platos ligeros. Se recomienda servirlo entre 7º y 8ºC. Su PVP es de 29 €.


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