El buen vivir de Juan Luis Recio

Rompiendo los cielos (un test sobre xenofobia)

02.01.07 | 08:00. Archivado en Tests
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Es usted habitante de una canasta de piedra aunque no lo sepa, es pobre por tener mucho y codicia el metal redondo. Al menos le ven de este modo en otras latitudes. Y le llaman de otro modo: rompedor del cielo. En la mitología de los pobladores de la Polinesia y de los maoríes de Nueva Zelanda, se denomina a los hombres blancos extranjeros con la palabrapapalagi”, que quiere decir, literalmente, “quebrantador de los cielos”. Al parecer, el primer hombre blanco que llegó a Samoa lo hizo en una embarcación a vela. Los nativos, al verle aproximarse, pensaron que había una grieta en el cielo por la que el hombre blanco había accedido hasta ellos. Llegaron rompiendo los cielos, cambiándolo todo. Actualmente, en España y en toda Europa, se vive un proceso, aunque a la inversa, parecido, con la irrupción de millones de personas provenientes de otros países, de otras razas y de otras religiones. ¿Cuál es nuestra reacción frente a este fenómeno?

Al igual que el hombre blanco llegó a las tranquilas islas de los mares del Sur “rompiendo los cielos”, desembarcan ahora en Europa gentes de muchos países, de las más variadas razas, costumbres y religiones. Llegan también rompiendo los cielos, inundando los mares, las carreteras, las pateras, los bajos de los camiones (como acabo de ver in situ en el puerto de Tánger) y de los vagones del ferrocarril. Llegan rompiendo con todo, entrando caudalosamente en nuestras calles millones de inmigrantes que buscan una vida mejor en la vieja Europa. Y llegan también a veces rompiéndonos el alma, cuando descubrimos el cadáver de un subsahariano comido por los peces en medio de las lujosas tablas de surf o cuando vemos a temblorosas mujeres embarazadas que son finalmente atendidas por una patrulla costera de la Guardia Civil.

Si tiene prisa por hacer el test, vaya a la siguiente página, pero vuelva luego, eh!

La tolerancia de Julián. Pero también, dicen, vemos el incremento de los delitos cometidos por inmigrantes, la droga campeando a sus anchas en determinadas zonas o las alarmantes noticias de mafias sudamericanas o de países del antiguo Este europeo. Un mundo nuevo y desconcertante ante el que cada uno de nosotros poco a poco nos vamos posicionando, conformando modos de pensar y adoptando actitudes diferenciadas. Julián, mi tendero, al que volveré a ver mañana que regreso a Madrid, por ejemplo, tan buen profesional como, si cabe, mejor persona, está acostumbrado a atender a clientes de más de cincuenta países distintos. Con la misma sonrisa despacha a tirios y troyanos, a moros y cristianos, a árabes y judíos, a blancos y negros, a gays y heteros, a chinos y paquistaníes... Y también, con sabiduría que solo la experiencia concede, pone firmes a algún que otro chaval que intenta un pequeño hurto, sea de la etnia, procedencia o credo que sea.

La intolerancia skin. Un ejemplo de tolerancia, que comparten también los inmigrantes, como el joven magrebí Tarik, que sirve a diario cochinillo en un famoso restaurante segoviano, asumiendo, aunque sea desde la perspectiva laboral, unas propuestas gastronómicas que no son propias de su cultura y religión. Mas, frente a ello, muchos casos de intolerancia, de rechazo al extranjero, de xenofobia, intolerancia que alcanza sus más altas cotas en los reducidos pero violentos grupos de extrema derecha, como los “skin heads”, que proliferan en muchos países europeos, especialmente en la Alemania del Este. Alrededor de cien personas de piel “oscura” han sido asesinadas en Alemania en los últimos diez años, víctimas de ataques racistas, ataques de los que se han contabilizado seis mil casos a lo largo de una década. Grupos extremistas se atreven a establecer “zonas nacionales liberadas” en los que intentan cerrar el paso al acceso de extranjeros. Un proceso que, aunque minoritario, puede propagarse con facilidad y alcanzar cotas de preocupación, como consecuencia de incidencias puntuales. Recuérdese, por ejemplo, el caso de El Ejido. O los resultados de la encuesta del Instituto de la Juventud de hace pocos años, donde se informaba de que el 30 % de los jóvenes españoles considera que el fenómeno de la inmigración será a la larga “perjudicial para la raza” y de que el 24 % cree que tendrá efectos negativos “en la moral y en las costumbres españolas”.

Por ello, siguiendo la Declaración de las Naciones Unidas sobre la eliminación de todas las formas de intolerancia y discriminación, conviene que se asuma la existencia del fenómeno social de la creciente inmigración y que se adopten medidas tanto desde la perspectiva institucional como desde la perspectiva de la sociedad civil y desde la óptica personal. El Informe RAXEN (Racismo, Xenofobia e Intolerancia en España a través de los hechos), promovido por el Movimiento contra la Intolerancia y que se puede consultar en la página web del IMSERSO, o los Congresos sobre la Inmigración que se celebran en Granada, son algunas de las muchas iniciativas que se están tomando para encauzar con tolerancia el fenómeno de la inmigración. Un fenómeno que sin duda irá todavía en aumento, y que debe tratarse con ecuanimidad y mesura, sin dejarse llevar por impulsos anómalos. Aprendamos a convivir con gentes que, quizás diferentes a nosotros en sus creencias y costumbres, son a la vez iguales a nosotros, en cuanto que seres humanos que luchan por construirse un mundo mejor. Un mundo mejor que sin duda podemos compartir todos los que poblamos este pequeño planeta, sin que haya necesidad alguna de que “rompamos los cielos” ni de unos ni de otros.

