El buen vivir de Juan Luis Recio

El hijo pródigo frente al Tío Gilito

27.12.06 | 08:44. Archivado en Tests
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La parábola del hijo pródigo que recoge el Evangelio de San Lucas es uno de los ejemplos más conocidos del camino al que lleva el derroche insensato, la prodigalidad excesiva y desenfrenada. El otro extremo, una exacerbada tacañería, tiene múltiples prototipos en nuestra memoria colectiva, siendo quizás el tío Gilito, de Walt Disney, un ejemplo ficticio perfectamente útil, que cuenta con la ventaja de que no ofende a nadie. Un caso, el del tío Gilito, inspirado en un también muy conocido referente literario muy adecuado en estas fechas, el avaro tío Scrooge del “Cuento de Navidad” de Charles Dickens, a quien se le aparecen por la noche tres espíritus, que representan su pasado, su presente y su futuro, que le harán cambiar su modo de ver la vida.

(Si quiere hacer ya el test vaya a la pagina siguiente, pero se perderá una curiosa información sobre los caros vinos que tomaron en una cena un grupo de banqueros que fueron despedidos por ello, aunque pagaron con dinero de su propio bolsillo)

“El tacaño señor Mostaza duerme en el parque, se afeita a oscuras, duerme en un hoyo en la carretera”, cantaban The Beatles en su canción Mean Mr. Mustard, del conocido álbum Abbey Road. Aunque la canción, compuesta por John Lennon durante una de sus estancias en la India, estaba inspirada en una noticia leída en un periódico, las malas lenguas la quisieron interpretar como una velada crítica a su compañero Paul McCartney, debido a la tacañería en los negocios que se le atribuía a este último (y que ahora con motivo de la larga negociación económica por su divorcio se ha vuelto a observar).

Porque el hecho de ser tacaño o desprendido, agarrado o derrochador, no está directamente relacionado con la fortuna propia, habiendo casos en ambos sentidos en los más variados estratos sociales. Los rasgos psicológicos, por un lado, y las experiencias propias o familiares habidas en la vida, por otro, contribuyen sin duda a nuestra actitud con respecto al dinero y en relación con el gasto, actitud en la que también juega un papel importante la cultura imperante en cada época, el entorno social y el momento histórico.

Un país que valora el ahorro. Según datos recientes del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), los españoles consideran en su inmensa mayoría (77 %) que administran de forma muy o bastante rigurosa el dinero que se ingresa en su hogar, mientras que solamente un 21 % dice administrar su dinero de un modo poco o nada riguroso. Pese a esta sensata actitud, más de la tercera parte de los hogares (39 %) gasta todos sus ingresos mensuales en el mismo mes, sin haber ahorrado cantidad alguna, aunque más de la mitad (59 %) reserva una parte para gastos futuros o como ahorro. Como se ve, el ahorro, pueda llevarse a efecto o no, es un valor prioritario para la mayoría de los españoles, quienes consideran en un 76 % que “hay que ir ahorrando en la vida para conseguir todo lo que se desea”. Estas actitudes, además, son, de algún modo, estables, y previsiblemente se mantendrán en el inmediato futuro, ya que, tras los atentados del 11 de septiembre y después de la implantación del euro, los españoles consideran, según el barómetro del CIS, que la situación económica actual del país es igual que hace un año (62 %) y creen que seguirá igual dentro de un año (42 %) o que mejorará (19 %).

La generosidad, entre la avaricia y el derroche. Dentro de un comportamiento generalizado de una aparente sensatez, encontramos continuamente anécdotas en nuestra vida cotidiana y a través de los medios de comunicación en los que la tacañería o el derroche se erigen en auténticos protagonistas. Por no hablar de los chistes que sobre estos temas se prodigan en los encuentros informales y, hoy día, también en Internet. Personas que, como el Sr. Mostaza de la canción, mueren en condiciones de extrema miseria y que ocultaban una inmensa e inútil fortuna o dilapidadores de ingentes recursos en actividades superfluas están a la orden del día, siendo fuente de comentarios, cuando no de cotilleos. Y frente a ellos, la mayoría, personas sensatas que intentan administrar sus recursos del modo más adecuado, previendo situaciones futuras y buscando asesoramiento de los expertos. Personas sensatas que no olvidan la generosidad con el prójimo más desfavorecido, a veces llegando a casos notables, como don Hilario de la Mata, Marqués de Vargas, famoso por las elevadas propinas que solía distribuir (gastaba en este concepto unos dos millones de pesetas anuales de las de hace unas décadas), y famoso también por su espíritu emprendedor en el terreno de los negocios, en concreto en el de vinos y destilados.

Mantener el necesario equilibrio en el trascurso de la vida suele ser difícil para todos, aún cuando la disciplina y la planificación, el consejo ajeno y la autocrítica, las relaciones sociales, el estudio y la actualización permanente de informaciones, pueden ayudarnos en gran medida a mantener una relación adecuada con nuestros recursos económicos, sin caer en el error cometido por el hijo pródigo en la célebre parábola o sin que seamos tachados de avaros, como le sucede al por otro lado divertido Tío Gilito. Sin necesidad de que se nos aparezcan espíritus nocturnos, como en el navideño cuento de Dickens, ya que siempre estamos a tiempo de poner medidas en nuestra vida que ayuden a mejorar nuestros comportamientos.

AL DESPIDO POR EL DERROCHE.

