Millones de personas afilan sus cuchillos, millones de corderos, seguramente cientos de millones, morirán degollados mañana a primera hora. En nuestro país, se consumirán por otro motivo millones de uvas (fruto de una tradición mucho más próxima en la historia), mientras en otras latitudes harán sin más una cuenta atrás, o muchas otras costumbres diseminadas por los distintos lugares. Lo que pasa es que mañana, por un lado, es la fiesta grande, Aid-El Kebir, que se celebra unos setenta días después del Ramadán, y que por esos bamboleos que tiene el calendario musulmán (lunar) respecto al gregoriano (solar) por el que nos regimos, este año, este es el otro lado, dicha fiesta coincide con nuestra Nochevieja, enfrentándose mañana de modo simbólico dos culturas.
Me lo explicaba el otro dia el Sr. Mohamed Jalami, que conduce el taxi numero 1 de Tánger, de quien ya les he hablado, y al que he visto de nuevo ayer cuando me ha llevado a Chefchaouen (le pregunté, claro, sobre qué tan afilado tiene su cuchillo). Me ha contado muchos detalles que trataré de resumirles aquí sobre esta fiesta tan importante para los musulmanes y de la que estos días no paran de hablar. Este día 31 creo que se va a parar el mundo (ni siquiera abre el restaurante de la Casa de España, donde tienen hasta jamón), al menos en el entorno en el que me encuentro. Menos mal que el Sr. Chaoiu Abdellah me ha prometido que me guarda mesa para cenar, fijo fijo, y que me va a tener ostras y todo, pero de esto ya les hablaré mañana.
Como seguro que saben, la fiesta del cordero viene del Corán, pero tambien de la Biblia, ya que es la conocida historia en la que Dios pone a prueba a Abrahám pidiendo que sacrifique a su hijo Isaac: no somos tan distintos, musulmanes y cristianos como a veces por ambas partes nos empeñamos. Al final el chico se salva (Dios le dice que se detenga y el chaval se salva por los pelos; es una historia con mucho suspense) y en su lugar se sacrifica a un cordero, el pobriño. A estas horas, a las siete u ocho de la mañana, están las mezquitas llenas de hombres que se preparan para el sacrificio ritual (si su economía se lo permite, claro, en caso contrario están exentos o cascarillas, como decíamos de pequeños). Tras la visita a la mezquita, vuelven a casa y sacrifican al cordero (estos días pasados se ha visto mucho trasiego de corderos por las calles, no sé si sabían lo que se les venía encima, pero se hacían los remolones para el traslado, se lo prometo), ya que es preceptivo matarlo en la misma jornada en la que la fiesta se celebra, o sea, hoy. Esto les lleva una hora aproximadamente. Luego dejan el trabajo a las mujeres que preparan al animal y lo cocinan, mientras ellos toman el té con hierbabuena y eso. O eso espero, a ver si hay un poco de ambiente en el Zoco Chico, al menos.
A la hora de comer se reune toda la familia y dan cuenta del bicho, o de parte de él, que es muy grande. Se suele comer con una ensalada y los guisos pueden ser variados: chuletas a la brasa, asado o cocido, en pinchitos, en croquetas; como se quiera, en una palabra. Lo normal creo que es hacerlo a las brasas de carbón, combustible que igualmente se ha visto mucho por las calles y mercadillos en estas jornadas pasadas (a veces parezco un poco cursi pero es para evitar los acentos, que en este teclado que uso no son sencillos). Hay un guiso muy valorado en el que se cocina al carnero enterito, pero en una familia no se suele hacer porque no se lo van a comer todo y no está la cosa para tirar nada por estos lares.Para beber, nada de alcohol/ lo tradicional es comer con un té con hierbabuena, aunque ahora a la gente joven se decanta por la Coca-Cola...
Lo que se hace es volverlo a cenar por la noche, de modo un poco más ligero: una sopita hecha con la cabeza y las patas y unos pinchitos adobados con especias, por ejemplo; y al dia siguiente se come en couscous, invitándose a otros familiares. El resto se guarda o se va comiendo en los dias sucesivos.
Para no cansarse de comer siempre lo mismo, se puede congelar, o lo que es mejor, guisarlo en aceite y conservarlo en un recipiente de barro con aceite a mogollón(no el mismo del guiso, sino otro nuevo). Este sistema es muy valorado pero resulta un poco caro para muchos, ya que se pueden consumir en el proceso unos quince litros de aceite. Parece ser, me dice el Sr. Jalami, que si uno coje un trozo a los cuatro meses, resulta tan rico como el propio dia del sacrificio.
De todos modos, esta es la tradición popular, porque en realidad lo suyo es comer un trocito en plan ritual y el resto dárselo a los pobres, y lo mejor de todo es hacerlo en la propia Meca; aunque tampoco es bueno pasarse, como hacen los sauditas, que son muy ricachones, y que entierran corderos a toneladas en estas fechas, comiéndose solo un pedacito. Esto está muy mal, me recalca el Sr. Jalami, hombre muy bueno y también muy religioso, al que deseo que le vaya de maravilla en todo este proceso, al igual que a todos los musulmanes que se van a ver en este brete en breve. A ustedes, cristianos y ateos que me leen, o de otras creencias, ya les felicitaré mañana el nuevo año. Que no me olvido...
Sobre precios, un carnero vivo en estos momentos cuesta por estos lares en torno a los 300 euros, una fortuna cuando el sueldo mensual de un camarero puede no llegar a los 200 euros, aunque si se trata de una oveja o una cabra el precio puede bajar hasta los 150 euros o algo menos. Hace poco vi en la plaza de Chefchaouen (fascinante localidad en todos los sentidos) acercarse a un chaval con un cordero: todos iban a preguntarle el precio pero al final el chico se fue con el carnero de nuevo, porque nadie se animaba a aflojar la pasta... También habia otros chicos con unas cuantas cabras, pero al final, delante de mi al menos, nadie compró nada...
Martes, 29 de mayo
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Juan Luis Recio
Paulino Toribio
Ángel Sáez García
Peio Sánchez Rodríguez
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
José Donís Català
Chris Gonzalez -Mora
José Pómez
Julián Moreno Mestre