ALGUNOS DATOS SOBRE LA INMIGRACIÓN EN EUROPA Y EN ESPAÑA.

· La ONU ha advertido en muchas ocasiones a Europa de la necesidad de abrirse a la emigración para mantener su crecimiento y proteger las pensiones. Según Eurostat, Europa necesitará integrar a unos 44 millones de inmigrantes desde ahora hasta el año 2050.

· En el año 2000 llegaron a la Unión Europea 816.000 inmigrantes, procedentes en su mayoría del Magreb, Turquía, India, África subsahariana y los Balcanes.

· Uno de cada tres europeos, según el Eurobarómetro, se considera muy racista o más bien racista, razonándose este aumento de la xenofobia por el temor al paro y la seguridad en el futuro, así como por un cierto malestar ante las políticas gubernamentales y las condiciones sociales.

· Se calcula que hay al menos unos tres millones de personas viviendo ilegalmente en Europa: 500.000 en Francia y 250.000 en Italia.

· España es uno de los países de la Unión Europea con más inmigrantes irregulares. El reciente y polémico proceso de regularización ha permitido legalizar la situación de muchos de ellos.

· En España hay un inmigrante por cada mil habitantes (proporción similar a la de Francia, Austria y Portugal), porcentaje bajo comparado con el resto de la Unión Europea. Los inmigrantes en España suelen trabajar en la economía sumergida, y se les paga habitualmente menos que a los españoles, trabajando en peores condiciones. Hay escasez de viviendas dignas para estos colectivos.

· En Alemania hay 24 inmigrantes por cada mil habitantes, en Bélgica, 20, en Luxemburgo 114, en el Reino Unido 2 y en Italia, 3.

UNA FORMA ESPECIAL DE XENOFOBIA: LA XENOFOBIA LABORAL.

Según un estudio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), uno de cada tres trabajadores extranjeros en España (al igual que en otros países europeos como Bélgica, Alemania y Holanda), sufre graves discriminaciones a la hora de encontrar empleo. Para realizar el estudio, expertos de la OIT respondieron durante varios meses a las ofertas de empleo anunciadas en los medios de comunicación, contabilizando el número de inmigrantes rechazados frente a los nacionales de cada país estudiado aceptados por las empresas.

Los sectores en los que la situación de xenofobia laboral es más grave son en los servicios, la industria y la hostelería, sobre todo en los puestos en los que los trabajos requieren contacto con los clientes. Esta discriminación es especialmente destacable en el caso de los inmigrantes marroquíes, a los que en un 25 % no se les permitió siquiera presentar la demanda de empleo. Esta discriminación, además, no tiene que ver con el desconocimiento del idioma del país de acogida, ya que afecta también a los hijos de inmigrantes que ya han nacido en España y conocen nuestro idioma. Como consecuencia, además de todos los problemas propios de la inmigración, los inmigrantes en España tienen una tasa de paro muy superior a la de la población general.

LOS ESPAÑOLES ANTE LA INMIGRACIÓN.

En los barómetros que realiza el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), se ha tratado el tema de la inmigración, así como muchos otros temas de interés social. Las respuestas que dan los españoles al respecto, no exentas de contradicciones, son esencialmente las siguientes:

· El 92 % de los españoles considera que toda persona debería tener libertad para vivir y trabajar en cualquier país, aunque no fuera el suyo.

· El 50 % de los españoles cree que la inmigración hacia los países desarrollados es más bien positiva para dichos países, mientras que el 21 % piensa del modo contrario.

· Un 28 % de los españoles se preocuparía “mucho” o “bastante” si su hijo o hija se casara con un marroquí o norteafricano.

· Al 83 % de los españoles no les preocuparía “nada” que sus hijos compartieran clase con niños de familias inmigrantes extranjeras.

· El 56 % de los españoles ha tenido alguna vez al menos trato o relación con inmigrantes en España, aún cuando un 44 % nunca ha tenido trato directo con ningún inmigrante.

· El 42 % de los españoles cree que son “demasiados” los inmigrantes de otros países que viven en España, mientras que un 40 % cree que “son bastantes, pero no demasiados”.

DOS PERSPECTIVAS PARA DOS TIPOS DE EXTRANJEROS.

· Moros en la costa, de Juan José Téllez (Editorial Debate, 2001): una revisión sobre la situación de la inmigración en nuestro país escrita por este conocido periodista de investigación. Se analizan sucesos tan recientes como los de El Ejido y el impacto de la Ley de Extranjería, a la vez que se realiza una memoria de la diáspora española, de los tiempos en los que los españoles eran los inmigrantes. Como dice Saramago en el prólogo, “aquel a quien ayer humillaron, humillará hoy con más rencor”.

· Los papalagi (los hombres blancos), de Tuiavii de Tiavea (Integral, RBA Libros, 2000): Erich Scheurmann recopiló los discursos de este jefe samoano tras su viaje a Europa a principios del siglo XX, acompañando la edición con los divertidos dibujos de Joost Swarte. La sabiduría y agudeza de las percepciones de las locuras del hombre blanco desde la perspectiva de un pacífico habitante de los mares del Sur sorprende, divierte e inquieta, cuando descubrimos que somos nosotros esos hombrecillos extraños que no tienen tiempo, pobres a causa de sus muchas cosas, habitantes de canastas de piedras y codiciosos del metal redondo.

El test en la siguiente pgina.

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