Hace poco saltó a los medios de comunicación internacionales la información sobre el despido de cinco altos ejecutivos de Barclays Capital, banco de inversiones filial del Barclays Bank, que hicieron una estruendosa muestra de derroche, al pagar una cuenta de 44.007 libras esterlinas (unos 71.000 €, casi 12 millones de pesetas) por las bebidas tomadas en una cena en el restaurante Petrus, uno de los locales más de moda en Londres, situado en Saint James´s St. y regentado por el famoso chef Gordon Ramsay, que fue jugador del Glasgow Rangers y da su nombre al único restaurante de Londres en aquél tiempo con tres estrellas Michelin, situado en el elegante barrio de Chelsea.

Quizás para hacer honor al nombre del local, los ejecutivos (aunque en la mesa había seis directivos, uno de ellos, que acababa de entrar en la compañía no fue despedido, y otro, por ser musulmán, dice ahora no haber probado ni gota de vino) pidieron tres cosechas míticas de Petrus (1947, 1946 y la muy especial de 1945), uno de los vinos más cotizados de Burdeos, elaborado esencialmente con uvas merlot. Además, los empleados del banco solicitaron otras “minucias” como un Montrachet de 1982 y un Château de Yquem (un muy preciado vino dulce de Sauternes) nada menos que de la cosecha de 1900.

No pagaron “a escote”, sino que lo que abonaron quizás fuera proporcional a su ingesta de alcohol, ya que el importe hecho efectivo por cada uno varía desde las doce mil a las tres mil libras. El caso es que este despilfarro les ha costado el despido, pese a pagar el importe del vino de sus bolsillos (la comida, dado la abultado de la cuenta, fue al final una gentileza de la casa), ya que el banco no considera correcto estos dispendios tan excesivos, en unos momentos en los que la entidad estaba procediendo a importantes recortes de personal. Los despedidos quisieron demandar al chef Gordon Ramsay, acusándole de violar su intimidad difundiendo la cuenta de la cena, cosa que éste niega. El tema es tan polémico que en Internet se haicieron encuestas sobre la procedencia o no del despido de este grupo de entusiastas bebedores.

LA DESTRUCCIÓN DE LA RIQUEZA, EL MAYOR DE LOS DESPILFARROS.

Sin llegar al punto de quemar Roma, hecho cuya paternidad se atribuye hoy día tanto al emperador Nerón como a ciertos grupos de los primeros cristianos, hay otros precedentes históricos y curiosos rituales de destrucción de la riqueza, que trascienden al mero despilfarro. Así, el antropólogo polaco Malinowski estudió ciertas costumbres de las tribus de la Polinesia, coincidentes sorprendentemente con las de los indios del Este de Canadá y Nueva Inglaterra, que hablan de un sistema peculiar de destrucción de la propia riqueza.

Estas tribus establecen rituales para hacerse regalos, por ejemplo, brazaletes tallados en concha y collares de nácar. Los regalos se hacen en círculo, circulando los brazaletes en un sentido y los collares en sentido opuesto. Un fenómeno parecido sucede en las tribus norteamericanas, donde se da un proceso de intercambio de regalos conocido como potlatch que ha sido largamente estudiado por los antropólogos. Muchas veces, más que de regalar, se trata de destruir riqueza para reafirmar el propio poder: se sacrifican esclavos, se queman aceites preciosos, se tiran al mar objetos de cobre, se queman suntuosas mansiones... Una forma, sin duda pintoresca, de demostrar a los demás el poder que se tiene. Algo así como encender los cigarros puros con billetes de cien dólares.

DOS OBRAS PARA OBTENER DINERO QUE AHORRAR O DILAPIDAR.

· El hombre más rico de Babilonia, de George S. Clason (Ediciones Obelisco, 12ª edición, 2001): tras hacerse millonario imprimiendo mapas en Colorado, Clason alcanzó mayor popularidad a través de sus escritos económicos y financieros ambientados en la antigua Babilonia, explicando “cómo alcanzar el éxito y solucionar sus problemas financieros”. El autor quiere ayudar a sus lectores para que “su cuenta bancaria se engrose constantemente” a través de ciertas reglas de “gestión de la riqueza”, como aprender a vivir con menos de lo que se gana, aprender a pedir consejo a personas con experiencia y aprender a hacer “que tu dinero trabaje para ti”.

· Las mujeres inteligentes acaban ricas, de David Bach (Amat Editorial, 2002): el autor, asesor financiero, ha descubierto que las mujeres tienden a ser por naturaleza grandes inversoras una vez que aprenden a aprovechar sus valores. Frente a los hombres, que tienden a comprar “cosas”, las mujeres pueden tener una mayor facilidad para el ahorro y la inversión a largo plazo. Se exponen en la obra siete pasos para conseguir seguridad financiera “y alcanzar sus sueños”, entre los que se incluyen “el método de mi abuela de las tres cestas”, “los nueve errores más importantes que cometen los inversores y cómo evitarlos” o “los doce mandamientos para atraer más riqueza”.

LOS NUEVE ERRORES MÁS IMPORTANTES QUE COMETEN LOS INVERSORES.

Aunque para saber cómo evitarlos tendrán que recurrir al libro Las mujeres inteligentes acaban ricas, los nueve errores, según el autor de la obra, David Bach, son:

1. Convertirse en inversor antes de organizarse y tener objetivos específicos en mente.

2. Comprar una inversión que no conozca.

3. Esperar el momento más oportuno para comprar o vender.

4. Dejar de ahorrar para la jubilación.

5. Especular con el dinero de las inversiones.

6. Pagar demasiados impuestos.

7. Comprar una inversión que no sea fácilmente liquidable.

8. Tener una hipoteca a treinta años.

9. Abandonar.

El test en la página siguiente.

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