El buen vivir de Juan Luis Recio

Retratos de Carlos Bloch

11.01.09 | 14:42. Archivado en Arte, Cultura
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La obra de Carlos Bloch ha ido evolucionando, como corresponde al proceso creativo en general, pero a la vez ha mantenido siempre una cierta coherencia interna que hace que sus cuadros, dibujos, collages y un largo etcétera (ya que además de lienzos y tablas pinta los objetos más inverosímiles, como, por ejemplo, las cerillas de una caja de ídem) tengan un denominador común que los hace reconocibles como obra suya.

Al menos eso es lo que yo pienso, ya que hay quien sostiene, por el contrario, que su obra es muy diversa y heterogénea, claro. En cualquier caso, sí que es heterodoxa y contradictoria, como esta exposición que hasta final de mes se puede ver en Zoe Café, donde además podrá comer, tomar un café o unas tapas mientras recorre la amplia muestra de retratos que esta vez Carlos ha escogido para esta peculiar exposición unida por el hecho de que es en su gran mayoría rostros, de diferentes etapas y con diferentes técnicas y formatos. Viendo los retratos me acordé de uno que utilizó como reclamo de una exposición de hace unos años para la que escribí el texto que hoy aquí les ofeezco, y que me parece que viene al pelo porque demuestra cómo se pueden ver las cosas desde perspectivas muy distintas, e incluso opuestas, y a la vez ser coherentes. hecho que, espero no equivocarme, usualmente tanto Carlos como yo vemos con agrado. Ahí va.

DE: DARREN C. PARRY III
A: CARLOS BLOCH RODRÍGUEZ

Santiago de Compostela, 19 de julio de 1994

Estimado amigo:

Ante su peregrina petición, me es grato adjuntarle un texto hallado entre los papeles del biógrafo de mi abuelo que considero puede ser de su interés.

No alcanzo a comprender los motivos por los que mi abuelo se encontraba en Suiza en 1925, y menos aún por qué su padre le llevó a ver aquella exposición de Karl Bloch. Acaso usted disponga de mayor información al respecto que pueda dar alguna luz sobre estas dudas.

Como usted ya sabe, estoy recopilando textos con la idea de realizar una edición sobre la infancia de mi abuelo, Darren C. Parry I, sobre la base de los escritos de dicho biógrafo, textos a los que tituló genéricamente “Las incursiones de Darren C. Parry”. Si dispusiera usted de alguna información sobre dicha estancia en Suiza que pudiera facilitarme, le quedaría eternamente agradecido.

Sin más, por el momento, le saluda atentamente,

Darren C. Parry III.

Darren C. Parry nunca olvidó el día en que su padre le llevó a ver aquella exposición de sombras.

Antes que nada porque hubo de desplazarse hasta Suiza, lugar en el que nunca antes se había hallado. De hecho, parece ser ésta, con gran probabilidad, la primera incursión de Darren en el extranjero, y las razones de la misma, obviamente vinculadas con su padre y cierto “turbio negocio” (como le confesó un día su abuelo), son por completo ajenas a las intenciones de este escrito.

Y también porque aquella exposición de sombras le había dado mucho que pensar.

- Nosotros –le dijo a la vuelta su abuelo, el más orgulloso de los cockneys- podemos hacer negocios turbios. Pero sucios, nunca -. Enfatizó el “nunca” mientras sus ojos se perdían en los del chaval.

Los ojos de Darren se perdieron en los cuadros de colores, en las sombras de los cuadros de colores, en el hilo del sueño y en el filo de la ilusión. Entonces, vio una plomada colgando y dos hombres besándose.

- Padre – musitó, queriendo apartarle sin éxito de sus contertulios -. Hay ahí dos hombres besándose.

- No son exactamente dos hombres – oyó decir a alguien. Luego supo que quien le hablaba era un tal Karl Bloch, pintor de cuadros y de sombras de cuadros, de plomadas colgando y de hombres besándose, pintor también de ropa pintada y de caras de niños – Son sombras de hombres o postales. Creo que son historia. O recortes de periódicos.

Darren C. Parry, con su cara pintada por Karl Bloch, pensó que nunca había visto algo así. Que nunca había oído algo así. Que nunca había pensado algo así. Que nunca había estado en Suiza.

- ¿Será esto un negocio sucio o un negocio turbio? – iba cavilando mientras su padre lo llevaba en un coche de caballos camino del hotel. Cuando le preguntara a su abuelo, sabía ya cómo sería su respuesta: salvo que fueran sombras o recortes de prensa, dos hombres besándose nunca podrían ser algo sucio.

Publicado originalmente en “Sombras”, catálogo de la exposición de Carlos Bloch en la Galería SEN de Madrid (septiembre, 1994).

Igual otro día les cuenta más sobre Darren C. Parry y su abuelo...

Zoe Café
C/ Santa María, 28 (Metro Antón Martín)
28014 Madrid
Tel.914 295 462


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