El buen vivir de Juan Luis Recio

No es una broma

28.12.06 | 09:59. Archivado en Destilados, licores
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Aunque sea hoy la festividad de los inocentes, esta curiosa información es totalmente seria. Habla sobre lágrimas de novia con hojas de oro, de bodas amañadas y de la Unión Europea. Y tiene que ver con un producto poco conocido aquí. La ginebra holandesa. Holanda, gran consumidor de ginebra autóctona, llamada "genièvre", que es muy rica y aromàtica, así como diferente de la màs conocida ginebra inglesa o de estilo inglés, acaba de presionar a Bruselas para que proteja la denominación de origen de este alcohol nórdico, que también se produce en Bélgica, Francia y Alemania. Este tipo de ginebra constituye el 25,9% del consumo de alcoholes fuertes por parte de los holandeses.

Para comprender mejor la situación debemos oir primero a sus protagonistas: Henricus Jansen, heredero de una familia de destiladores asentados desde hace más de dos siglos en Schiedam, cerca del del puerto de Rotterdam, y que dirige una multinacional que invierte en destilerías de mercados emergentes, como Ghana o Indonesia, es portavoz a su vez de una larga tradición gastronómica: la del "borrel", palabra de origen medieval que designa un pequeño vaso de alcohol de 35 grados servido como aperitivo.

Su ginebra artesana se llama "De Notaris", es una de las dos únicas que llevan el sello del ayuntamiento de Schiedam, que certifica su fabricación según los preceptos dictados en 1902 por las autoridades municipales. En esa época, la ciudad contaba con entre 300 y 400 destilerías que suministraban al mundo este destilado. Las dos guerras mundiales interrumpieron esta supremacía y el whisky y la ginebra inglesa tomaron el relevo.

Ha declarado que "sólo producimos 10.000 botellas por año porque hace falta encontrar consumidores a los que les guste su densidad en el paladar, aunque cada vez hay más jóvenes que vuelven a ella", explica Jansen desde el primer piso de su destilería, con paredes de ladrillos y dinteles de madera oscura. En "De Notaris", "no hay nada de azúcar añadido, únicamente cebada, centeno y maíz", explica Jansen.

La familia Jansen guarda en secreto las dosis de bayas violetas, regaliz, anís, comino y mondas de naranja que contiene el "De Notaris". "Es una receta familiar de los años 30, cuando nuestra destilería tradicional cerró", recuerda Jansen, satisfecho por haberla reconstruido en 1987.

En octubre, el ministro holandés de Agricultura convenció a sus homólogos europeos para proteger la denominación de origen de la "genièvre", especialmente frente a los alcoholes baratos de Europa del Este. Su nombre se reserva así a la producción en Holanda, Bélgica, ciertas regiones de Alemania y el norte de Francia.

Este proyecto demuestra que "la gente busca el gusto auténtico y artesanal", comenta, por ejemplo, Maria Ouwens, camarera en el bar del Museo del Genièvre, en Schiedam, donde se pueden degustar un centenar de "genièvres" e incluso una "Lágrima de la Novia", en la cual centellean minúsculas hojas de oro. La tradición cuenta que este ‘genièvre’ se ofrecía a la novia para consolarla cuando las bodas estaban amañadas, dice la camarera.


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